El millonario negocio que se alimenta de los adictos al juego en Colombia

La adicción al juego no tiene día ni hora

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Lo más grave del asunto estriba en la ausencia de políticas estatales para tratar este género de adicción. Es una de las razones por las cuales, crece cada día más el volumen de ludópatas. Ironías de la vida, no a las drogas o el alcohol, sino a las maquinitas, a ese anhelado tin-tin-tin que les anuncia monedas que caen en la bandeja, lo cual se produce muy de vez en cuando.


El veinticinco de diciembre amaneció particularmente caluroso en Cali. Como es tradicional, todo gira en torno al sancocho de gallina. Se ocupan en la tarea desde el mayor hasta el menor, excepto yo a quien me repiten: “Abuelo, dése un vueltón por ahí.” Entiendo el mensaje. A mi edad, uno es como un mueble viejo. Estorba en cualquier lugar de la casa.

El centro comercial está vacío. Recién abrieron. Dos personas están porfiando con el guarda de seguridad para entrar en un casino. No lo puedo creer.

Abrimos a las 12:00 m.–, les insiste por tercera vez.

Ellos se miran. Son pasadas las nueve de la mañana. Hay mucho tiempo todavía antes que puedan ingresar. Él tiene cuarenta y algo, ella más de sesenta. Se conocieron coincidencialmente ese día. Comparten la adicción por el juego, particularmente por las maquinitas.

Coincidimos en la heladería. Mientras hacemos fila—de solo tres personas—procuro entablar conversación. Les hablo del calor. La ocasión nos permite sentarnos en la misma mesa. Sabroso. El mío, un helado de tres sabores; el de ellos, una malteada.

¿Les gusta el casino?

Sí, para encontrar algo qué hacer. No tengo familia y la soledad me mata, más en días como estos–. Es Marina, según comparte.

Quedó viuda hace siete años. El marido era lo único que le quedaba. Jamás se decidieron a tener hijos. Sus hermanos se reúnen a celebrar la nochebuena y no la invitan. Ella se acuesta temprano. Es su forma de evitar que esa misma soledad la acabe. Hoy decidió venir a jugar. Lo hace cada vez que experimenta ansiedad. Recibe la pensión y dosifica los ingresos. Destina un presupuesto específico para las maquinitas.

Unas veces se gana, otras se pierde. Ya me acostumbré. Al fin y al cabo, en casa no tengo nada qué hacer. La soledad me mata.

Jamás se ha gastado todos sus ingresos jugando, aun cuando reconoce que sí la mitad. Fue en una época difícil. Su esposo agonizaba en cuidados intensivos, en una clínica local.

John Mario, por su parte, se acostó temprano porque no tenía ganas de celebrar. Lleva siete meses separado de su mujer, y no puede acostumbrarse. Tampoco a la falta de su hijo, aun cuando reconoce que a veces lo desesperaba el llanto. Ella no se aguantó.

Siempre mi gritaba que si no quería al niño, lo cual era una exageración de ella, no tenía sentido que siguiéramos juntos

La situación se tornó insostenible. Un día cualquiera se fue. Solo le dejó la nota y un enorme vacío. Él jamás tuvo el más mínimo deseo de ir a buscarla.

Yo sí me he gastado buena parte del sueldo. Bebo, fumo y juego. El desespero lo agoto aquí. Cuando me uní a ella, juagaba pero poco. Una vez se marchó, el asunto se hizo más agudo. No lo soporto. Pierdo plata, y aún juego. Me he quedado sin sueldo, a pedir prestado.

Dos dramas distintos pero reales en un país como Colombia, en donde se estima el 19% de los jóvenes y adultos, son adictos al juego.

MOTIVOS PARA JUGAR

Buena parte de los ludópatas, lo hacen con la esperanza de ganar dinero y superar su crisis económica. Una ilusión, por supuesto. En la mayoría de los casos se endeudan más.

Los más proclives tienen entre 19 y 25 años. Algunos llegan a los casinos atraídos por la curiosidad, otros, por la presión de los amigos. Los hombres son quienes más apuestan.

UN COMPORTAMIENTO DESESPERADO

Los jugadores compulsivos no logran controlarse. Si pierden, sienten que con la otra partida se pueden recuperar. Jugar llega a convertirse en la razón de vivir. Su única motivación. Por esa razón, no tienen límite en el presupuesto que destinan a su adicción.

Los ludópatas suelen presentar creencias erróneas sobre las probabilidades de ganar y perder. Por ejemplo confían en su capacidad de controlar el resultado del juego, a partir del uso de talismanes y con la celebración de rituales. Por otro lado, es frecuente que traten como personas a las máquinas en las que apuestan, llegando, por ejemplo, a recriminarlas porque no les arrojan el premio.

Debido a que apostar en este tipo de juegos abre la posibilidad de desarrollar una adicción, se recomienda evitar su acceso a los menores de edad, concluye el docente.

AUSENCIA DE POLÍTICAS DE ESTADO

El estimativo de casinos, legales e ilegales, rebasa los novecientos mil en todo Colombia. Mueven millones de pesos. En buena medida, no hay control para ese flujo de dinero.

Lo más grave del asunto estriba en la ausencia de políticas estatales para tratar este género de adicción. Es una de las razones por las cuales, crece cada día más el volumen de ludópatas. Ironías de la vida, no a las drogas o el alcohol, sino a las maquinitas, a ese anhelado tin-tin-tin que les anuncia monedas que caen en la bandeja, lo cual se produce muy de vez en cuando.

 

Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia

Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

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