El mito del reparto del empleo como solución al paro

La revolución de la conciencia es inútil sin una revolución en la distribución del poder. Abbie Hoffman

De cómo el empleo asalariado es el instrumento de explotación del trabajo

Con muy poco margen de error, podríamos afirmar que quienes proponen el reparto del empleo como solución al paro desconocen que el empleo asalariado contiene ya un primer reparto del trabajo que se realiza durante la jornada laboral y que los trabajadores obligatoriamente tienen que ceder a los empresarios que los contratan. Marx explica así la base de la explotación que contiene el reparto originario del trabajo entre trabajadores y empresarios en el empleo asalariado:

§         La jornada laboral está dividida en dos partes. Una, que consiste en el tiempo de trabajo que el obrero dedica durante el día a producir un volumen de mercancías igual a las que necesita para mantenerse y reproducirse, y por las que percibirá un salario equivalente; esta parte es definida como el tiempo pagado (TP) por el empresario. La otra consiste en el tiempo de trabajo que dedicará a producir un volumen de mercancías destinadas a mantener y reproducir al empresario, y que será equivalente al tiempo no pagado (TNP), también llamado plusvalor. La relación entre el tiempo no pagado y el tiempo pagado (TNP/TP), el plusvalor y el salario, será lo que frecuentemente se define como la tasa de plusvalía o la tasa de explotación. [1] En un día laboral, el reparto de la jornada tipo se establece en una relación de 4 horas de TNP y 4 horas de TP, lo cual da una tasa de explotación del 100% a favor del empresario. Marx/Engels también destacan la imposibilidad de sobre vivir, como clase, al margen del mercado de trabajo: “en la misma proporción que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, se desarrolla también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de trabajo y lo encuentran únicamente mientras acrecienta el capital. Estos obreros, obligados a venderse a trozos, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado”. [2] Es entonces en estas relaciones de desigualdad entre los obreros y empresarios, el proletariado y la burguesía, donde reside el poder de dominio que ejerce el capitalismo.

El corolario que se desprende de esta relación de clase en el mundo del trabajo es que no puede haber empleo digno si este es la base de la explotación del trabajo. Pero, en el capitalismo,  no acaba aquí su proceso: “una vez que el obrero ha sufrido la explotación [con ese reparto del trabajo] y ha recibido su salario en metálico, se convierte en victima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.”. [3] En consecuencia, si como afirman Marx/Engels, “la condición de existencia del capital es el trabajo asalariado” [4] entonces, si el empleo no es digno, tampoco el trabajo es digno, pues la explotación nunca será digna. Basta ya de reclamar empleo digno, trabajo digno, explotación digna.

Para algunos, ¡qué fácil es solucionar el paro!

Y basta ya de proponer un segundo reparto del tiempo pagado entre los trabajadores explotados con los trabajadores marginados, o expulsados del empleo asalariado por los empresarios. Porque vuelve a aparecer la moda de reivindicar el reparto del trabajo como solución al paro. Un tema que ya es muy viejo, pero que tuvo una actualidad a primeros de los 90’. La propuesta, cargada de buenas intenciones y extensamente debatida por muchos autores, es evidente que no prosperó.[5] Si en el primer trimestre de 1994, la EPA reflejaba un paro de 3,8 millones,[6] en el 2012 aumentó hasta casi a los 6 millones en el Estado español; así mismo, en la UE había unos 17 millones de parados, y ahora en marzo aparecen unos 24,7 millones, de los cuales 17,3 pertenecen a los países que conforman el euro. Y la última noticia que llega es que “el número de ocupados en la zona euro en el tercer trimestre del año 2012 alcanzó los 146 millones de personas, lo que representa un descenso del 0,2% respecto a los tres meses anteriores y del 0,7% en términos interanuales, liderado por la caída del 0,8% del empleo en España, la más alta en términos trimestrales entre los países de la eurozona, según reflejan los datos publicados por Eurostat”. [7] Por tanto, guste o no, lo que aparece evidente es la tendencia del desempleo a crecer y crecer indefinidamente.

Alguien, [8] sin duda con la buena intención de encontrar un remedio al grave desempleo que afecta ya a tantas personas, nos dice tajantemente que el paro tiene solución. La propuesta que hace es muy sencilla. De entrada, aunque despues añada algunas otras medidas que consideraremos más abajo, la solución consiste en repartir el empleo, es decir, que cada uno de los 17 millones de ocupados acepte compartir su puesto de trabajo con los parados, de trabajar media jornada y ceder la otra media a la gente sin empleo.

 
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[1] Ver cualquiera de los trabajos de Karl Marx: Trabajo asalariado y capital, Salario, precio y ganancia, El Capital, etc.

[2] Karl Marx y Friedrich Engels. El manifiesto comunista, p. 45. Fundación Estudios Socialistas F Engels, 1997.

[3] Karl Marx y Friedrich Engels. El manifiesto comunista, p. 46. Trabajo citado.

[4] Karl Marx y Friedrich Engels. El manifiesto comunista, p. 50. Trabajo citado.

[5] Sobre los autores y las diversas posiciones del debate, ver José Iglesias Fernández. “Del reparto del trabajo al reparto de la renta”. Mientras tanto, nº 61, Primavera 1995.

[6] La tasa de paro total era del 24,6%, la juvenil del 30%, y la femenina del 40% de la población activa. Por entonces, en 1 millón de familias ningún miembro tenía empleo.

[7] Los empresarios españoles lideran la destrucción de empleo en Europa durante el tercer trimestre. En http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/40859

[8] Salvador Pueyo (Membre de l’ Assemblea Decreixement). “L’atur té solució”. Quaderns d’Illacrua 130. La Directa nº 297. 5 de desembre de 2012.

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