El momento francés

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Por Nargel

Lo que está ocurriendo ahora en Francia es que ya no solo el poder político ha perdido su legitimidad y gran parte de la capacidad que antaño tenía para influenciar a la opinión pública, sino que esa deslegitimación por parte de la ciudadanía compuesta por las clases obreras populares se está extendiendo a medios de comunicación, que criminalizan las protestas y siempre dan un número irrisoriamente pequeño de manifestantes en el total de Francia, perdiendo estos día a día la hegemonía cultural de la que aun hoy siguen poseyendo, y poniendo a la clase trabajadora en contra de esos grandes creadores de opinión.

Eso se puede contemplar al preguntar a cualquier persona francesa sobre dichas protestas de los chalecos amarillos, lo primero que siempre dicen es que no creamos lo que dicen los medios, que mienten, es cierto que es una evidencia sabida por muchos durante muchos años, pero esa realidad está marcándose evidente entre incluso las clases más despolitizadas, que se vieron forzados a participar en las movilizaciones de los chalecos amarillos por ver en peligro ese bienestar social del que cada vez menos gozan.

Y no solo a ellos pierden legitimidad, el sistema bancario y grandes fortunas, que es cierto que durante la crisis financiera de 2008 ya estaban tocados, ahora muchos ciudadanos empiezan a verlos como sus enemigos directos.
Por ello en las protestas de los chalecos amarillos hemos podido ver como se destruyen vehículos de lujo, se queman sedes bancarias, joyerías de lujo, porque la gente que puede sacar la rabia de su situación social ya han detectado quienes eran los causantes de sus desgracias.

18 semanas consecutivas, repitiendo el dato, porque es muy relevante, todo lo dicho anteriormente significa que estamos ante un momento que la clase obrera francesa vuelve a saber que solo el pueblo salva al pueblo, pero con una evidente falta de organización que les pueda permitir reestructurar el estado, y con mucha rabia.

A lo que voy, esto se traduce en una situación de tensión que puede estallar cualquier día en una verdadera revolución o insurrección, con casi nulas posibilidades de difuminarse y disolverse en el tiempo, debido al gran fallo de Macron mandar con toda fiereza a los cuerpos de represión del estado, lo cual ha provocado miles de detenidos, que la situación escalara en violencia, miles de heridos, de ellos cientos y cientos de mutilados por culpa de los flashball, y granadas disuasorias, y un número de muertos que no se puede contar con los dedos de ambas manos, por lo que no allí nadie se va a ir a su casa y resignarse sin conseguir ningún cambio.

Ante ese panorama y estando al borde de una nueva crisis mundial, creo firmemente que o el estado francés cede a la mayoría de medidas que piden los chalecos amarillos, dimiten y convocan elecciones o podría juntarse una nueva crisis mundial con esa situación tan grande de tensión, lo cual puede provocar tanto una simple escalada de violencia que termine con muchos más muertos de lo que nadie está dispuesto a asumir, o incluso en una verdadera revolución, algo que no vemos de hace mucho tiempo.

Hay una tercera posibilidad de que algún movimiento político capitalice todo ese movimiento convirtiéndose en una válvula de escape de la rabia de la gente, pero por desgracia para quienes quisieran ello, ya el capital se hizo cargo de mostrarnos que pasa si se elige esa vía, tanto con las presiones al gobierno griego haciéndoles claudicar ante el capital, como las campañas de desprestigio agresivas contra podemos en España, que sumado a la carencia organizativa lograron desarticularlo casi por completo.

Por lo que cuando alguien quiere seguir esa vía el propio movimiento le repudia, porque han aprendido que les desarticulan fácil y que las acciones no pasivas son necesarias, veremos si con el tiempo aprenden también que tener una organización capaz de orientar y coordinar acciones es también necesaria.