El marxismo y el fetichismo del valor-trabajo

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Por Ezequiel Espinosa

“Allí donde éstos veían una solución, Marx vio solamente un problema. (…). Para saber qué era la plusvalía, tenía que saber qué era el valor. Y el único camino que se podía seguir, para ello, era el de someter a crítica la teoría del valor de Ricardo”

Friedrich Engels

“Para averiguar dónde reside, en la relación de valor (…), la expresión simple del valor (…) no hay más remedio que empezar prescindiendo totalmente del aspecto cuantitativo de esta relación. Cabalmente al revés de lo que suele hacerse, pues lo frecuente es no ver en la relación de valor más que la proporción de equivalencia entre determinadas cantidades de (…) distintas mercancías”

Karl Marx

«Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida y por tanto el valor de cambio [deja de ser la medida] del valor de uso»

Karl Marx

 

1)  El valor es una forma socialmente determinada a través de la cual se expresa la relación de los costos de producción con la utilidad social de los bienes-mercancías. Y será sólo dentro de esta relación de valor –de las relaciones de cambio mediadas por la competencia (oferta y demanda)-, y exclusivamente dentro, o en razón de ella, que los bienes sociales se (re)presentan los unos frente a los otros como simples cristalizaciones del trabajo humano indistinto y homogéneo, es decir, como expresiones materiales del trabajo abstracto, como valores-mercancía (la mera utilidad (subjetiva), por otra parte, resulta(rá) el determinante fundamental de la relación de valor –en tanto que “pura” (a)preciación, o precio-, allí donde el trabajo humano se encuentre prácticamente ausente, teóricamente escamoteado, o técnicamente reducido a un mínimo).

2) Para encerrar algún contenido de valor, los “bienes” demandados tienen que ser productos de la vida social (de una vida social determinada), es decir, constituir un resultado de las actividades socio-productivas, pero eso no significa, ni mucho menos, que el valor de un bien (en su forma de mercancía) sea determinado únicamente por la cantidad de trabajo social necesario para su producción, sino que el valor es la forma en que se expresa la relación entre la demanda social de un determinado bien (dimensión inter-subjetiva), y la determinación de su costo social de producción (dimensión objetiva). La ley del valor, por tanto, es una expresión de determinas relaciones de producción, en las cuales impera el cambio entre productores independientes.

3) Pero, en igual sentido, y por idénticos motivos, el valor de un producto social específico no se encuentra determinado por su mera utilidad (subjetiva) en tanto que bien de uso socialmente demandado. No existe ninguna identidad inmediata entre valor y utilidad. La categoría valor es irreductible a la mera demanda (social) de un bien útil determinado, o, en todo caso, al mero juego de la oferta y la demanda que pudiera darse en torno al mismo (precio). La utilidad determina(ra) la cualidad social de un bien de uso (dimensión subjetiva), pero no le inviste de (un) valor per se (no lo valoriza). Para ello será preciso determinar si la utilidad estimada del producto demandado, compensa(ra) los costos sociales de su producción. Así, la ley del valor rige, asimismo (aunque por medio de un rodeo), el juego de apreciación por la oferta y la demanda.

4) Una vez admitida la utilidad social de un bien, hay que determinar si la misma compensa(ra) sus costos de producción. Y en una formación social articulada en torno a las actividades socio-productivas de propietarios privados, formalmente “libres” e “independientes”, tal determinación se realiza(rá) a través de las relaciones de inter-cambio. Se advierte, por tanto, que la relación de valor (o relación de cambio) refiere a una determinada conexión socio-histórica entre productores “independientes”, a través de la cual equiparan sus diferentes trabajos útiles como simple trabajo humano, como trabajo social abstracto. Que la forma valor, en suma, emana y corresponde a una determinada trama de relaciones sociales entre productores privados “libres”, en la que éstos miden la magnitud de sus trabajos por el tiempo que dura la inversión de la fuerza humana de trabajo.

5) Se comprende así que el valor es, antes que una relación cuantitativa (una determinación físico-natural matemáticamente establecida), una relación cualitativa (una determinación socio-histórica convencionalmente asumida). Que el valor es una relación de equiparación cualitativa en base a la cual los objetos de la más diversa índole se ven reducidos a una misma unidad sustancial, pasando a representarse unos a otros como iguales –en tal sentido-, y difiriendo sólo por el quantum de magnitud sustancial unitaria que uno encierra en relación a los otros. Y que esta ley del valor, una vez más, es la expresión de relaciones de producción donde el trabajo es, asimismo, mercancía. Que no hay valor más allá de las relaciones de cambio, y que sólo en ellas y a través de ellas es que el trabajo y el tiempo de trabajo se convierten en unidad e índice de la magnitud de valor.

