El Hirak argelino entre la movilización y el encarcelamiento

Entrevista con Hakim Addad, un activista argelino y cofundador de Rassemblement Action Jeunesse (RAJ- Agrupación Acción Juventud), una organización fundada en 1992 que promueve el compromiso cívico de las y los jóvenes y defiende los derechos humanos.

Hakim Addad es un activista argelino y cofundador de Rassemblement Action Jeunesse (RAJ- Agrupación Acción Juventud), una organización fundada en 1992 que promueve el compromiso cívico de las y los jóvenes y defiende los derechos humanos. Opuesto durante mucho tiempo al régimen argelino, Addad fue arrestado en otoño de 2019 cuando participaba en una conmemoración del levantamiento popular de octubre de 1988 [crisis social en varias ciudades junto con tensiones dentro del gobierno; el ejército intervendrá, entre otros lugares en Cabilia].

Junto con otros activistas, estuvo detenido durante tres meses antes de ser liberado en espera de juicio. Continuó participando en el Hirak, la masiva movilización revolucionaria pacífica que comenzó en febrero de 2019 y llevó a la renuncia del expresidente Abdelaziz Bouteflika unos meses más tarde. Hakim Addad también es miembro de las Fuerzas por la Alternativa Democrática (FPAD-Forces du Pacte de l’Al Alternative Démocratique), una coordinadora de partidos políticos, sindicatos autónomos y asociaciones [creada en junio de 2019]. Principalmente ubicados a la izquierda, las FPAD tienen como objetivo impulsar la organización de una asamblea constituyente y garantizar la independencia del sistema judicial.

Hakim Addad fue arrestado de nuevo en junio de 2020 y liberado inmediatamente. Fue declarado inocente en su primer juicio en diciembre de 2020. En esta entrevista, habla sobre el impacto de la pandemia covid-19, la represión estatal y el futuro del Hirak. Thomas Serres, profesor en el departamento político de la Universidad de California en Santa Cruz y especialista en el norte de África, entrevistó a Addad en noviembre de 2020. (Red. Middle East Report Online).

Thomas Serres: Con el cierre de fronteras y la cancelación de la mayoría de los vuelos, Argelia ha estado relativamente aislada del mundo exterior desde el comienzo de la pandemia. ¿Cuál es la situación sobre el terreno después de varios meses de confinamiento y represión? ¿Cómo hizo frente el Hirak a la pandemia?

Hakim Addad: El Hirak persistió en diferentes formas más allá de las manifestaciones semanales. Tras el inicio del confinamiento en marzo de 2020, las y los hirakistas organizaron una campaña solidaria para apoyar a familias pobres y trabajadoras y trabajadores sanitarios. Además, las redes sociales y varias conocidas aplicaciones también han permitido organizar reuniones en línea. Posteriormente, se formaron nuevos colectivos y las diversas iniciativas que estaban a la espera se relanzaron en el otoño de 2020.

Entre ellas, debemos mencionar Nida-22 [referencia a las manifestaciones que tuvieron lugar a partir del 22 de febrero de 2019 contra el quinto mandato de Bouteflika], una iniciativa de actores de la sociedad civil, que hizo una serie de propuestas para poner fin a la crisis y devolver la soberanía al pueblo. Esto obviamente no significa que el Hirak funcione tan bien como antes de la covid-19. Pero el movimiento está tratando de mantener el ritmo y estar listo para lo que vendrá una vez que la pandemia haya terminado. Debemos tener en cuenta que [actualmente]  las manifestaciones en la capital están estrictamente prohibidas y que el régimen está tomando medidas enérgicas contra todos aquellos, individuos o colectivos, que tratan de permanecer políticamente activos.

Usted ha estado políticamente activo en Argelia desde principios de la década de 1990. Cuando se compara la represión bajo el presidente Abdelmadjid Tebún [en el cargo desde diciembre de 2019] y lo que sucedió en el pasado durante la guerra civil (1992-1999) o la Primavera Negra (2001-2002), ¿cuáles son las diferencias más sorprendentes 1/? ¿Hay continuidad en las tácticas represivas? 

