El juicio al procés catalán oculta las necesidades de la clase trabajadora

Por Francisco Ponzán

Hace poco dió comienzo el
juicio sobre el “procés” catalán.
Tras más de un año de la fallida
proclamación independentista,
se espera un proceso largo y
tedioso donde el nacionalismo
español espera saldar las cuentas
al nacionalismo catalán.

Por Francisco Ponzán

Aun
así, algunos lo califican como
“el juicio más importante de la
democracia”.
Y todo está preparado para
que volvamos a adormecernos
con el sueño de ideales ajenos,
envueltos en palabrería, donde
se medirá la capacidad de engaño
y abstracción que son capaces de
ejercer los defensores de la patria.
Un juicio, que será televisado, que
contará con unas 500 citaciones
entre testigos y peritos, donde,
además, la extrema derecha se
ha garantizado un espacio y lo
aprovechará para ahondar en su
discurso de siempre.
La oposición de los nacionalistas españolistas a admitir que
una parte de la población desee
otra forma de gobierno que no
sea la suya, o que elija la relación
política con el resto de España,
solo ha traído problemas, mucha
distracción y desorientación
a las capas populares. El
aparato de Estado españolista
‘democrático’ ha utilizado todo
su arsenal mediático, policial
y ahora también jurídico,
para reprimir los deseos de la
población catalana soberanista.
Sus maniobras y manipulaciones
se pusieron de manifiesto en la
orquestada ‘fuga de empresas’,
que amenazaba con arruinar la
economía catalana y elevar el
paro de la población.
Este fenomenal espectáculo
montado en torno a la
independencia catalana,
con un juicio injusto, como
injustas y ‘antidemocráticas’
fueron las cargas policiales y
los arrestos, ahora pretende
monopolizar la atención del
país en una demostración
de fuerza españolista. Las
acusaciones, las penas de cárcel,
las descalificaciones contra los
políticos catalanes son injustas y
deberían estar libres.
Por su parte, la burguesía
intenta siempre conducir esas
aspiraciones populares hacia los
extremos, para controlar sobre
todo la economía, ante lo cual los
trabajadores debemos decir que
solo hay una nación, una sola
clase, la clase trabajadora.
De todas formas hay que saber
que la derecha catalanista utiliza
la independencia catalana al igual
que la española su nacionalismo
para tapar y ocultar los
verdaderos problemas de la clase
trabajadora y desviar la energía
de las clases populares hacia el
nacionalismo. La independencia
catalana, aún teniendo el
derecho democrático a elegir su
soberanía los independentistas,
no va a solucionar un problema
creado en el fondo por la crisis
capitalistas y que la burguesía
usa en su beneficio.
La clase trabajadora asistirá
impertérrita a este teatro,
este derroche de tiempo y
dinero. Los verdaderos casos
importantes, como el gran
robo de la banca a las clases
trabajadoras, el negocio redondo
de empresarios, gracias a los
EREs, los desahucios en favor de
capitalistas sin escrúpulos, y un
largo etcétera… No veremos que
se discuta la situación de la clase
trabajadora. O que se cuestionen
las leyes que amordazan cada
día a los trabajadores, obligados
a trabajar por un salario misero
o bien, a sobrevivir sin trabajo.
Mientras las protestas se someten
violentamente. Para conseguir
esto, la clase trabajadora tiene
que cambiar este mundo, que
funciona al revés.
Desde el mundo del trabajo,
las cosas son bien distintas. Los
problemas de la clase trabajadora
no van a ser resueltos por esos
mismos que defienden los
negocios privados y el capital. La
única clase que no tiene patria,
es la clase trabajadora, ella es
internacional, trabaja y sufre
en todas partes del mundo. Es
ella la que debe imponerse y
organizar el funcionamiento de
la sociedad por una causa más
justa y humana. Todo lo demás
es teatro y engaño.

 

 

VOZ OBRERA

 

Mensual trotskysta (Unión Comunista Internacionalista)

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