El incombustible Raoul Vaneigem

Por Iñaki Urdanibia

El luchador belga sigue su camino combativo

Por Iñaki Urdanibia

« El nuevo mundo será amoroso o no será»

                      ( De l´amour)

« Amaría bastante, que la creación de sí fuese el alfa y el omega de una aventura humana

en la que participo basando mi felicidad en la felicidad de los otros. Ser feliz se enuncia en singular y se conjuga en plural»

                    ( L´Ère des créateurs )

Cualquiera que haya leído algo acerca de la Internacional Situacionista se habrá topado en el nombre de quien naciese en Bruselas en 1934; su pertenencia a tal grupo se dio entre 1961 y 1970 fecha en la que rompió con Guy Debord . De aquellos años quedó como muestra su Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, libro que se convirtió desde su publicación en 1967 en una obra que acompañaba a no pocos rebeldes de quienes participaron, en primera fila, en las movilizaciones de mayo del 68. Que abandonase el grupo nombrado no significa que abandonase su labor de zapa con respecto a los valores consagrados en la sociedad normalizada: tarea que incansable llevó a cabo en el terreno de la religión, muy en especial en el tiempo del medievo y más en concreto en los movimientos heréticos de la época [ recuerdo su brillante introducción a un texto que circuló clandestinamente entre los siglos X y XVI, que llevaba por significativo título: « Livre des trois imposteurs» – que hacía referencia a tres individuos que « en este mundo han engañado a los hombres: un pastor, un curandero y un camellero» ( por orden de aparición: Moisés, Jesús y Mahoma)-, o su repaso al hedonismo medieval en su Le mouvement du libre-esprit, por traer a colación un par de casos que recuerdo y de los que su momento escribí; sin olvidar « De l´inhumanié de la religion» en donde desvaelaba las relaciones entre religiones y modos de producción]; otro de sus frentes de lucha, tal vez el más persistente y más al alcance del público en general, es su tenaz lucha llevada a cabo con entregado denuedo en contra de los valores mercantilistas y su invasión de la vida de los ciudadanos, anulando su independencia y convirtiéndoles en esclavos del consumo. Inequívoco centro de gravedad: su lucha contra el mercantilismo, contra las distintas caras de la opresión, contra los discursos normalizadores, y un canto exaltado al deseo, al hedonismo,…a la libertad. Como dijese con tino Michel Onfray en su <<Diario hedonista>>, <<colocada bajo el signo de la vida, del nacimiento, de las fuerzas y energías que la manifiestan, el pensamiento de Vaneigem, deliberadamente del lado de la resistencia, se entrega toda entero a la causa de Eros, de Baco, de Dionisos y de un Prometeo que pondría su potencia al servicio de las causas libertarias>>.

Ahora acaba de publicarse un libro de explícito título, como la mayoría de los suyos: « Contribution à l´émergence de territoires libérés de l´emprise étatique et marchande. Réflexiones sur l´autogestion de la vie quotidienne» ( Rivages, 2018). Si el otro decía que la liberación de los explotados vendría de la mano de ellos mismos ( en la onda de aquel ni en dioses, reyes, ni tribunos), en esta obra desde el inicio se respira ese mismo espíritu libertario que se traduce en el protagonismo del movimiento plural, uno en su pluralidad y divergencias, que no espera las consignas de vanguardia alguna, las más de las veces auto-proclamada para más inri, alzándose contra quienes intentan manipular las acciones o atribuirse el protagonismo ( la pancarta la llevo yo…si es caso a codazos)…los meta-relatos de legitimación han dejado de funcionar ya hace tiempo, que decía el otro; ya no son tiempos de utopías revolucionarias, hechas de una vez por todas, ni de intelectualismos paralizantes, sino de la puesta en práctica de unidades solidarias. Ya hace años que el pensador dejaba clara su postura: « no habiendo tomado jamás la libertad de hablar en nombre de los otros. Pretendo, como siempre lo he hecho, referirme a mi propia experiencia personal.[…] La experiencia vivida, cuando no se da por ejemplar sino que se interroga sobre los diferentes caminos con el fin de extraer un esbozo de una felicidad que se ha de inventar, siendo la piedra de toque de lo que se emprende a favor de una sociedad más humana ».

Escrito, según confiesa, con la intención de dar respuesta a jóvenes de su entorno, mantiene en alto la bandera de la autogestión y de las zonas liberadas ( ZAD: Zones À Défendre)- paradigma de tal figura: Notre-Dame-des-Landes , por no mentra, en otra zona más alejada: Chiapas- en las que se antepone el ser que el tener, yugo que atenaza a los ciudadanos de la sociedad de consumo…pues quien no consume no tiene ergo no es; si las he calificado como zonas liberadas lo he hecho ya que en ellas rigen formas de organización y lazos relacionales que se salen de las normas habituales y dominantes de la sociedad, pues allá rigen la alegría de vivir y de actuar, en un desplazamiento, observado en las actuales movilizaciones masivas, que hace que el proletariado haya sido convertido en plebe, en un barco del descontento en el que gentes de diferentes procedencias y estatus gritan basta ya, estamos hartos (j´en ai marre), y no tragan con la colonización consumista, desmarcándose de las pautas del cálculo egoísta . Las zonas que el pensador belga elogia son zonas en las que « se cultivan productos naturales, se trabaja artesanalmente, se elaboran “obras maestras” que se ponen al alcance de todos» ; alegría de vivir versus barbarie, y por esa senda se dejan ver ciertos aires de familia con los luditas que en los tiempos de la revolución industrial rompían las máquinas como signo de explotación al considerar una muestra de salvación pública la oposición a las máquinas que destruyen las formas de vida apostando por la opresión y por la devastación programada y rentable, que lleva a algunos a « preferir el mal de hoy a lo que mañana será peor, lo que nos impide levantarnos», con lo que se pliegan, aun sin pretenderlo, a los controles teledirigidos y burocráticamente controlados con sus tasas que no sirven más que para reflotar las malversaciones bancarias. Hablaba hace siglos ya Etienne de la Boétie de la servidumbre voluntaria, y los estallidos que contra ella se alzan son dignas de aplauso, y Raoul Vaneigem aplaude con fuerza.