Lo primero que hay que decir es que el régimen nació en la violencia [con la eliminación del ala política del Frente de Liberación Nacional (FLN) por su aparato burocrático-militar al final de la Guerra de Independencia] y siempre ha manejado este país con violencia. Así que hay una clara continuidad desde que Tebún se convirtió en presidente en diciembre de 2019 y el General de División [Saïd] Chengriha asumió el Ministerio de Defensa. Este régimen no ha cambiado la forma en que gestiona la situación. En la represión actual, los ataques contra activistas pacíficos casi no tienen precedentes.

Con la excepción de la Primavera Negra, donde las fuerzas de seguridad asesinaron a 125 jóvenes, nunca había visto una represión tan feroz y sistematizada. Ni durante la década de 1990 ni durante los 20 años de buteflikismo [bajo el presidente Abdelaziz Bouteflika, 1999-2019] 2/.

Desde que Tebún se convirtió en presidente, la represión se ha dirigido a varios sectores de la sociedad, incluso si respetan la ley.  En el pasado, sabíamos cuándo arriesgábamos nuestra libertad. Los pocos cientos de activistas que denunciaron a Bouteflika y sus acólitos estaban amenazados. Pero rara vez fueron enviados a prisión. Hoy en día, no solo las y los activistas, sino también los ciudadanos comunes que publican un mensaje inadecuado en Facebook o que filman con sus teléfonos una situación delicada sin autorización en un hospital o espacio público pueden ser procesados por el llamado sistema judicial. Todos somos objetivos potenciales. Por supuesto, esta ola represiva tiene como objetivo suprimir el Hirak, pero también a toda persona que se atreva a criticar al régimen, en la calle o en las redes sociales. En octubre, una mujer de Jijel [en el noreste de Argelia, en la región de Kotama, Cabilia], organizadora sindical y miembro del Partido de los Trabajadores, fue condenada por socavar la institución estatal.  La razón de esto es que escribió un comentario en Facebook denunciando la brutalidad policial contra las mujeres. Esto sucedió en marzo de 2020. Seis meses después, fue citada a la comisaría de policía y llevada ante un juez. Con esta demostración de fuerza, las autoridades quieren dejar claro que mientras digas abiertamente lo que piensas, nunca estarás seguro.

Hay algo más que parece realmente nuevo: la centralidad de la noción de ciberdelincuencia que sirve para destruir lo que queda del espacio público de Argelia durante la pandemia.

Por supuesto, una vez que las y los hirakistas anunciaron la suspensión de sus manifestaciones, la gente usó las redes sociales para plantear sus reivindicaciones y expresarse libremente. Esto ha hecho de la vigilancia en línea una herramienta crucial para monitorizar a las y los ciudadanos y activistas, pero en combinación con otras medidas legales.

En abril de 2020, las autoridades modificaron el Código Penal para introducir fuertes sanciones para cualquier persona que denigre a una institución estatal o falte el respeto al presidente o a un ministro. Sin embargo, la gente sigue usando las redes sociales para expresarse, aunque el precio a pagar sea alto.

Ya había formas arbitrarias de censura y arresto bajo Bouteflika, particularmente dirigidas a las y los organizadores sindicales o blogueros, pero era posible criticar al presidente y a sus asociados. La represión bajo Tebún está más extendida y en total contradicción con las promesas que hizo cuando llegó al poder. ¿Hay aún forma de creer lo que dicen los portavoces del régimen?

