El miedo a la libertad: un libro para descifrar nuestro tiempo

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Después de la “gran derrota” del “socialismo” (en sus variantes más diversas, la burocrática pero también la llibertaria), nos están tocando vivir tiempos de retrocesos que algunos creían ya superados, sobre todo el “gloriosos treinta” cuando el “espíritu del 45” impuso lo que Herbart Marcuse llamaría en mi opinión abusivamente,  un “empate” entre socialismo y capitalismo. Actualmente el concepto de la libertad aparece ligado al dominio de los mercados y a un “partido único” que reproduce en gran medida el modelo republicano-democrática made in USA, un bipartidismo que, sobre todo, no se cuestiona el principio de la ley del más fuerte, de una poder financiero plenamente consciente de que está llevando a cabo una “contrarrevolución” hecha a la medida de los poderosos.  Rebobinando y tomando como referencia al Eric From de “El miedo a la libertad”, una obra en la que este acude a la comparación con el desarrollo del  individuo, que va adquiriendo características positivas pero que, a su vez, éstas siempre tienen una contrapartida no deseada.

En el caso del individuo moderno, su propio desarrollo genera una duda sobre sí mismo, sobre el lugar que ocupa en el mundo y el porqué de su existencia: Vemos así cómo el proceso de crecimiento de la libertad humana posee el mismo carácter dialéctico que hemos advertido en el proceso de crecimiento individual. Por un lado, se trata de un proceso de crecimiento de su fuerza e integración, de su dominio sobre la naturaleza, del poder de su razón y de su solidaridad con otros seres humanos. Pero, por otro lado, esta individuación creciente significa un aumento paulatino de su inseguridad y aislamiento y, por ende, una duda creciente acerca del propio papel en el universo, del significado de la propia vida, y junto con todo esto, un sentimiento creciente de la propia impotencia e insignificancia como individuo.

En base a esta analogía, el desarrollo de la libertad genera una serie de problemas similares. El aumento de la libertad conlleva un aumento de la incerteza. Digamos que a cambio de esta nueva libertad el individuo sacrifica su antigua seguridad: anteriormente tenía un lugar en el mundo muy claro y unas tareas bien definidas, sabía lo que podía esperar y lo que no. En cambio, el mundo de la libertad genera una serie de cambios: Nos encontramos con aquel mismo carácter ambiguo de la libertad que antes se discutió. El hombre es liberado de la esclavitud que entrañan los lazos económicos y políticos. También gana en el sentido de la libertad positiva, merced al papel activo e independiente que ejerce en el nuevo sistema. Pero, a la vez, se ha liberado de aquellos vínculos que le otorgan seguridad y un sentimiento de pertenencia. La vida ya no transcurre en un mundo cerrado, cuyo centro es el hombre; el mundo se ha vuelto ahora ilimitado y, al mismo tiempo, amenazador. Al perder su lugar fijo en un mundo cerrado, el hombre ya no posee una respuesta a las preguntas sobre el significado de su vida; el resultado está en que ahora es víctima de la duda acerca de sí mismo y del fin de su existencia. Se halla amenazado por fuerzas poderosas y suprapersonales, el capital y el mercado. Su relación con los otros hombres, ahora que cada uno es un competidor potencial, se han tornado lejanas y hostiles; es libre, esto es, está solo, aislado, amenazado desde todos lados. […] La nueva libertad está destinada a crear un sentimiento profundo de inseguridad, de impotencia, de duda, de soledad y de angustia. Estos sentimientos deben ser aliviados si el individuo ha de obrar con éxito.

Para evitar estos nuevos problemas surgidos a partir de la adquisición de las libertades en el mundo moderno, es decir, la inseguridad, la impotencia, la duda, la soledad y la angustia, Fromm afirma que es necesaria la obtención de una nueva libertad, perfectamente posible desde las condiciones materiales alcanzadas: Nos sentimos fascinados por la libertad creciente que adquirimos a expensas de poderes exteriores a nosotros, y nos cegamos frente al hecho de la restricción, angustia y miedo interiores, que tienden a destruir el significado de las victorias que la libertad ha logrado sobre sus enemigos tradicionales. Por ello estamos dispuestos a pensar que el problema de la libertad se reduce exclusivamente al de lograr un grado aún mayor de aquellas libertades que hemos ido consiguiendo en el curso de la historia moderna, y creemos que la defensa de nuestros derechos contra los poderes que se les oponen constituye todo cuanto es necesario para mantener nuestras conquistas. Olvidamos que, aun cuando debemos defender con el máximo vigor cada una de las libertades obtenidas, el problema de que se trata no es solamente cuantitativo, sino también cualitativo; que no sólo debemos preservar y aumentar las libertades tradicionales, sino que, además, debemos lograr un nuevo tipo de libertad, capaz de permitirnos la realización plena de nuestro propio yo individual, de tener fe en él y en la vida.

