El método del Programa de Transición

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Trotsky valoraba como su legado más importante a la posteridad la creación de la IV Internacional, porque era la forma organizativa y programática mediante la cual pasaba la antorcha a las generaciones futuras, antorcha que condensaba las experiencias de más de cien años de lucha del movimiento obrero internacional y, de manera particular, la experiencia de su generación, que hizo la Revolución Rusa de 1917.

Aunque la “Cuarta” no existe, el trotsquismo está presente en las luchas

Pasados 70 años de su muerte, ese legado parece más bien frágil, si nos enfocamos en tratar de encontrar una organización específica que se denomine IV Internacional. El movimiento trotskista no le sobrevivió unido mucho tiempo, sino que estalló en una diáspora de pequeñas organizaciones en las décadas siguientes, todas ellas reivindicándose como parte de la “Cuarta”, pero cada una por su lado.

Las razones de la fragmentación trotskista ameritan un estudio específico, así como la ponderación de los dirigentes post Trotsky: Healy, Lambert, Mandel, Cannon, Moreno, Lora, etc. Pero de lo que no hay duda es que, pese a las luchas intestinas, el movimiento trotskista existe en casi todo el mundo, con organizaciones de todo tipo, desde pequeñas sectas hasta algunas con importante implantación en la clase obrera.

Hay países, como Francia y Argentina, donde casi toda la vanguardia ha pasado por la escuela del trotsquismo. Hubo momentos históricos en que estuvo a la cabeza de procesos revolucionarios: como en Bolivia del 52 o el Mayo francés del 68; en la lucha contra la guerra de Vietnam; en el alzamiento campesino peruano a mediados de los 60; la formación del PT brasileño; la formación de las guerrillas latinoamericanas en los 60; entre los que llamaron a defender a Chávez contra los golpistas en 2002, y un largo etc. Sin estar exento de bichos raros,  el movimiento trotsquista ha participado y participa a la vanguardia de la lucha de clases, pese a que la IV Internacional, no ha cuajado.

La fuerza de la Cuarta está en su Programa de Transición

Tal vez la fortaleza de la “Cuarta” no esté en un organismo de referencia específico, ya que nació con el estigma de una época contrarrevolucionaria, marcada por los genocidios del fascismo, la guerra y el stalinismo, sino en su programa, El Programa de Transición para la Revolución Socialista. 

En la fuente del Programa de Transición es donde los revolucionarios del siglo XXI pueden beber para encontrar los más actual, lo más útil, del legado de León Trotsky. Programa que parte por un diagnóstico: “Los requisitos previos objetivos para la revolución proletaria no sólo han madurado; empiezan a podrirse un poco. Sin una revolución socialista, y además en el período histórico inmediato, toda la civilización humana está amenazada por una catástrofe. Todo depende ahora del proletariado, es decir, principalmente de su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la Humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria”.

Palabras premonitorias, escritas un par de años antes de la II Guerra Mundial y sus 40 millones de muertos. Palabras completamente actuales en un mundo que, 70 años después, sigue acuciado por la crisis económica capitalista, el desempleo generalizado, el hambre de millones de seres humanos, la violencia social, la brecha que sigue aumentando entre países ricos y pobres, el saqueo y destrucción sistemático de la naturaleza en pos de la ganancia.

Incluso el pronóstico de una revolución socialista en el período inmediato se cumplió en gran medida porque la victoria sobre el fascismo fue obra de los trabajadores, rusos y europeos, desde las puertas de Stalingrado hasta las de Berlín, de la “resistencia” francesa, italiana, griega. Triunfo que se expresó en el establecimiento de sociedades de transición al socialismo en Europa oriental, en Francia, Italia o Grecia se sostuvo el capitalismo sólo gracias  la traición de Stalin y los Partidos Comunistas. Triunfo que se expresó en la revolución China del 47, en la independencia de la India y de casi toda África.

Un debate inacabado sobre las fuerzas productivas

Durante los años que siguieron a la guerra se debatió mucho respecto a su afirmación de que: “Las fuerzas productivas de la humanidad se estancan. Los nuevos inventos y mejoras técnicas ya no consiguen elevar el nivel de la riqueza material”.