6) Cierto es que más que una nueva teoría del valor (en un sentido lógico-conceptivo), en Marx nos encontramos con una analítica del valor (en términos lógico-históricos). Pero esto no significa que la analítica marxiana represente apenas un mero desarrollo de la teoría del valor-trabajo, ni que tal desarrollo signifique un nuevo soslayamiento de la teoría del valor-utilidad, sino que, precisamente, se trata de un análisis del valor-mercancía como la forma general que, en el marco de la sociedad capitalista moderna, media objetivamente en la relación (inter)subjetiva entre la utilidad estimada y los costos de producción de los bienes socialmente demandados. Por ello mismo es que la crítica marxiana no arranca de un desarrollo conceptivo de la categoría general “valor”, sino que lo hace desde el análisis mismo de la forma mercancía en particular.

7) Por lo que si es que cabe hablar de una teoría del valor en Marx, no habría que remitirla ni a la(s) clásica(s) teoría(s) del valor-trabajo [cuantitativa(s) / substantiva(s) / magnitudinal(es)], ni, claro está, a las teorías vulgares y/o neoclásicas de la utilidad-valor [axiológica(s) / calculante(s) / preferencial(es)], sino, acaso tal vez, asumirla como una (nueva) teoría de la forma-valor (cualitativa / relativa / equivalencial) en tanto configuración socio-histórica devenida y a través de la cual los diversos valores de uso socialmente producidos se revelan como reducidos a una misma unidad sustancial, pasando a representar(se como) meras cristalizaciones sociales de trabajo humano abstracto, y apenas diferenciándose por la magnitud de esa cualidad sustancial que encierran dentro de sí, como una materialidad espectral coagulada en su naturaleza.

8) ¿Pero por qué es que en su teoría, Marx circunscribe la categoría valor a la forma mercancía?, Pues porque, en principio, no era su objetivo desarrollar una teoría del valor en general, sino más bien analizar y exponer de qué manera(s) se impone la ley del valor (revelada) en el marco general de la sociedad donde impera el régimen de producción capitalista. Y asumiendo que la mercancía configura la forma elemental de la sociabilidad capitalista, arranca desde allí. Cabe agregar en tal sentido que, según esta perspectiva, mediadas por la competencia y a través de las relaciones de valor, los diversas razones de valor individuales se van nivelando en un valor comercial (pro)medio, y que, por tanto, son las condiciones normales y no así las combinaciones extraordinarias las que configuran el centro de gravitación para los precio de mercado.

9) Por lo general, en las diversas corrientes “marxistas” se asume que, como heredero de la economía política clásica, el análisis marxiano no arranca ni se agota de las formas superficiales y aparentes que sirven de base para las construcciones teoréticas de la “economía vulgar”. Sin embargo, y esto después de Hilferding o Rubin (de los propios Marx y Engels), no aciertan a llamar la atención sobre que la diferencia que media entre el enfoque analítico de Marx y la perspectiva analítica general de la “economía clásica”, radica, precisamente, en que allí donde “los clásicos” toman por premisa las relaciones cuantitativas de valor, en Marx, a su tiempo, la premisa es la propia forma valor en tanto que configuración cualitativa de una determinada trama de relaciones sociales. De allí que, aún hoy, para much@s marxistas, el problema de la determinación del valor continúa siendo un asunto más de índole técnico-económico, antes que económico-social.

10) Y así como en su subjetivismo radical el grueso de las corrientes subjetivistas continúan manejándose en medio de abstracciones mistificadas (esa individualidad aislada, ahistórica y asocial a partir de la cual se determina una utilidad igualmente abstracta y mistificada), en su objetivismo unilateral, las diversas corrientes del marxismo “clásico” continúan manejándose en medio de categorías fetichizadas (el trabajo [en] abstracto como sustancia ahistórica y asocial que engendra valor). Claro que el valor no es algo inherente a la cosa en sí; claro que la utilidad es siempre una determinación social, o, mejor, una determinación de los [in]dividuos sociales. Pero resulta imperioso asumir, de igual manera, que el trabajo [abstracto] no es fuente creadora de valor alguno, sino encuadrado en un determinado complejo de relaciones sociales. Más todavía, que aun estando inscrito en un cuadro de relaciones de valor, el trabajo de por sí no genera ningún valor a menos que los bienes a través de él producidos, satisfagan una demanda social.

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