El movimiento del “QUIRI QUIRE” en la Universidad Bolivariana de Venezuela

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Salgo del salón “Quiri quire” de mi querida UBV, ubicado exactamente en las antípodas de la estructura vertical-PDVSA que todavía atrapa al espíritu de excelencia que, brillante, supo desaparecer durante el paro petrolero del 2002. No importa que hagan sus autoridades, profesores, estudiantes, obreros, empleados varios, no importa, sus baños bajaran automáticamente el contenido para los traseros que fueron diseñados, el ascensor, con su voz femenina, nos avisará en que piso nos deja, aunque a veces deje salir su incomodidad con el tropel de usuarios y aspire a pisos más altos, inexistentes. La UBV es un espacio vivo, hasta sus muertos viven, y, como decía al principio, voy de salida del salón “Quiri quire”, recién se llevó a cabo en él una reunión que considero histórica.

Trataré de explicar esto como la confluencia de dos desarrollos, uno, histórico y otro teórico. El histórico está directamente relacionado con la UBV y su desarrollo hacia un espacio de lucha, algo así como “la lucha por la lucha”; el teórico, está, por una parte, vinculado a la lucha, la lucha como unidad, lo que da unidad a todas las luchas, y por otro, como urgencia presente, dar forma definitoria de la lucha misma. En esta reflexión, no importa cuantas cadenas de argumentación usen la palabra lucha, nunca serán pleonasmos ni redundancias.

La UBV, pienso, mientras camino pasando el “Ícaro”, está transitando por una realidad totalmente distinta a la que recorrieron, en su momento, otras universidades en búsqueda de la identidad propia. Ella nace en una de las más adversas coyunturas políticas de este nuevo siglo, como singularidad del esfuerzo sostenido de una derecha concentrada en dar al traste con un proceso de cambios, y se consolida con la consolidación del proyecto y gobierno bolivariano. Sin embargo, los procesos, por sostenidos, por duraderos, también son complejos.

A la UBV no le ha tocado enfrentarse a un gobierno opresor, no le ha tocado vivir represión, situaciones que, por el calor del conflicto, presentan la claridad sobre quién es el enemigo, cual es el objetivo, las palabras y sus significados, las acciones y sus intenciones, tienen, la claridad del mediodía. La lucha es nítida y la valentía no es un eufemismo. Con esto no quiero aparecer como el invocador de “condiciones” que comprometan resultados históricos de lucha, hay que entender que este momento de estabilidad, de apertura a las ideas que antes dormían el sueño de la persecución, es el producto de históricas luchas y de dolorosas muertes.

La reflexión me lleva a asumir un principio: la lucha no ha cesado, la lucha ha tomado otra forma, pero la lucha es la misma, así mismo, es otra y es la misma. Hay formas que pretenden ser luchas y hay luchas que escapan de las tradicionales formas. Vamos a concretos. La lucha estudiantil, en la UBV, empieza a entenderse, desde el pasado miércoles 6 de mayo, no como la “dirigida” por los chicos mediáticos que aparecen con las cámaras y desaparecen de las discusiones, los que alzan la voz en escenarios de masas, pero no duran hasta las reuniones operativas, no, desde la reunión del “Quiri quire” está claro que la lucha es el espacio de los que saben que la crítica los pondrá en el escenario agotador de asumirse como revolucionarios pero objetando desarrollos del mismo proceso, los que entienden que los procesos de organización pueden ser atacados desde la falacia del “primero organizarse para actuar”, sin reconocer que la acción misma realizada, la reunión del “Quiri quire”, fue un producto de un proceso que desde la acción organizada, plagada de intentos de saboteo, ha cimentado incipientes procesos organizativos, verdes y frescas ramificaciones de debates y propuestas, vaya que si.

Ahora, la lucha estudiantil no es contra las autoridades. No es contra la gestión de la profesora Yadira o Luis, no. Y la mejor prueba de ello es que los principales temas que se discuten por los pasillos, en los salones, en los espacios del comedor, son los del recién aprobado reglamento, y la situación alarmante del presupuesto de la UBV. La lucha es contra los elementos. La lucha, y aquí empieza la vertiente teórica, es manifestación concreta de la personalidad que debe asumir la única universidad creada con el nombre de nuestra revolución: su posición en la dirección de una universidad clasista, su devenir hacia la condición de factor de formación y apoyo a la lucha de clases.