Personalmente, no esperaba mucho de Tebún. Ahora la mayoría de la gente también está cansada de la situación de incertidumbre que siguió a la renuncia de Bouteflika. Algunos pensaron que la situación mejoraría bajo Tebún y que se cumplirían las demandas del Hirak. Pero la realidad rápidamente nos alcanzó. A pesar de todas las promesas y reformas, incluida la nueva constitución que una vez más garantiza los derechos y libertades de la ciudadanía, ninguna de ellas se implementará. Las mentiras ya no son una sorpresa, aunque no estuviéramos preparados para tal intento de sofocar al Hirak. Ahora la gente ha entendido que Tebún era solo otra manera de imponer un quinto mandato presidencial [à la Bouteflika].

Usted fue arrestado dos veces en el último año y encarcelado durante tres meses entre octubre de 2019 y enero de 2020. Usted ha sido acusado de atacar la integridad del Estado, entre otros cargos. ¿Cuál es su experiencia con el sistema judicial en Argelia? ¿Cómo se puede seguir siendo políticamente activo como opositor en espera de juicio?

No pretendo tener una experiencia única. Cuando fui liberado, reanudé mis actividades políticas, porque soy activista. Aunque sé que todavía estoy bajo vigilancia y que se me ha concedido la libertad provisional, soy un activista. Estuve activo en la década de 1990, cuando nos jugábamos nuestras vidas, no la cárcel. Y creo en aquello por lo que estoy luchando. Esto no significa que no tenga miedo o que a veces no esté desmoralizado. Esto no significa que no tenga miedo de la prisión u otras cosas que podrían sucederme. Pero luchamos durante más de 25 años para lograr esta nueva esperanza que es el Hirak, así que no me detendré después de tres meses en prisión.

Probablemente por eso desarrollaron el plan para arrestarme por segunda vez, el 14 de junio, para agregar un segundo conjunto de cargos. La ironía es que esta vez fui arrestado cuando no hacía nada. Las manifestaciones habían sido suspendidas. Las reuniones fueron suspendidas. Pero encontraron publicaciones en Facebook en las que pedía la liberación de los prisioneros de conciencia. Así que me arrestaron de nuevo y ahora estoy bajo control judicial. Supongo que esto supone que se me impide participar en reuniones y hablar con la prensa. Pero después de unas semanas, reanudé mis actividades políticas. No iba a esperar a que me dieran luz verde explícita para participar en reuniones. No soy el único en esta situación. Hay muchos ex prisioneros políticos que continúan [su activismo], pero con precaución. Tratando de tener en cuenta lo que podría llevarles a encarcelarnos de nuevo. Al mismo tiempo, es imposible estar absolutamente seguro, porque significaría estar absolutamente en silencio.

Así que cuando publicas en Facebook, tienes en cuenta que es un espacio donde se ejerce vigilancia y puede desencadenar represión.

Sí, fui particularmente prudente en las semanas posteriores a mi segundo arresto. El problema es que cuando miro mis publicaciones, no hay nada censurable, incluso en las publicaciones que usaron para justificar el arresto. Por ejemplo, pedí la liberación de dos hirakistas que habían sido arrestados en Timimoun, en el sur del país. No hicieron más que marchar con otras cuatro o cinco personas por las calles de Timimoun mientras el movimiento Hirak seguía operando en la calle. Cuando presentó el contenido de mi expediente, el juez de instrucción me preguntó: «¿Por qué pide su liberación, no conoce su expediente?» Si esa es la razón de mi arresto, ¿qué puedo decir? Estar a salvo es estar en silencio. En otro post que valió mi incriminación, el juez me criticó por escribir Tebún en lugar de Sr. Tebún.

Así es como construyen sus casos. No estoy llamando a un levantamiento violento. Escribo la palabra pacíficopacíficopacífico en casi todos los mensajes. Pero debo seguir hablando de cambio político, de personas presas políticas, del Hirak, o de lo contrario habrán ganado. Algunos amigos, abogados y activistas me dicen que no debería escribir cosas políticas. Algunas de las personalidades que fueron visibles durante la primera fase del Hirak y que posteriormente fueron arrestadas guardan silencio. Algo ha cambiado. A quienes más se ha escuchado desde 2020, especialmente en las redes sociales, es a las y los nuevos activistas que entraron en la política a través del Hirak, ya sean jóvenes o mayores.