El problema es que a la Segunda Guerra Mundial le siguió el llamado “boom” económico, una amplia expansión del mercado capitalista y una prosperidad aparente, al menos, en Europa occidental, Estados Unidos y Japón. Pero ese “boom” se sustentó, por un lado, en la  extracción de plusvalía del “tercer mundo”, y en un “estado benefactor” tranzado con las direcciones socialdemócrata y comunista para evitar nuevas revoluciones europeas.

El propio Trotsky aborda un problema semejante cuando analiza la afirmación de Marx en el Manifiesto (A noventa años del manifiesto Comunista) en el sentido de que el capitalismo retardaba el desarrollo de las fuerzas productivas: “Pero este postulado, irrefutable teóricamente, no invalida el hecho de que las fuerzas productivas siguieran expandiéndose a escala mundial hasta la guerra…”. Hasta la globalización neoliberal, diríamos ahora. Sea como sea, expansión de las fuerzas productivas en el capitalismo son sinónimo de explotación de clase y saqueo.

El método del programa: unir demandas inmediatas a lucha por el socialismo

Volviendo al problema de la esencia del Programa de Transición, lo que está más vigente que nunca, es que el capitalismo, en su crisis global, es incapaz de respetar los derechos democráticos, económicos y sociales más elementales de los pueblos del mundo. El derecho al trabajo, a un salario digno, a salud y educación, incluso el derecho de elegir y ser elegidos, son constantemente puestos en entre dicho, arrebatados o burlados por el sistema capitalista.

La lucha por la defensa de estos derechos está vigente, pero no a la manera de los socialdemócratas que los ubican en lo que llaman “programa mínimo” separado del “programa máximo”, el socialismo, el cual dejan para un futuro indeterminado y del cual sólo hablan en las “arengas domingueras”. Trotsky propone todo lo contrario, la defensa de las reivindicaciones económicas y democráticas debe estar asociada a la imperiosa necesidad de concretar la revolución socialista, porque es la única manera de preservarlos.

El Programa de Transición es, pues, un sistema de consignas que parten del nivel de conciencia inmediata de la clase obrera, que lucha para defender su “derecho a la vida”, para llevarles a la conclusión de que esto sólo se alcanzará sacando del poder a los capitalistas.

La tarea estratégica del período próximo –período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones revolucionarias objetivas y la inmadurez del proletariado y su vanguardia (desconcierto y desánimo de la vieja generación, inexperiencia de la joven). Es necesario ayudar a las masas, en el proceso de la lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa socialista de la revolución. Este puente debe contener un sistema de reivindicaciones transitorias, que partan de las condiciones actuales y de la actual conciencia de amplias capas de la clase obrera y conduzcan invariablemente a un solo resultado final: la conquista del poder por el proletariado”.

 

Las consignas transitorias

Frente al desempleo masivo y crónico, Trotsky propone levantar la consigna de escala móvil de salarios y horas de trabajo; respecto a los sindicatos propone trabajar en todos y no aislarse en “sindicatos rojos”, defendiendo su independencia frente al estado, la importancia de organizaciones más amplias en épocas de lucha, como los comités de fábrica; frente la ofensiva patronal que se ampara en las crisis económicas para justificar medidas antiobreras, sugiere contraponer la apertura de los libros de contabilidad y el control obrero de las empresas; la expropiación de la banca y de ramas específicas de la producción, aún bajo un régimen capitalista, la considera una demanda necesaria; la alianza obrera y campesina; la lucha contra el imperialismo y la guerra, etc.

La importancia de la consigna por el gobierno obrero y campesino

La agitación en torno a la consigna de gobierno obrero y campesino (o gobierno de los trabajadores, diríamos nosotros) conserva … un enorme valor educativo… Cada una de las reivindicaciones de transición debe conducir, por tanto, a una misma y sola conclusión: los obreros tienen que romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer, junto con los campesinos, su propio poder… Las secciones de la Cuarta Internacional deben orientarse críticamente en cada nueva etapa, y lanzar consignas que apoyen el esfuerzo de los obreros por una política independiente, profundicen el carácter de clase de esta política, destruyan las ilusiones reformistas y pacifistas… y preparen la conquista revolucionaria del poder”.