Dicho de otra manera,  si habitualmente el problema de la libertad, en política, se ha tratado como una cuestión eminentemente externa, Erich Fromm defiende que también ha de ser una cuestión interna, y que se trata también de una cuestión radicalmente política. Es necesario aumentar la calidad de las libertades obtenidas, de tal modo que permitan la realización del propio yo. Realizarse permitiría poder superar los problemas antes mencionados: neutralizar el aislamiento y liberarse de la angustia.

Sin embargo, el camino no parece sencillo, como muestra un ejemplo que tiene que ver con el acto de comprar: La insignificancia del individuo en nuestros tiempos no atañe solamente a su función como hombre de negocios, empleado o trabajador manual, sino también a su papel de consumidor o cliente. Esta última función ha sufrido un cambio drástico en las últimas décadas. El cliente que visitaba un negocio cuyo dueño era un comerciante independiente, se hallaba seguro de ser objeto de un trato personal; su adquisición representaba algo importante para el propietario; se le recibía como una persona que significaba algo para el comerciante; sus deseos eran materia de estudio; el acto mismo de la compra le proporcionaba cierto sentimiento de importancia y dignidad. ¡Cuán distinta es ahora la relación del cliente con las grandes tiendas! La vastedad del edificio, la abundancia de las mercaderías expuestas, el gran número de empleados ejercen sobre él una profunda impresión; todo le hace sentirse pequeño y sin importancia. Y en verdad, como individuo no ofrece interés alguno al establecimiento comercial. Tan sólo es importante porque es un cliente; la tienda no quiere perderlo, pues ello indicaría que hay algo que funciona mal y que probablemente otros clientes se perderían por la misma razón. Es importante en su carácter de cliente abstracto; pero como cliente concreto no significa nada en absoluto. No hay nadie que se alegre por su visita, nadie que se preocupe especialmente para satisfacer sus deseos. El acto de comprar se ha vuelto análogo al de adquirir sellos en una oficina de correos.[…]Lo que se ha afirmado acerca de la esfera económica vale también para la esfera política.

De ahí que, para  poder llegar a vivir plenamente las libertades externas que disfrutamos en las sociedades modernas, es necesario un nivel equivalente (o incluso mayor) de libertad interna, para poder recibir críticamente la opinión de supuestos expertos, gurús, o de la publicidad. Décadas después de la publicación de El miedo a la libertad, su análisis de la sociedad continúa estando vigente. A través de este libro es posible comprender muchas de las dinámicas sociales y políticas de la actualidad. Es indudable que las grandes características de nuestro tiempo siguen marcadas por los problemas que ya anunciaba Fromm: la inseguridad, la impotencia, la duda, la soledad y la angustia. Así podemos entender el auge en todo el mundo de nuevos movimientos totalitarios que ofrecen la antigua seguridad a cambio de las libertades. Y también explica por qué muchas personas están dispuestas a aceptar este intercambio.

En este sentido es muy esclarecedor el título del libro, El miedo a la libertad, la vida libre es vista en cierto modo como una carga más difícil de sobrellevar de lo esperado, una vida que genera rechazo y miedo. Por eso, en muchas ocasiones, el primero que viene con respuestas claras y firmes, sean las que sean, termina venciendo. No obstante, la verdadera solución no puede consistir en una vuelta atrás. Así lo cree el propio Fromm, que apunta hacia un desarrollo de las capacidades del individuo que permita superar su aislamiento y angustia en la vida moderna. Uno de los conceptos clave que desarrolla en este libro es el de comunidad moral, tan importante para este blog y que aclara muy bien en qué consiste para Fromm superar los problemas que nos presenta la libertad. Si, como dice Fromm, «solo hay un significado para la vida, el acto de vivirla», entonces necesitamos estar en contacto con aquellos con los que compartimos el mundo: la comunidad moral. Merece mucho la pena leer el libro completo, en el que se desarrollan estas y otras ideas en profundidad y de manera muy clara, como es característico del estilo de Fromm, de alguien que escribió hace ya bastante tiempo pero que ya se planteo las cuestiones más básicas desde unos análisis de primer orden.

Que planteo el dilema entre el ser –más persona, más humano- y el tener, lo que ahora significa la “libertad del depredador. Como decían los clásicos la libertad del zorro en el gallinero.

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