El Jaguar de Mario Díaz Balart

El Partido Demócrata en La Florida se ha lanzado por fin a tratar de sacar de sus asientos a los representantes federales cubanoamericanos, todos republicanos, que durante años han mantenido una política ultraconservadora dentro del Congreso estadounidense.

Por el distrito 25 de Miami-Dade competirá el demócrata cubanoamericano Joe García (ex directivo de la Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA) contra Mario Díaz Balart, este último procedente de una familia estrechamente ligada a la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba (1952-1959) y que en Miami logró hacer fortuna amparados por el apoyo que el gobierno estadounidense ofreció a los antiguos personeros de ese régimen los cuales llegaron a Miami en 1959.

En 1997, el diario El Nuevo Herald publicó la siguiente nota: “El senador estatal, Mario Díaz Balart recibió un auto Jaguar convertible, modelo de 1997, valorado en 72 800 dólares como regalo de la firma de relaciones públicas Gordon-Sloan-Díaz Balart, que él representa, entre otros clientes, a la BellSouth Mobility. Esto ocurrió unos meses después de haber presentado una enmienda que le ahorró a esa compañía más de 40 millones de dólares, que debían ser devueltos a sus usuarios.

“La enmienda trató de pasarse en el proyecto de la Ley 1680, el día 14 de abril de 1997, pero no fue aprobada en esa oportunidad. Coincidentemente, días después el senador estatal de la Florida Tom Lee, de Brandon, presenta otro proyecto de Ley, el número 1958, que según las palabras del senador Mario Díaz-Balart, “ha declarado que su intención, igual que la mía, era facilitar técnicamente el envío de cuentas a los usuarios” aunque&nbsp ninguno de los senadores son “Contadores públicos certificados”… (1)

El quincenario Qué Pasa… Miami, aseguró en un artículo qué “razón tiene su firma publicitaria y de relaciones públicas para tan costoso regalo. Gracias a su intervención de cabildeo ante la legislatura estatal de Tallahassee, evitó que cerca de 700 000 usuarios de teléfonos celulares, parte de los cuales residen en su distrito, no recibieran de BellSouth Mobility -la cual si trata de proteger los intereses de sus accionistas- un reembolso de 2,5 por ciento que excedía la cantidad de 40 millones”. (2)

La cuestión era que el por ciento a devolver provenía de un 9,5 por ciento de impuestos facturados a los consumidores, de los cuales el 7 por ciento les correspondía pagarlo a los usuarios por concepto de uso de los teléfonos celulares y el 2,5 por ciento restante debía abonarlo la BellSouth Mobility por concepto de venta bruta.

En Miami resulta cada vez más evidente la asociación de funcionarios públicos a cualquier nivel, asociados u ocupando altas y bien remuneradas posiciones, con firmas de relaciones públicas o agencias de publicidad, lo que es inmoral, pues no se puede ser juez y parte.

La ley de la Florida permite que una corporación de servicio público traspase ese impuesto a sus consumidores, pero antes estos deben ser informados explícitamente. En este caso los usuarios de los teléfonos celulares de la BellSouth Mobility no fueron informados y algunos, haciendo uso de su derecho, decidieron nombrar abogados para pedirle a la compañía que les devolvieran su dinero.

Los letrados Andrew V. Tramont y Honey Lynn Kober quisieron llevar a la Corte a la BellSouth Mobility, pero los abogados de la corporación sacaron el caso de esa instancia y lo pusieron en manos de la Legislatura, o sea, en manos del entonces senador estatal de La Florida, Mario Díaz-Balart. Así se presentó una enmienda a la Ley por medio de la cual se establecía que “era perfectamente legal que cualquier compañía de servicios públicos escondiera el impuesto por concepto de ingresos brutos siempre y cuando el concepto del gravamen terminara en las arcas del tesoro estatal. Esos impuestos no deben ser objeto de devolución… por parte de la empresa de servicio público”.(3)

El artículo de Qué Pasa…Miami se dirigía directamente al autor de la propuesta : ”senador Mario Díaz-Balart, no use el nombre de la hispanidad, ni el de cubanoamericano, para tratar de contestarle a Tom Fiedler, ni a El Nuevo Herald. No es el periodista Tom Fiedler el socio de una Agencia de Relaciones Públicas y Mercadeo, sino un “compañero de fatigas” de cientos de miles de contribuyentes que deseamos que pare la corrupción en la vida política.

“Recuerde que usted fue elegido para representar y proteger en Tallahassee, los intereses de los electores, contribuyentes y residentes en su distrito y es lamentable que salga a relucir que no sean precisamente esos votantes los defendidos, y sí los intereses de una corporación multimillonaria como la BellSouth Mobility.(4).

Poco tiempo después, la lucha por el botín que suponía la construcción de un estadio de pelota para los Miami-Marlins provocó un fuerte enfrentamiento político-cívico de grandes proporciones que puso al desnudo la cara oculta de algunos políticos.

En la lucha por obtener el dinero que representaría la construcción del estadio, participaron políticos, influyentes cabilderos, directores y conductores radiales, y empresarios de fortuna amasadas gracias a contratos sin licitación y a la corrupción político administrativa en el Condado.

