El ministro Castells: el tecnócrata hippie y su plan neoliberal para desmontar la Universidad pública

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El ministro de Universidades, Manuel Castells pretende imponer la digitalización de la Universidad pública, lo que supone acabar con la universidad como tal. Además está tramitando el Plan Bolonia en pleno estado de alarma y con los estudiantes en época de exámenes, y quiere aprobar el polémico 3+2, rescatado del proyecto “Wert” del PP. Castells aboga por una mercantilización radical de la Universidad pública. Antes de ser ministro, afirmaba que los rectores deben ser elegidos por entidades privadas y que los estudiantes deben pagar mucho más por la matrícula de cada curso. También propone que las universidades y los profesores compitan entre sí y que la financiación y los salarios dependan de ello.

En 2015, Castells ya anunciaba que las nuevas tecnologías tenían que forzar un cambio en la pedagogía, en los contenidos e incluso en la función principal de la universidad. Pero ¿qué cambios? ¿la digitalización de la educación? Y sobre todo ¿por qué? Porque son el futuro, respondería el ministro. El futuro es lo que diga el Poder.

Castells se vale del Coronavirus para plantear una intromisión total de la tecnología en el proceso pedagógico, en detrimento de la universidad. Ahora dice que es porque el covid19 obliga a ello (lo cual es falso) pero en 2015 no había covid19 y ya lo exigía y lo promocionaba como si no hubiera un mañana. A esto se le llama ideología. También estrategia. También manipulación. También pedagogía neoliberal. Y es la expresión de aquella consigna: “utilizar crisis para implementar medidas que de otro modo la gente no aceptaría”. Últimamente estamos viendo que cuando los tecnócratas empiezan a imponer sus proyectos a la sociedad, los titulares dicen que  “pronosticaron los problemas y las soluciones” hace años y los pintan de visionarios. Se ríen de nosotros.

Castells se vale del Coronavirus para plantear una intromisión total de la tecnología en el proceso pedagógico, en detrimento de la universidad

Acompañadnos en esta trepidante aventura para conocer a nuestro ministro de universidades, que auna lo mejor de la derecha y lo mejor de la izquierda (o lo peor, según se mire): La ideología neoliberal de la primera y el toque pureta desgarvado de la segunda. Porque Castells no es de izquierda ni de derecha. Él no se mete en política.

 

EL MINISTRO DE UNIVERSIDADES PROPONIENDO DESCUARTIZAR LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

Busquemos un poco para conocer cómo piensa en realidad el nuevo ministro que debe ser la Universidad. En 2008, Castells se preguntaba quién tenía que nombrar a los rectores y él mismo se respondía: “patronatos de personalidades independientes nombrados por quienes aportan los recursos”. Sí, habéis leído bien: nombrados por quienes-aportan-los-recursos. WTF. Es decir según él a los rectores deben elegirlos las entidades que financien a las universidades, así el próximo rector de tu universidad no debe ser votado por los estudiantes y profesores, si no que lo debe poner el Banco Santander, que para algo es quien está comprando las universidades públicas españolas, con sus “ayudas” y convenios. O el partido de turno que esté en el gobierno. Sí, seguro que esos rectores serán muy independientes. Este es el modelo americano, del que el ahora ministro tanto ha bebido. Castells se apresuraba a decir que, no obstante, “esto no supone una merma de la calidad ni en la independencia de la universidad”.

Según el ministro, a los rectores deben elegirlos entidades privadas que financien a las universidades. Así el próximo rector de tu universidad no debe ser votado por los estudiantes y profesores, si no que lo debe poner el Banco Santander

También aconsejaba “aumentar el precio de las matrículas para que la parte más importante del presupuesto de las universidades dependa de la aportación de sus estudiantes”. Ahora que es ministro ha escondido mucho esta última posición, de momento, y ha potenciado las becas temporalmente mientras establece estas medidas estructurales y permanentes, para evitar protestas. Como la renta mínima mientras quitan las pensiones y despiden a decenas de miles de trabajadores.