Vaneigem subraya las experiencias autogestionadas yendo hasta el punto de considerar que estas tierras libres, liberadas del yugo del Estado y de las imposiciones del sistema económico, son las únicas en mostrar una posibilidad de recuperar el devenir de hombres y mujeres, ajenos a su conversión en mercancía( prácticas de « los militantes en lucha contra la exclusión de los migrantes, contra la expulsión de los ocupantes de una ZAD, contra la devastación de los paisajes, la polución del aire, del agua, de la tierra, de los alimentos») , en este panorama en el que la especulación de la Bolsa y la política de destrucción que la estimula garantizan un beneficio inmediato; haciendo que estas decisiones brutales y a corto plazo no hacen más que esquilmar la tierra y los océanos, y la salida hacia otros horizontes, como los señalados, que no sean los del trabajo parasitario y los del pretendido estado del bienestar como última mentira del capitalismo que tras las bellas palabras no puede ocultar la mano de hierro del capitalismo financiero…ante ello un renacimiento se anuncia en las experiencias mentadas, como campo de posibilidades y de esperanzas, con aires de familia a las cooperativas y comunas libertarias del 36. Subrayando como en tales zonas se dan nuevas iniciativas arquitectónicas, formas de vida diferentes, y lazos solidarios..y se escuchan las voces de algunos arquitectos que entusiasmados afirman que «La ZAD recuerda que en un territorio, cuando se ocupa, es para defenderlo. Muchos pueblos han sido construidos con ese fin. Lo que s formidable en la historia de los zadistas, es que han ido a un territorio no con el fin de conquistarlo en el sentido de tomarlo en propiedad, sino para defenderlo contra proyectos absurdos»; experiencias-piloto que han visto su experimentación extenderse a diferentes territorios .

No se puede negar, al menos no seré yo quien lo haga, que a Vaneigem le guía un tenaz optimismo que le hace pensar que ante los valores antiguos en caída libre ( patriarcado, autoridad, disciplina militar, celebración del sacrificio) brotan con fuerza ciertas aspiraciones humanas que los asaltos de la barbarie no han llegado a sepultar definitivamente : solidaridad entre-ayuda, alianza con la naturaleza, autonomía, ginocentrismo…Lo que conlleva, en opinión de este solitario solidario, una lucha contra las dualidades que se cuelan en nuestras formas de hablar: enre espíritu y materia, ser y tener, la vida y la supervivencia, la producción y el consumo, lo intelectual y lo manual, la mujer y el hombre, la creación y el trabajo ( del mismo modo, recuerdo que en su momento señalase , al estudiar la inhumanidad de la religión: « examinar lo que subsiste en nosotros de los comportamientos religiosos, hasta en el desprecio más aireado de la religión…»), y esta superación exige un trabajo de afinar nuestras maneras de pensar y de vivir….y la rememoración ( ¿nostálgica?) de los momentos en que tal finura ha funcionado en las sociedades de abundancia de cazadores y pescadores, en algunos días de la Comuna parisina en 1870 o la ola de mayo del 68…experiencias a las que se podrían añadir otras probadas en la historia, mas que Vaneigem ignora por sus tendencias autoritarias. Experiencias que señalan un camino como una flecha lanzada hacia un horizonte en el que los valores económicos no sean los motores que impulsan la actividad y los deseos de los humanos, sino que los valores realmente humanos sean no solo tenidos en cuenta sino que sen los que dinamicen un comportamiento distintos que anuncie un porvenir diferente.

En fin, las propuestas de Raoul Vaneigem son una invitación a ir más allá, a superar los valores al uso, evitando « caer en la estrategia de desesperación que desarma y desanima desde el principio las tentativas de emancipación»…para lo cual llama a «desmantelar el muro de las lamentaciones que la economía parasitaria consolida con el cemento de nuestra desesperación»…y el belga se muestra firme en sus convicciones y sus esperanzas como el último mohicano de los situs.

Raoul Vaneigem se mantiene firme, como digo, en su apuesta por la abolición de la sociedad mercantil a favor de una sociedad viva ( Pour l´abolition de la société marchande pour une société vivante, así se titulada una obra que publicó en Payot, en 2002) en estos tiempos de balanceo ebtre el duelo del mundo y la alegría de vivir ( Entre le deuil du monde et la joie de vivre: Verticales, 2008) y continua propugnando una riqueza que resida en una vida centrada en el progreso de la sensibilidad y de la inteligencia humana; la presente obra continua su palimpsesto que escribe y reescribe afinando y actualizando la postura exacta acorde con el paso del tiempo, y los cambios. Tal persistencia le ha valido más de una crítica ,mas el belga parece seguir la senda de Voltaire que ante las críticas de tal jaez que se la hacían, contestaba: «Se dice que me repito. Cesaré de repetirme cuando cuando las cosas se corrijan», y la del libertario francés Élie Faure: « cada obra nueva, perteneciente a un hombre deseoso de devenir él mismo, no es más que rectificación del precedente, en el que ya puntualizaba su angustia de no estar totalmente de acuerdo con su propio pensamiento. Representa la necesidad de realizar al fin esta armonía sin cesar aproximada y nunca alcanzada cuyo deseo le atormenta».»»«»»»

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