Las manifestaciones de Hirak fueron una experiencia fundacional que llevó a la movilización de muchos sectores de la sociedad. Hoy en día parece haber una transición entre dos generaciones de activistas en Argelia. ¿Qué piensa de esta transición, el nuevo activismo de cientos, incluso miles, de jóvenes argelinos que se posicionan como una nueva vanguardia en la lucha por las libertades democráticas y sociales?

Cuando las marchas todavía estaban teniendo lugar y los periodistas me preguntaron qué era lo más positivo de este movimiento, respondí que era la movilización de la juventud, esta nueva generación que se unió a las luchas. Esto es algo que experimenté personalmente después de octubre de 1988, el compromiso masivo de una nueva generación de activistas.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Hirak. Por ejemplo, soy miembro del comité para la liberación de Mohamed Tadjadit. Algunos le llaman el Poeta de la Revolución. Es de la Kasbah [de Argel], por lo que su caso es altamente simbólico 3/. Cuando el comité se reunió por primera vez, más de la mitad de la sala estaba llena de jóvenes de los barrios populares. Es importante decir que las y los jóvenes luchan a través de las redes sociales, pero también sobre el terreno.

Ya no escuchamos tanto como antes a las y los políticos experimentados. Nunca es el momento adecuado, según ellos. Pero cuando organizamos reuniones o pequeñas marchas, en Argel o en el resto del país, las y los jóvenes se presentan. Esta generación se unió a la lucha en un momento en que la anterior se retiró completamente de ella. También es un problema. Después de 1988, mi generación fue apoyada por activistas mayores. Nos enseñaron los fundamentos de la organización en partidos políticos, asociaciones, etc. Hoy en día, esta nueva generación también debería beneficiarse de una transmisión similar de experiencia. Las personas que son quizás un poco más jóvenes que yo deben compartir lo que han aprendido. Hay herramientas, prácticas que se utilizan para evitar decir o hacer tonterías. El desafío para personas como yo es apoyar a la generación que entró en la política por el Hirak y está tratando de continuar su movilización en un contexto de represión permanente.

Hablando de desafíos, también hay severas críticas al Hirak, ya que hay quienes denuncian su falta de representación clara. Otras personas presentan al Hirak como un movimiento inmaduro y poco realista, incapaz de proponer nada concreto. ¿Cuál es su opinión sobre esta supuesta incapacidad para ofrecer una alternativa política al régimen?

La crítica es completamente normal. La realidad no debe evitarse. Debemos admitir que el Hirak puede haber fracasado en algunos aspectos, particularmente en su esfuerzo por organizarse de forma independiente. Las personas más visibles cuando el Hirak estaba en su apogeo, como Karim Tabbou o Mustapha Bouchachi, pueden haber carecido del coraje o la oportunidad de dejar claro que el Hirak necesitaba una estructura 4/. Por supuesto, había colectivos de jóvenes, colectivos de estudiantes, colectivos de artistas, colectivos de periodistas, colectivos de barrio. Pero no hemos logrado unificar estas iniciativas. Quienes podrían haber dicho algo, incluyéndome a mí, eligieron seguir al Hirak cuando rechazó la organización centralizada y las portavocías. Pero hay una diferencia entre la organización y tener portavoces. La primera es necesaria, lo segundo no lo es. Así que aquí nos enfrentamos a este déficit organizativo, y reconocerlo es aceptar la realidad.