Hace cuatro años Castells decía que “lo más importante de la Universidad de EE.UU. es que no hay un ministerio de Universidades”. Ya saben, a los neoliberales no les gustan las injerencias públicas. Sin embargo él no se lo ha pensado a la hora de aceptar el cargo. Y es que modificar de arriba a abajo la estructura de la universidad pública (en este caso con el objetivo claro de acabar con sus bases y convertirla en una sede virtual) requiere un ministro específico de Universidades. También necesita, dice Castells “medidas de incentivación que premien dedicación y productividad, diferenciando sueldos y prebendas según nos portemos”. ¿Hay que añadir algo? Si suena como un tecnócrata es porque es un tecnócrata.

Hace unos años aconsejaba “aumentar el precio de las matrículas para que la parte más importante del presupuesto de las universidades dependa de la aportación de sus estudiantes”

El ministro pretende que las universidades públicas y los profesores compitan entre sí, en vez de cooperar y que la financiación de la universidad y hasta los sueldos de los profesores dependan de ello. Esta declaración debería costarle la dimisión de inmediato. Está proponiendo un chantaje para que las universidades se adapten a lo impuesto por el gobierno (en realidad al modelo que imponen las multinacionales), que los profesores renuncien a su forma de dar clase y a sus propios recursos. Propone acabar con la libertad de cátedra, imtroducir contenidos y eliminar otros al gusto, como de hecho ya intentan entidades como el citado Banco Santander desde hace tiempo. Esto significaría imponer una uniformidad ideológica en ese espacio de libertad que siempre han pretendido ser las universidades.

 

EL PLAN BOLONIA. Y EL 3+2 QUE VIENE

La comunidad educativa le reprocha a Castells estos días que esté tramitando el Plan Bolonia en pleno estado de alarma. Aprovechando también que los estudiantes no se reúnen en la universidad y tienen más difícil organizarse. Como él mismo reconoció en el Congreso, para las reformas de la universidad “se ha utilizado una parte de un documento que ya existía”. Concretamente el de la época de Wert y del proyecto que manejaba el PP. Al fin y al cabo, esto son órdenes de arriba, y da igual PP que PSOE.

El ministro también consolida el 3+2, el mayor ataque contra los universitarios de los últimos años, uno de los asuntos más denunciados por las protestas estudiantiles de la última década. Quitar un año de los grados universitarios para obligar a los estudiantes a pagar más másters. Este era el proyecto del ministro Wert

El ministro también consolida el 3+2, el mayor ataque contra los universitarios de los últimos años, uno de los asuntos más denunciados por las protestas estudiantiles de la última década. Quitar un año de los grados universitarios para obligar a los estudiantes a pagar más másters. Este era el proyecto del ministro Wert, que tantas críticas recibió por parte del PSOE y Podemos. Este modelo castiga definitivamente a los estudiantes de familias de clase baja y también de clase media (que están en proceso de convertirse en lo mismo), y favorece el mercado de títulos de posgrado en universidades privadas. Es un punto clave en el intento de los neoliberales para acabar progresivamente con la universidad pública. Lo de Wert era un juego de niños ante la reestructuración que planea Castells.

Ante esto solo cabe la huelga, indefinida si es necesario, hasta que el gobierno desista de vender nuestra Universidad pública a las empresas. Los estudiantes debemos plantarnos ante este despropósito, como nos plantamos hace unos años. Sea cual sea la situación. Incluso si es necesario, dejando de acudir a clases si son online y de hacer las tareas y prácticas por ordenador. Pues está vez quieren hacerlo rápido, con la excusa del Covid, para que no reaccionemos y han cogido el disfraz de Gobierno de izquierda para despistar.

