El maltrato y el tráfico ilegal son una vergüenza para la humanidad que parece reservada sólo a estadísticas deplorables

El trato abusivo para mujeres y niños en el mundo queda evidenciado en que una de cada seis mujeres recibe maltratos en sus casas y seis millones de niños mueren de hambre cada año. Además, las mujeres también padecen el impacto del hambre porque la malnutrición causa la muerte de 530.000 anualmente durante el embarazo o el parto. Un primer estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) titulado Salud femenina y violencia doméstica contra las mujeres, se basa en entrevistas con más de 24.000 de ellas en zonas rurales y urbanas de diez países: Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Namibia, Perú, Samoa, Serbia y Montenegro, Tailandia y la República Unida de Tanzania. Investigaciones previas habían detectado tasas de agresión del 20% en Estados Unidos y Suecia, y del 23% en Canadá y Gran Bretaña, señaló la investigadora Lori Heise. Pese a que el riesgo de violencia durante la vida fue similar en varios países, las mujeres de los países desarrollados eran menos propensas a estar sufriendo ultrajes en la actualidad que las mujeres de las naciones en desarrollo.

El estudio también descubrió que el impacto en la salud de las mujeres violentadas supera a las lesiones. Aquellas que experimentaron violencia física o sexual de sus parejas en algún momento de sus vidas eran más propensas a sufrir estados de salud más negativos cuando fueron entrevistadas, según descubrió el informe.

El respeto a los derechos de la mujer se considera  entre los medios para combatir la desnutrición, junto con la búsqueda de estabilidad política, la paz y la educación, acaba de decir el director general de la FAO Jacques Diouf. Un informe anual  hace especial hincapié en otro factor que es de gran importancia en la lucha contra el hambre. Se trata de la igualdad de las mujeres respecto a los hombres en las sociedades de los países pobres al estar relegadas en muchos lugares. Los estudios realizados por la FAO confirman, por ejemplo, que las mujeres que han recibido una educación como la de los hombres luego tienen familias más sanas. Sus hijos, por tanto, están mejor nutridos, tienen menos probabilidades de enfermar o morir a corta edad y, como consecuencia, frecuentan más la escuela. Esos niños, en el futuro, estarán mejor formados para salir de la pobreza.

Otro campo de batalla contra las desigualdades es lograr el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra, las tecnologías y los créditos. «Esto podría contribuir más a reducir el hambre y la malnutrición que muchas otras medidas», afirma la FAO, sobre todo, porque son las mujeres quienes protagonizan en muchos casos la producción de alimentos. En África subsahariana y en el Caribe, a ellas se debe al menos el 80% de la agricultura. En el sur de Asia llegan al 60%.

Sin embargo, según Jacques Diouf, «las mujeres no tienen acceso a algunos de los instrumentos fundamentales para su trabajo, como la tierra, el crédito, la información, la formación y el poder de tomar decisiones». Por eso la FAO considera que cualquier programa de desarrollo social y económico no puede tener éxito si no cuenta con las mujeres.

Otra estadística deplorable: la explotación de personas en el mundo, considerada la versión de esclavitud del siglo XXI afecta, sobre todo, a mujeres y niños. Las últimas estimaciones se refieren a dos millones y medio de víctimas de diferentes formas de trata, incluidas 800.000 que son sometidas a labores forzadas y sitúan los dividendos por ese concepto de 10.000 a 15.000 millones de dólares para los grupos del crimen organizado, aunque la Organización Internacional del Trabajo eleva esos cálculos a 32.000 millones.

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