El honor de la tortura

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Por Iñaki Urdanibia

« Si nos atrevemos a decir la verdad sobre el pasado, tal vez nos atrevamos a decir la verdad sobre el presente »

                                 ( Ken Loach )

No cabe duda de que resulta digno de aplauso a todas luces que se restablezca, en la medida de lo posible, el honor de quienes han padecido la tortura, lo cual lleva, sin rizar rizo alguno, a marcar con el deshonor a quienes les aplicaron los malos tratos de los que se habla; malos tratos realizados aprovechando la oscuridad de los recintos alejados del mundanal ruido público, y valiéndose de la capacidad que otorga el ser funcionario del Estado. No supone este deshonor que señalo buscar a Pepe o a Juan concretos, por decir un par de nombres, sino de desvelar – cosa que está más que desvelada para cualquiera que no pretenda mantenerse en la ceguera permanente e interesada- las responsabilidades, más allá de la que pueda corresponder a cada individuo, de quienes estaban al mando de los números que aplicaban la tortura; no es cosa de buscar Manzanas, Anechinas, Losadas, Sainzes, Ballesteros, Pachecos o yo qué sé, sino de que se declare formalmente que la responsabilidad última de todas estas, no casuales, tropelías no es el hecho aislado de unos desalmados desmadrados o guiados por un celo sin par por obedecer al aplicar las órdenes que se les cursaban sino por un sistema puesto en marcha por las alturas estatales. Al final, si no se han de buscar responsabilidades particulares que deshonren(?) a los implicados, sí que parece de recibo, como mínimo democrático, responsabilizar al Estado y a sus órganos que han facilitado y dado cobertura a tales comportamientos por medio de unas leyes de excepción, Bandidaje y Terrorismo y más tarde planes ZEN, leyes antiterroristas, bajo cuyo amparo todo estaba permitido y nada quedaba bajo control público; es más, cuando se aireaban ciertos caos que clamaban al cielo en su descaro ( fotos de prensa, hospitalizaciones, muertes…), siempre se ha dado cobijo a los agresores manteniendo que el detenido se había caído, que en la detención había forcejeado, se había autolesionado para desprestigiar a los beneméritos cuerpos policiales y/ o militares. Siempre ha prevalecido la versión oficial, elaborada – de una vez por todas- por los mismos que cometían los denunciados despropósitos…como en el tiempo en que las balas rebotaban en el cielo y , casualmente, daban en algún cuerpo…más se puede decir, si periodistas, jueces, médicos forenses, han defendido la versión policial , ha habido políticos con responsabilidades de gobierno que no se han cortado ni un pelo en ascender y/o condecorar a acusados de haber torturado y hasta a algunos, raros, condenados por tales prácticas infames. Los torturados quedan deshechos o muertos, sus torturadores recibían todos los honores por el trabajo bien hecho.¡ Toma!

Pues bien, si se ha de preservar el honor de los torturadores – dentro de tal calificación como todo en la vida hay grados diferentes – se ha de distinguir entre quienes pertenecían a la escala de mando y los que obedecían con mayor o menor furia y celo, de modo y manera que se ha detectar el deshonor en quienes establecían, desde la cúpula del mismo Estado, la práctica sistemática de la tortura para cualquiera que entrase en un calabozo policial, nadie a no ser que trate de defender ciertas posturas de orden, podrá poner en duda la aplicación generalizada, en ciertas épocas de la violencia sistemática, al menos por estos pagos desde los que escribo ( quien no ha sufrido, ha conocido a algún familiar, amigo, compañero de cuadrilla, vecino…)…me atrevo a decir más, sería un verdadero honor que el Estado tuviese las agallas – como en el caso francés lo acaba de tener el presidente de la République, Manu Macron con respecto al caso de Maurice Audin / y del comportamiento del Estado francés en tierras argelinas, o anteriormente lo tuvo Jacques Chirac al declarar la responsabilidad del Estado francés, colaborando con el nacionalsocialismo, en la redada del Vélodrome d´Hiver – de declarar la responsabilidad del Estado español en la represión en los tiempos del caudillo de El Ferrol y posteriores; sería un verdadero honor- o tal vez un mero acto de justicia reparativa- declarar sin ambages el pringue, o la propia organización, por parte del Estado en los terrenos de la represión, de la organización del terrorismo de Estado ( también en las cloacas se defiende el Estado, que decía X)…y no ignorar cualquier culpa y responsabilidad como si lo sucedido hubiese sido un accidente de la naturaleza y no obra de unos hombres, organizados en un sistema bien determinado. No se puede obviar como en repetidas ocasiones los relatores de la ONU [ el último Fabián Salvioli hace unos días] han solicitado a los diferentes gobiernos hispanos que tomen medidas y que no mantengan la impunidad de los culpables , juzgando a los responsables de los crímenes del franquismo…de modo y manera que queda claro, si es que se ha de aclarar algo, que este tipo de peticiones no provienen de los ambientes judeo-masones de la anti-España sino de comedidas instancias internacionales…