Ante esto solo cabe la huelga, indefinida si es necesario, hasta que el gobierno desista de vender nuestra Universidad pública a empresas privadas. Los estudiantes debemos plantarnos ante este despropósito, como nos plantamos hace unos años

También es intención del nuevo ministro “implantar un modelo para escoger carreras a la carta” o “acercar la empresa a la universidad” para que haya grados y másteres con mención dual, donde los alumnos trabajen con contrato laboral desde el primer día. Este es el primer paso de un plan para convertir la universidad en la formación laboral de las grandes empresas, en una rama de estas en las que formar técnica e ideológicamente (pero no en humanidades o filosofía por ejemplo) a sus futuros trabajadores. Como apuntan desde la comunidad de profesores, esto significaría básicamente acabar con las carreras como tal, dejando de ser estas una formación continuada con una lógica propia, que busca dar un conocimiento integral en una rama de conocimiento (como puede ser la sociología, la medicina o el arte). Desde la comunidad de profesores denuncian que el ministro proponga “itinerarios académicos abiertos sin garantizar la coherencia académica en un modelo liberal de universidad pública a la carta” lo que, de hecho, “convertiría la educación superior en un mercado para los más privilegiados y al servicio del tejido empresarial”. Y añaden que con todo ello “se abriría el camino a un peligroso reconocimiento de la actividad laboral y también se incrementaría el ámbito y la formación que puede ser reconocida dentro de las titulaciones, abriendo el paso a cursos privados que pueden ser realizados en las propias universidades fuera de los precios públicos”.

Pese a todo esto, los medios le hacen la cama. Hasta la entrevista que le hizo Wyoming recientemente en El Intermedio, un medio que dice ser de izquierdas, resultó ser plenamente complaciente con el ministro y ni siquiera nombraron ninguno de los aspectos de las medidas en educación tomadas directamente del PP y de Wert (con la “preocupación” que mostró este programa de televisión con la reforma educativa de Wert).

 

“DIGITALIZAR” LA UNIVERSIDAD: CONVERTIR LOS GRADOS EN CURSILLOS ONLINE

Pero el ministro advenedizo nos sale con otra, hace nada declaraba: “Hoy en día la mayor parte de la interacción entre estudiantes, y entre estudiantes y profesores en la Universidad se da en Internet, más que en clase”. ¿En qué mundo vives, Castells? No: Los profes mandan algún mail y cuelgan algunos textos en el campus. Esa es toda la relación con internet. Su trabajo es presencial, como no puede ser de otra forma. Un profesor no es un monigote, desarrolla una labor continua basada en la relación con sus alumnos. La clave de todo esto es que la educación es algo relacional. La educación es un proceso presencial y grupal. Necesariamente. No es algo que se pueda hacer mediante internet. Lo que pasa es que quieren desmantelar la universidad pública y no hay un discurso convincente para eso. Un profesor no es un youtuber. Es de hecho (o debería ser) todo lo contrario, quien convence por la verdad que transmite y no por la estética y la teatralización (la manipulación emocional y visual propia de los youtubers).

La clave de todo esto es que la educación es algo relacional. La educación es un proceso presencial y grupal. Necesariamente. Si no, no es educación. No es algo que se pueda hacer mediante internet

Pero Castells intenta integrar la crítica, como todo buen comunicador, para tratar de neutralizarla y dice que “por supuesto” la educación cara a cara es muy importante. Pero insiste: “Hace tiempo que sabemos, los que hemos investigado la nueva sociabilidad [¿quienes? ¿qué estudios?], que lo virtual tiene también un fuerte componente de relación humana, como experimentan quienes pueblan las redes sociales”. A ver, que no hablamos de compartir memes, hablamos de la formación de una persona durante años. También intenta ganarse al profesorado dudoso, habla a favor de lo presencial para meter con calzador lo digital, perdón el modelo “mixto” o “dual” como dicen ellos. Pero si implantan el modelo dual, más adelante será digital a secas. Son dos modelos en oposición por su propia base pedagógica y el propósito que representan.

En este país al menos 36.000 universitarios no pueden conectarse, como han denunciado en un comunicado los rectores de varias universidades. Castells, sagaz, apunta que eso solo es el 3%. Resuelto: nada como cambiar la forma de nombrarlo. Pues ya está, esos 36.000 estudiantes que sigan las clases desde un locutorio. O regaladles tablets y así no se pierden la basura de educación del futuro.