Durante la historia de la UBV no se había desarrollado un espacio de debate con las autoridades con la naturaleza del desarrollado el miércoles pasado. Principalmente porque la misma fue un reflejo fiel, una fotografía, del proceso que se ha iniciado en el 2003 con la irrupción, en el espacio de la universidad como concepto, de la UBV y la Misión Sucre. La concepción inicial de la UBV fue la de una universidad popular que iba a ocupar de pueblo los espacios del Palacio de Miraflores. La cuestión política, la coyuntura del golpe, hizo que se acelerara el proceso con el agregado coyuntural de ser la fuerza de ocupación de los espacios de la burocracia petrolera de derecha y su desarrollo posterior involucra, so pena del conocimiento de quienes les ha tocado dirigirla, un universo de aldeas universitarias que la hace peculiarmente compleja. Desde entonces, ha recorrido un largo trecho buscando a su sujeto, el propio para la trasformación, su sujeto de lucha. En la reunión estuvieron presentes, en la mesa central, las tres autoridades, rectora, vicerrector y secretaria, además del consultor jurídico. La misma, para mi sorpresa, fue registrada audiovisualmente. Parte de la mesa central fue asumida por una estudiante, quien desarrollo un serio papel de directora de debate.

Las intervenciones fueron, a pesar del tono y la temática diversa, propio de entender a los espacios de debate como espacios de catarsis, unidas por el valiente hilo de la crítica al reglamento interno recién aprobado. Entre los que asistieron llenando las restantes sillas de un espacio que acoge a al menos 200 personas, estaban, profesores, personal administrativo, coordinadores de programas, de centros de estudio, estudiantes con diversas opiniones, entre otros, visitantes o convocados. El evento, lejos de ser el reflejo de la “falta de organización”, forma peyorativa de señalar a las organizaciones hechas desde el margen, fue el resultado de un proceso abierto de debate, abierto y valiente, que se hizo a toda voz, defendido por rostros y nombres, y esto, aún con el peso del balurdo imperativo moral que señala a los críticos con razón como contrarrevolucionarios o guarimberos.

Pasemos ahora a un elemento interesante. Una universidad clasista -en búsqueda de su identidad e inmersa dentro de dos restricciones históricas: 1) El proceso de unidad de todas las luchas mundiales por la liberación de los pueblos, es, en este momento histórico, la lucha de clases; y 2) No hay posibilidad de una posición neutra, amplia, de consenso-, es una universidad en movimiento. Ahora, no cualquier movimiento, no cualquier actividad, no cualquier acción. La Universidad Bolivariana de Venezuela, está obligada a acompañar a los sectores involucrados en la lucha de clases en la batalla contra: 1) La burguesía como clase, 2) La democracia liberal como la forma de gobierno más favorable a esta, 3) El estado burgués como la estructura política que representa los intereses de la clase dominante.

Esto, por supuesto, preocupará a algunos. Los planteamientos hechos en el párrafo anterior, parecen ser arengas para la quema de cauchos, el fusilamiento de funcionarios, la toma violenta de los espacios de poder, la negación de un proceso que se ha llevado con respeto y consideración por elementos delicados, como la propiedad, el libertinaje de expresión o la libertad boba del estudiante patas blancas, en fin. Pero no, por eso la lucha es más difícil en estos momentos de revolución, la lucha debe, llevarse con cuidado quirúrgico, sin dejar de entender que las circunstancias favorables las han puesto en el escenario los desarrollos diversos de nuestro proceso revolucionario, hay que entender que la pelea es en nuestra casa de estudios y que no debe ni siquiera parecerse a la dada por los sectores de derecha que buscan desestabilizar, pero que tampoco debe caer en el chantaje de quienes detienen el movimiento por conservar su lugar privilegiado en estos procesos de cambio.