La lucha contra el imperialismo

Respecto a los “países atrasados”, coloniales o semicoloniales, Trotsky explica que hacen parte de “un mundo dominado por el imperialismo”, lo que le da un carácter combinado, ya que en ellos se mezclan el desarrollo capitalista y los resabios de modos de producción arcaicos, de allí que “los más elementales logros de independencia nacional y democracia burguesa se combina con la lucha socialista contra el imperialismo mundial”. E insiste: “La tarea central de los países coloniales y semicoloniales es la revolución agraria,…, y la independencia nacional, es decir, el derribo del yugo imperialista”. Y agrega: “Es imposible rechazar sin más el programa democrático; es preciso que las masas lo sobrepasen en la lucha. La consigna de Asamblea Nacional (o Constituyente) conserva toda su fuerza en países como China o India”.

No al fetichismo de la democracia burguesa

Respecto a los países bajo regímenes fascistas reivindica el peso de las consignas democráticas: “Pero las fórmulas de la democracia (libertad de prensa, derecho de asociación, etc.) sólo significan para nosotros consignas incidentales o episódicas en el movimiento independiente del proletariado, y no un dogal democrático echado al cuello del proletariado por los agentes de la burguesía (¡España!)”.

En los estados obreros degenerados la demanda por democracia socialista

El Programa de Transición dedica un apartado especial a la ex URSS, señalando que el aparato del estado obrero se ha transformado en instrumento de violencia contra la clase trabajadora. Y vaticina: “El exterminio de la generación de los viejos bolcheviques y de los representantes revolucionarios de las generaciones intermedia y joven ha roto el equilibrio político todavía más a favor del ala derecha, burguesa, de la burocracia, y de sus aliados en el país. De ellos, es decir, de la derecha, podemos esperar intentos todavía más decididos, en el período próximo, de revisar el carácter socialista de la URSS…”.

Destaca que un nuevo ascenso en la URSS provendrá de la lucha contra la desigualdad social y la opresión política, derivándose de ello la importancia de consignas como la libertad de los sindicatos, el derecho de reunión y la democracia soviética, señalando que esta es imposible sin la “legalización de los partidos soviéticos”.

Advertencia contra el sectarismo

El Programa de Transición culmina con la advertencia frente a dos peligros: el oportunismo y el sectarismo. Respecto a los sectarios dice: “En su base hay una negativa a luchar por reivindicaciones parciales y transitorias, es decir, por los intereses y necesidades elementales de las masas trabajadoras tal como son hoy. Prepararse para la revolución significa para los sectarios convencerse a sí mismos de la superioridad del socialismo”.

Y agrega: “Los sectarios sólo son capaces de distinguir dos colores: el rojo y el negro. Para no exponerse a la tentación, simplifican la realidad. Se niegan a hacer una distinción entre los bandos contendientes en España por la razón de que ambos tienen un carácter burgués… Niegan la diferencia de principio entre la URSS y los países imperialistas y, debido a la política reaccionaria de la burocracia soviética, rechazan la defensa de las nuevas formas de propiedad, creadas por la Revolución de Octubre… Incapaces de acceder a las masas, las acusan ardorosamente de ser incapaces de elevarse hasta las ideas revolucionarias”.

Advertencia contra el oportunismo

A los oportunistas que levantan “panaceas morales” para justificar su claudicación a la burguesía les dice: “En una sociedad basada en la explotación, la moral suprema es la de la revolución social. Son válidos todos los métodos que elevan la conciencia de clase de los obreros, su confianza en sus propias fuerzas, su disposición a la abnegación en la lucha. Son inadmisibles los métodos que inculcan a los oprimidos el miedo y la sumisión frente a sus opresores, que ahogan el espíritu de protesta y la indignación o sustituyen la voluntad de las masas por la voluntad de los dirigentes, la convicción por la coacción, el análisis de la realidad por la demagogia y la falsificación… Hacer frente a la realidad abiertamente… llamar a las cosas por su nombre; decir la verdad a las masas, por amarga que esta sea…”.

 

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