Nos dice Castells (aunque recordemos que quien habla es en realidad el capital internacional) que “la universidad híbrida es ya la regla”. Eso es radicalmente falso. Imponen sus ideas no ya como futuro, si no como presente, para que las aceptemos. Es delirante. Y concluye: “La aceptación de esa realidad es cuestión de tiempo”. Suena a presagio y a amenaza a partes iguales. Esta es una estrategia de manipulación básica: Establecer un punto de partida falso o ambiguo para colar su intención, así la conclusión es necesariamente falsa también.

Hace una semana, el filósofo y profesor universitario Carlos Fernández Liria, escribió un artículo criticando esta estrategia. Parece que ha sido la única personalidad cercana a Podemos que se ha atrevido a criticarla. El artículo está en la línea de un libro que publicó hace un par de años: Escuela o barbarie. Entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda, sobre el plan para desmontar la educación a base de pedagogía neoliberal. Aunque no compartamos todas sus interpretaciones sobre la escuela, es un libro que merece la pena ser leido. Aquí el video de la presentación, que no tiene desperdicio de principio a fin (aunque Liria nos tire beef con lo del muro de Pink Floyd).

La digitalización acaba con el pensamiento crítico, con lo imprevisto, que, pese a todo sigue ocurriendo en el encuentro entre personas en el día a día. Nunca en casa, donde desaparece la relación entre compañeros, y donde el profesor esta mucho más controlado

Este modelo que apoyan con entusiasmo lobbys a los que El País es afín, tiene relación con una curiosa anécdota. Cuando un medio con tantos recursos como El País decidió, siendo el primero en hacerlo, pasar del periodismo en papel (los reportajes) a lo digital (con lo que implica), buscaba entre otras cosas acabar con uno de los palos en la rueda que más molestaba a la dirección del periódico: su propia redacción, el pensamiento crítico y la puesta en cuestión de ciertas decisiones, enfoques y artículos por parte sus propios periodistas. Así, se pasó a un proyecto más centralizado y jerárquico, que podía prescindir de trabajadores y automatizar funciones. Vaya, qué curioso, esto es exactamente lo que demanda la economía capitalista y Europa para muchos campos de la sociedad. Como la educación.

De eso va la cosa: acabar con el pensamiento crítico, con lo imprevisto, que, pese a todo sigue ocurriendo en el encuentro entre personas en el día a día. Nunca en casa, donde desaparece la relación entre compañeros, y donde el profesor esta mucho más controlado pues todo lo que dice queda registrado y pasa a ser un gestor o a ser sustituido por educadores que no enseñan sino gestionan y evalúan. Por aprendices de tecnócratas, en resumen. Y de paso con esto buscan desprofesionalizar a los profesores: acabar con su profesión entendida como tal. Hacerlos prescindibles y para ello, hacerlos precarios. Y desprestigiarlos, algo que precisamente El País viene haciendo desde hace al menos 3 años en artículos de opinión.

Agamben, en su último artículo advierte que si seguimos este camino, todo esto, “que había durado casi diez siglos, ahora termina para siempre. Los estudiantes ya no vivirán en la ciudad donde tiene su sede la universidad, sino que cada uno escuchará las lecciones encerrado en su habitación, a veces separado por cientos de kilómetros de los que una vez fueron sus compañeros. Las pequeñas ciudades, sedes de universidades un tiempo prestigiosas, verán desaparecer de sus calles a las comunidades de estudiantes que a menudo eran la parte más viva de ellas”. Y sigue:

Los profesores que aceptan —como lo están haciendo en masa— someterse a la nueva dictadura telemática y realizar sus cursos sólo en línea son el equivalente perfecto de los docentes universitarios que juraron lealtad al régimen fascista en 1931 [en Italia]. Los estudiantes que aman verdaderamente el estudio tendrán que negarse a inscribirse en las universidades así transformadas y, como en su origen, constituirse en nuevas universitates, dentro de las cuales sólo, frente a la barbarie tecnológica, podrá permanecer viva la palabra del pasado y nacerá —si es que nace— algo así como una nueva cultura.