Qué Pasa…Miami denunciaba “…esta suma de ambiciones e impunidad puesta al descubierto, es la evidencia pública del papel que desempeña un cabildero-representante, el que lejos de servir a los intereses del distrito que lo eligió, se sirve de éste para cabildear y obtener así beneficios a favor de los clientes de la firma de Relaciones Públicas y Mercadeo GDB and Partners (de la unión de los nombres Gordon, Seth y Díaz-Balart, Mario) de la cual es co-dueño”. (5)

El problema fundamental es que Mario Díaz-Balart se convierte en juez y parte porque como senador del Estado de Florida, con sede en Tallahassee, tiene poder para otorgar o ayudar a otorgar convenios y contratos a las diferentes firmas, a la par que cabildea a favor de aquellas que él también representa como co-dueño.

La firma de Relaciones Públicas y Mercadeo de la cual Díaz-Balart es co-dueño, representa a 79 clientes, entre las que se destacan 13 corporaciones como los Florida Marlins, varios Planes de HMO, recogida de basura (BFI), la Florida Crystals/Flo-Sun (de la familia Fanjul) y la Wackenhut (seguridad del Metro-Rail) entre otras; 21 de la industria del entretenimiento, que incluyen a la que representa a los Grammy Latinos e industria del cable de TV; 10 de Servicios Financieros; 4 de Servicios Profesionales; 6 de Bienes Raíces, (aquí aparece Codina Group, con tierras donde se proyectaba la construcción del nuevo estadio de pelota para los Marlings de la Florida); 3 No Lucrativas (Comité del Orange Bowl, el Miami-Dade Community College Foundation y el Beacon Council); 24 de Tecnología (Miami.Com que pertenece al Miami Herald y la BellsSouth, entre otras; 4 de Medios de Comunicación (Miami Metro Magazine y Variety Magazine); 6 de Turismo (Miami Seaquarium, Biltmore Hotel y el Doral Country Club and Spa).

Fenomenal es el control de este señor dentro del mundo del negocio por su doble cargo, el político y el de negociante. Casualmente, la mayoría de los clientes se incorporaron a la firma GDB and Partners después de que Mario Díaz Balart fue electo Senador estatal y pasara a presidir el Comité de Servicios de la Cámara Alta (que vela y regula las actividades del sector privado de prestación de servicios y la calidad y tarifa que estos brindan a los consumidores, entre otras prerrogativas).

La posición de Mario permite que los clientes tengan asegurado un privilegiado lugar dentro de la legislatura estatal, de la cual se benefician como lo hizo la BellSouth y por la que el senador obtuvo gratis un auto Jaguar y otros regalos.

Al parecer, estas virtudes de Mario le vienen de sus antepasados. Durante la anterior legislatura, cabildeó para aprobar fondos públicos a fin de crear la Escuela de Derecho de la Universidad Internacional de la Florida y dijo que si se le ponía el nombre de su abuelo, Rafael Díaz-Balart, que fue abogado de la corporación norteamericana United Fruit Company en la zona oriental de Cuba, de seguro podría obtener fondos federales.

Según publicó Qué Pasa…Miami, “su padre, también nombrado Rafael, (fallecido en 2005) aparece señalado en la Causa No. 95-13695 CA (32) presentada por Luis Santos Calderón contra Angel L. Lorie Jr, ante la Oncena Corte de Circuito del Condado Miami Dade. En un voluminoso expediente se describen los alegatos de un grupo de inversionistas españoles que afirman haber confiado en los antecedentes familiares de Díaz-Balart (hijos oficiales públicos electos en Estados Unidos, tener éste doble ciudadanía española-estadounidense y el estar casado con una prominente dama de la sociedad española), para confiarle cerca de cinco millones de dólares para inversiones, las cuales Rafael canalizó a través de Angel Lorie, presidente de Diversified Capital Resources, Inc. y principal acusado”.(6)

En la corporación, Díaz-Balart era vicepresidente y la inversión se perdió en un plazo sumamente corto. Lorié resultó sancionado (Release 3-9461, septiembre 30 de 1997, Administrative Proceding File No. 3-9463) por el organismo regulador del mercado de valores estadounidense, debido a irregularidades en el manejo de compra-venta de acciones en dicho mercado.

Sinceramente, bajo estas formas y condiciones, cualquier individuo se hace de fortuna y de puestos públicos. &nbsp Ahora Joe García, quien también tiene historias sucias ocultas durante su permanencia en la FNCA, maniobrará con argucias, prebendas, arbitrariedades y sobre todo dinero, para tratar de destronar a Mario Díaz Balart de la Cámara Federal de Representantes.

(1)&nbsp &nbsp El Nuevo Herald, artículo de Tom Fiedler. 13 septiembre 1997.

(2)&nbsp &nbsp Gracias al Senador Mario Díaz Balart. Qué Pasa…Miami. Número 8 de octubre de 1997

(3)&nbsp &nbsp Gracias al Senador… Artículo citado.

(4)&nbsp &nbsp Gracias al Senador… Artículo citado.

(5)&nbsp &nbsp La Verdad al Desnudo, del Dr. José Raúl Alfonso, Qué Pasa… Miami # 58, del 1 al 15 de mayo de 2001

(6)&nbsp &nbsp La Verdad al Desnudo. Artículo citado.

* Estos y otros datos se pueden encontrar en el libro Miami, Dinero Sucio, del autor de este artículo.

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