El legado de Retamar

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El sentimiento anticolonial y antiimperialista que Roberto Fernández Retamar dejó suscrito en sus ensayos, es el reflejo del compromiso con los pueblos de nuestra América que asumió desde épocas tempranas, su obra más conocida en este ámbito es Caliban publicado en 1971. Un ensayo ejemplar que trastoca los fundamentos interpretativos usados hasta entonces para dar lectura a la realidad social de los países colonizados de nuestra región. Caliban es un llamado a una nueva mirada poniendo los puntos de partida en la realidad concreta de Latinoamérica, cuestionando el colonialismo cultural imperante y llamando a la definición de los intelectuales, la hora de Nuestra América había llegado, la esencia de la Revolución cubana infundía la necesidad de tomar partido, era el tiempo del compromiso con los desposeídos. ¿Seguir pensando como oprimidos o romper las cadenas y liberarse de la esclavitud de ideas? ese es el cuestionamiento que da sentido al ensayo y que urge a la conciencia colectiva para su despertar.

La obra ensayística de Retamar es eso, un llamado continuo a la superación de las sombras arrastradas como lozas y por la generación de interpretaciones radicales que sirvan a la emancipación. Otros textos suyos como: “Martí en su (tercer) mundo” (1965); “Nuestra América y occidente” (1976); “Algunos usos de civilización y barbarie” (1977); “Del anticolonialismo al antiimperialismo” (1992); “Pensamiento de nuestra América. autoreflexiones y propuestas” (1996) y “Cuba defendida. Contra la Leyenda Negra (1997), dan muestra puntual de las profundas reflexiones que Retamar legó a nuestras naciones, superando las estructuras del pensamiento occidental para sumarse a la tradición emancipadora del pensamiento latinoamericano.

La esperanza como bandera, como forma de actuar en el sentido ético y moral, como guía de nuestras acciones que se encaminan en primer plano, a generar la crítica radical de las condiciones de vida que padecemos en todo el orbe y exponen al ser humano a su propia extinción, y, en segundo lugar, a buscar alternativas para transformar esas condiciones de vida y propiciar el florecimiento de la humanidad en armonía, lejos, muy lejos de cualquier mesianismo. La rebelión es reflexión aguda, es sentimiento, es razón, es el uso del juicio de los oprimidos que despierta del sueño aletargado como dijera Ernesto “Che” Guevara, para poner fin al capitalismo y dar lugar a una sociedad mejor, basada en la dignidad del ser, regida por las necesidades humanas, el pensamiento de Retamar es rebelión en el saber y sus formas de construcción, es emancipación del canon y moldes que durante mucho tiempo ataron la creación e impidieron ver la luz del porvenir, por eso, sus escritos son por naturaleza originaria anticoloniales, antiimperialistas es revolucionarios “para el bien de todos”.

Retamar fue un agudo lector de Frantz Fanon, José Martí, Ho Chi Minh, Lenin, Ernesto “Che” Guevara, Fidel Castro entre otros, de quienes brevo el ideal revolucionario que plasmo en sus reflexiones, sus aportaciones en este sentido, siembran base de igual forma, para la reformulación del marxismo latinoamericano alejado de tenencias ortodoxas y de manual, para revivirlo en su sentido más amplio, como crítica del capitalismo en todo sentido y a la vez como propuesta y base para la construcción de un mundo mejor. A los países imperialistas Retamar propuso llamarles también “potencias subdesarrollantes”, no en confrontación con la teoría sobre el imperialismo ya desarrollada por Lenin y otros pensadores, sino como complemento de esa teoría tomando en cuenta las particularidades históricas y actuales, es decir, su propuesta buscó contribuir al desarrollo de la teoría para la comprensión de los fenómenos globales, en ese sentido, las “potencias subdesarrollantes” son justamente aquellas que han jurada propiciar el desarrollo y solamente han dejado en la región latinoamericana como en el mundo mayor grado de pobreza, injusticia y marginación.

Roberto Fernández Retamar dejó a la posteridad una obra marcada por la identidad latinoamericana, construida como hibridez histórica, heredera de los pueblos originarios, el mundo occidental y representada en la actualidad por la diversidad que tanto enriquece a los pueblos de Nuestra América, fue justamente para ellos, para los pueblos y culturas, que Retamar hizo con las palabras el poema más hermoso en los profundos ideales de la revolución en el pensamiento y en la realidad concreta latinoamericana.

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