Dice Agamben que “los estudiantes que aman verdaderamente el estudio tendrán que negarse a inscribirse en las universidades así transformadas y, como en su origen, constituirse en nuevas universitates, dentro de las cuales sólo, frente a la barbarie tecnológica, podrá permanecer viva la palabra del pasado y nacerá —si es que nace— algo así como una nueva cultura”

Pero volvamos a nuestro ministro, que ya planea, con la excusa del covid, asentar las evaluaciones online por completo. Uno cada vez piensa más que como mínimo, esta pandemia le ha venido como un guante a los planes del Poder. También se pregunta uno cómo personalidades políticas y empresariales y corporaciones mediáticas pueden saber tanto sobre el futuro del virus y dar por hecho que va a haber otra pandemia y otro confinamiento. ¿Saben algo que nosotros no? ¿O es que esos planes agresivos necesitan una justificación (como una pandemia) para implantarse sin demasiada oposición social?

 

CASTELLS, TU TECNÓCRATA DE CONFIANZA

Ni del PSOE ni de Podemos. Castells es ministro de este gobierno y nadie sabe bien por qué. Algunos lo han vendido como ministro de Podemos, pero en realidad no lo es, él se ha declarado “independiente” y lleva una agenda propia, de claro marcaje neoliberal, con la que el PSOE comulga y sobre la que Podemos no se pronuncia, como acostumbra desde que tocó gobierno (sin tocarlo). Los tecnócratas no tienen partido. Pero si ideología, aunque ellos no la llamen así. Quizás algo que suene menos político y más holístico… como Cosmovisión. Ni de izquierda ni de derechas. Esos términos son muy clásicos y anticuados. Y Castells fluye. Dice que en su juventud fue marxista (aunque no sabemos exactamente qué hizo). Y luego liberal. Sólo que se fue a California a formarse en algo que ya se empezaba a fraguar, lo que acabaría siendo el capitalismo cognitivo. De ahí ha pasado a tecnófilo, o mejor dicho a tecnoflipao.

Castells es un producto del capitalismo digital. Ya lo hemos dicho ¿a cuento de qué viene crear un ministerio de Universidades? Bueno, va quedando más claro.

Castells lleva una agenda propia, de vertiente neoliberal, con la que el PSOE comulga y sobre la que Podemos no se pronuncia, como acostumbra desde que tocó gobierno (sin tocarlo)

Pero él sigue criticando los desmanes del capitalismo, la desigualdad… y presentando la digitalización como solución a todo ello, a la vez que como algo inevitable. Así parece neutral. Es decir, hace lo mismo que Tony Blair cuando presentaba una tercera vía, más allá del comunismo y del capitalismo, que no fue que más que una socialdemocracia capitalista que luego dio paso a un capitalismo salvaje a secas. Pero ahora sobre nuevos aspectos de la vida que antes no se habían atrevido a tocar.

La relación de Castells con las escuelas de negocios es conocida. La Next International Business School es una escuela de negocios con un modelo caro y elitista que se aprovecha de universidades públicas con las que llega a acuerdos. Pues nuestro querido ministro fue nada menos que el presidente del Consejo Académico de dicha escuela de negocios. Ha hecho las puertas giratorias en sentido inverso.

El ministro de universidades fue nada menos que el presidente del Consejo Académico de la Next International Business School, una escuela privada de negocios con un modelo caro y elitista que se aprovecha de universidades públicas con las que llega a acuerdo

Su ideología es la digitalización de la sociedad, lo que ellos llaman la “sociedad en red”, que lejos de ser un fenómeno hacia el que la sociedad “transita” de forma natural, se impone a la sociedad a base de presiones, sanciones y guerra sucia. Una digitalización que por supuesto es “inevitable” (si de verdad fuera inevitable no lo repetirían tanto ni pelearían tanto por introducirla). Digitalización significa despersonalización, reducción de las personas a gustos, hábitos y todo tipo de variables computabilizables. Urge que el movimiento estudiantil se organice contra la digitalización.