Por lo anterior, pienso, ahora sentado en la media luna, es necesario entender que carrizo es “la clase”, el “quiénes somos”, o “quiénes son”. En la reunión del “Quiri quire” hicieron su intervención diversos sujetos de nuestro escenario cotidiano, ahora, ¿Cuáles fueron las ideas principales? Primeramente la crítica al proceso de consulta que, según las autoridades, se llevó a cabo antes de la aprobación del reglamento. Al respecto hago la siguiente síntesis de reflexión: se activaron mecanismos propios de un proceso de consulta, es cierto, pero nadie de los que participaron en ese proceso se ha preguntado, al menos públicamente, sobre la efectividad de dichos mecanismos, y esto, como corolario, podría poner en objeción la fortaleza de otros procesos similares. Más aún, se han empleado dos argumentos principales que dejan oculto, no necesariamente de forma intencional, la estructura compleja de la UBV y los sectores marginados a la sombra de estos mecanismos: 1) Las consultas masivas no pueden abarcar toda la comunidad UBV; 2) Es necesario avanzar para evitar caer en procesos nocivos como el asambleísmo.

El punto esencial, desde el principio hasta la concreción de la aprobación del reglamento, tiene que ver con la participación. Es interesante, pero los mismos argumentos mencionados –sin querer, o queriendo-, fortalecen esquemas representativos, sobre los que tengo la certeza de no ser sus concreciones sino procesos de lucha reflejo de la gran lucha que menciono, esto es, el conflicto entre lo representativo y lo participativo es parte integrante del proceso de lucha de clases. La participación no es un decreto, es un saldo de acción, que además conforma regularidad organizativa, la representación es justamente, la negación de la participación, y la misma, es producto de las prácticas que arrojan las estructuras de poder burguesas que secuestran la acción y la encierran en espacios de poder.

Entonces, las luchas por la participación, por la apertura de espacios de decisión y de avance, no son, por naturaleza, espacios de acción clasista, deben llenarse de ella, deben incorporarse a los mismos. ¿Fue la reunión del “Quiri quire” un espacio convocado por “la clase”? En principio no, pero las solicitudes, las exigencias son a favor de los sectores sociales incorporados a la lucha de clase. La crítica a los esquemas de cogobierno de profundo carácter representativo se orientan hacia la incorporación a los espacios de decisión de los sectores explotados y excluidos de la posibilidad de formarse, la crítica hacia los mecanismos de soporte presupuestario, como los ingresos propios, aquellos que abren el espacio hacia la empresa privada y su control sobre proyectos, son el llamado de alerta hacia posibles espacios de entendimiento con el capital explotador, el dinero proveniente de la plusvalía no puede ser considerado como recurso de funcionamiento en una universidad como la nuestra.

Lo importante es entender a la Clase, no en la forma sociológica, que la ubica en sectores geográficos y la hace un “asunto de catastro”, no un problema de ingreso per cápita o un problema de subconsumo, el elemento fundamental para entender al concepto de Clase como la confluencia del compromiso y las dinámicas de lucha, la Clase es un derivado de un concepto mucho más amplio como lo es la Lucha de Clases. Por eso, no es el obrero, el campesino, el indígena, teniendo asegurado un pupitre en una universidad lo que la hace a ésta una institución clasista (¿?), es el estudiante obrero, el estudiante campesino, el estudiante indígena, en proceso de lucha, en constante revisión de su lugar en la destrucción del sistema capitalista, en proceso de movilización, en proceso de crítica. Haciendo labor revolucionaria, teniendo en cuenta que su explotación no ha sido eliminada, con la conciencia que no es Chávez quien lo va a sacar de esa situación, sino su acción militante, clara y firme. Nuestra revolución es el momento de avanzar contra el capital como sistema y contra la burguesía como clase, contra el Estado como estructura de soporte explotador, contra el trabajo asalariado como factor de enajenación del pueblo, contra la representatividad como negación de la participación, contra el capital privado como condena de las luchas populares.

La reunión del “Quiri quire” es el hito valiente donde las autoridades dieron la cara a la cara valiente del estudiantado que los enfrenta con dignidad, no son ellos los voceros cobardes y traidores que representan viejas gestiones, ni nuevas sombras, los estudiantes del Quiri quire, el movimiento del Quiri quire, es señal de organización, que le toca la pelea dura de apuntar su crítica sobre la conciencia histórica de profundizar un proceso, siempre en peligro, pero siempre en crecimiento. Llegué a mi casa, estoy en la UBV.

Lic. Luis Enrique Millán Arteaga

Profesor UBV

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