Ya anteriormente me había referido a estos temas o afines, pero es que si hay asuntos que a uno le tocan la fibra sensible, el que estoy tratando no ocupa el último lugar en su escala de preocupaciones, y conste que no solamente por cuestiones de índole personal sino debido a que juzgo que el recuerdo, la justicia y la reparación son necesarios para con las víctimas( vivas y muertas)…entre otras cosas para tratar de cerrar heridas, que se diga lo que se diga aún permanecen abiertas, tratando de llevar a cabo lo que en su momento no se hizo, pues, por lo visto, en esa cosa llamada España hay cosas intocables: la unidad patria, la monarquía borbónica, y…los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, el monstruo más frío de entre los monstruos fríos que dijese Friedrich Nietzsche; de la banca, las finanzas y la Iglesia, hoy no toca, aunque la verdad es tal su poder, fáctico, que toca todos los días.

Si vuelvo a la carga sobre el tema ( cada loco con el suyo) es debido a que la ley sobre las violencias estatales ( 12 / 2016) que fue aprobada por el parlamento vasco, fue recurrida, ante el TC, por supuesta inconstitucionalidad por el gobierno hispano y , por supuesto, por sindicatos policiales – de por aquí y de por allá y como no podía ser de otro modo , por alguna poderosa asociación de víctimas del terrorismo…así las cosas, el gobierno del PSOE – aficionado a las rebajas en temporada y fuera de temporada, ya que siempre es temporada para ellos- ha planteado quitar el veto siempre que se respeten sus posicionamientos que, en última, y en primera, instancia consiste en : a la policía ni tocar, y eso que entre ellos seguro que también hay víctimas de los desmanes del Estado, aunque generalmente éstos se hayan dado en momentos en los que siendo ahora militantes suyos pertenecían a otras organizaciones ( ya que….diré que en las dos veces que he estado en la cárcel nunca, reitero nunca, he visto ningún detenido del PSOE, y eso que he coincidido con algún carlista, por tratar de pasar la frontera con unos discursos de Carlos Hugo para el acto de Montejurra, o con algunos miembros de EGI por repartir calendarios con el careto de Sabino- …al prohibido tocar señalado, ésta, la prohibición, se puede ampliar a la unidad patria, tampoco, o acerca del rey – emérito y no emérito- qué vamos a decir…ni chistar[ πor cierto España es diferente hasta para esto: si la etimología de monarquía supone el poder de uno – monos- aquí hay dos]. Y…el PNV, a tragar, ya que además de este tema en cuestión se ventilan otros que, por medio de acuerdos y pactos, siempre ayudan a mantenerse como la espuma…arriba.

Hay cosas que pienso que son de una claridad meridiana, por poner un ejemplito , en paralelo, voy por la calle y un par de tipos me corren a ostias, sin comerlo ni beberlo ( bueno de hecho sí que me jamo las ostias y me trago la sangre del labio, pongamos por caso) …es obvio que quien ha sido deshonrado y ostiado soy yo, y si alguien merece una reparación (aunque sea en forma de una ración de mercromina) soy yo, los otros, ¿ qué honor merecen?¿ qué honor tienen en su haber? ¿les queda un miligramo de esa cosa llamada honor? A lo más, y a lo menos , deberían pedir perdón y al menos buscar una excusa sobre la obediencia debida ( me golpearon porque el jefe de su tribu les encargó la faena)…Pero de ¿ qué honor hablamos? Es como cuando ahora la familia del generalísimo, se querella por que ciertos periodistas, y demás, faltan al honor a su familiar muerto…lo que es un verdadero deshonor es que se pueda mantener el supuesto honor ( a no ser el honor del fascio) del sanguinario dictador, y que exista una fundación – chojada generosamente con dineros públicos – que se reivindique de tal sujeto que nos tuvo sujetos a todos durante casi cuarenta años…¡ Vergüenza!

Hendaia a 20 de setiembre

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