Digitalización también es “transparencia”, es decir eliminación de la intimidad y la privacidad de las personas (mediante las redes sociales), nunca de las empresas, pues lo que nos venden por transparencia empresarial es la visión que nos quiere dar las empresas de sí mismas: marketing. Nunca sus cuentas, sus inversiones, sus intenciones, sus prácticas. Por último, la digitalización de cada vez más aspectos de la vida, también tiene que ver con lo que llaman “economía digital”, algo que acabaría con muchísimos puestos de trabajo y en resumen: el capitalismo de vigilancia (y su inseparable represión social). La derecha y el PSOE (tanto monta, monta tanto) no lo critican, la izquierda institucionalizada ni se ha enterado de que va la vaina. O prefiere callar.

Digitalización significa despersonalización, reducción de las personas a gustos, hábitos y todo tipo de variables computabilizables

Eso sí, el ministro tiene una reputada carrera académica. ¿Dónde ha dado clase Castells? pues ya sabes, aquí y allí, en todas partes y en ninguna, podría respondernos. Y es que se ha paseado por universidades “de prestigio” (de esas que se recomiendan unas a otras), extendiendo el dogma neoliberal. La única universidad en la que ha permanecido es en la prestigiosa (claro) universidad de Berkeley. Una universidad privada, un tea-party con forma de universidad. Luego los echan a rular por el mundo y si cumplen y son obedientes, acaban con cargo público o privado, con responsabilidades en empresas o en gobiernos, que para ellos lo mismo da. Y si no, dando charlas TED, sacando libros en los que dicen todos lo mismo o haciendo vídeos. Te valen igual pa un roto que pa un descosío. Eso en mi pueblo se llama ser un vocero.

Pero a Castells, El País y El Confidencial le alaban por igual. Viendo quienes son sus accionistas, no nos extraña observar que ambos medios sean acólitos desde hace años de la entrada del capitalismo digital en la educación y del desmantelamiento de la escuela pública, a la que tachan de modelo pedagógico anticuado, etc. y a la que atacan en numerosos artículos de opinión; en detrimento de este modelo basado en la digitalización de la educación y en introducir las nuevas pedagogías empresariales, que son promocionadas por asociaciones privadas y bancos como el BBVA. En estos artículos y vídeos sobre educación (sic), de manera más o menos disimulada, a menudo se resta valor a la educación presencial o incluso se denosta la figura del profesor.

Castells parece un ministro pactado entre el PSOE y los que de verdad mandan o puesto a dedo directamente por estos últimos. Con todo, no nos interesa tanto Castells como la ideología que propugna, pues como él hay otros tantos y lo peligroso es lo que hay detrás, no las personas concretas. Lo que pasa es que a este lo han hecho ministro.

Castells, tenlo claro, a los estudiantes nos vas a tener enfrente.

Bueno compis, nos despedimos por esta semana. Pero la semana que viene vamos a seguir hablando de este tema y desentrañando la reforma educativa que quieren colarnos. Mucho amor para todos. Ah! es importante que todo esto se sepa. Haz que fluya. Ayúdanos a mover este artículo en redes, pásalo por tu grupo de wa de clase, mándaselo por mail a tus profes, cuéntaselo a tu abuela…

Aquí nuestros otros artículos (más cortitos, tranqui)

@el__sacapuntas

ÚLTIMA HORA

Justo al acabar de escribir este artículo nos encontramos con esta noticia: “el Gobierno gallego ha puesto en marcha un plan de transformación de las tres universidades gallegas para implementar la docencia online y poner fin a los exámenes como método para evaluar a los alumnos. La gestión ha sido puesta en manos de una fundación creada por BBVA, Caixabank, Endesa o Finsa y en la que también tienen presencia otras entidades como la Confederación de Empresarios de Galicia. El borrador entregado por la Xunta a las tres instituciones académicas se ha fabricado copiando textos y gráficos, principalmente de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) una universidad pública pero con gestión privada [de la que Castells formó parte y a la que publicita siempre que puede]. Las competencias de la Xunta no permiten a la administración gallega asumir funciones que son propias de la autonomía universitaria, regulada en el artículo 27.10 de la Constitución y aclarada el múltiples sentencias del Tribunal Constitucional”

Y con este tweet. Todos de la mano: Complutense, Banco Santander y CSIC, para que la falta de ordenadores no sea un escollo contra la digitalización forzada de la universida pública.

 

 

El Salto

 

 

 

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