Pero también hay algunos individuos aislados, como Kamel Daoud, que dicen que el Hirak ha fracasado en su conjunto, y es una vergüenza 5/. Ni siquiera el régimen dice que el Hirak haya fracasado. Afirma que facilitó el nacimiento de una nueva Argelia y que ahora ha terminado. Quiero ser claro: Kamel Daoud tiene derecho a escribir lo que quiera, incluso si es principalmente para su audiencia en Francia. Pero afirmar que el Hirak ha fracasado es ignorar a las y los miles de jóvenes que están tratando de mejorar el estado de su país uniéndose a la lucha social y política. Esto es ignorar propuestas muy concretas que han sido formuladas pero ignoradas por el régimen.

Esta posición tampoco tiene en cuenta iniciativas que hoy reúnen a personas que no hablaban entre sí, que no se conocían antes. A pesar de la represión, la gente habla entre sí gracias al Hirak. De este a oeste, de norte a sur. Es una victoria. Cuando sean detenidos o encarcelados, las y los argelinos en el norte del país se movilizarán para defender a los argelinos en el sur y viceversa. Estas son cosas que quienes rechazan al Hirak no quieren reconocer, como si necesitaran validar una forma de pensar colonial que presenta a los árabes como incapaces de organizar y liderar una revolución.

Como si no fuéramos capaces de emanciparnos de un régimen dictatorial y aspirar a algo mejor sin ayuda extranjera. Algunos oponentes prominentes tienden a tratar a las y los hirakistas como si fueran niños. Esto realmente se asemeja a los discursos de las autoridades coloniales y el régimen. Representan a los prisioneros de conciencia como alborotadores, como si la represión fuera el resultado de sus errores. Después de un tiempo, serán liberados. Y si no han aprendido su lección, regresarán a la cárcel.

Debido a la colonización y la emigración, la política argelina también es parte de un marco internacional más amplio. Hay una tensión constante entre una cultura política muy nacionalista y la transnacionalización de facto de las luchas políticas. Usted mismo es binacional, argelino y francés, pero no puede salir del país. A un nivel más macro, la diáspora argelina ha apoyado muy activamente al Hirak, en París, Londres, Montreal y otros lugares. Conocí a hirakistas muy implicados en el Área de la Bahía de San Francisco. Pero las fronteras del país han estado cerradas desde el comienzo de la pandemia. En este contexto, ¿cuál es el impacto del apoyo de estas y estos argelinos que viven en el extranjero? ¿Puede compensar el hecho de que la mayoría de la gente del hirak esté atrapada actualmente dentro de las fronteras nacionales en Argelia?

Personalmente, estoy luchando por una causa en uno de mis dos países y no estoy obsesionado con Argelia todo el día. Pero mi internacionalismo ciertamente se encuentra con la realidad de una cultura política específica centrada en la nación, que sospecha de la interferencia extranjera. Por supuesto, ser binacional no ayuda, porque desde la independencia, durante décadas, el régimen ha hecho todo para alimentar la sospecha [sobre los binacionales]. Se ha entrenado a la gente para tener miedo y rechazar cualquier discurso desde el extranjero. Esto también es cierto para las élites culturales que caen en la trampa del régimen y descuidan la contribución de las y los argelinos que viven en el extranjero.

Sin embargo, con el Hirak, y más aún ante la pandemia y bajo la represión que se está produciendo, los argelinos en el exterior nos apoyan enormemente, con todo su trabajo intelectual, con sus esfuerzos por mantener la movilización y el apoyo a los presos políticos. Pero la cultura de la sospecha y ciertas medidas legales introducidas por el régimen les impiden ser plenamente reconocidos como ciudadanos esenciales y contribuyentes esenciales para la revolución. Lo experimenté aquí. Ser desacreditado por el régimen no es una sorpresa. Pero algunos socios, e incluso amigos activos en las fuerzas democráticas, consideran que las personas binacionales son intrínsecamente sospechosas y menos legítimas, a pesar de todas sus aportaciones.

Esto nos lleva a la cuestión de nuestra movilidad limitada. Si tuviera la oportunidad de viajar, de ir al otro lado, ciertamente podría contribuir más al Hirak, organizar acciones de solidaridad a través del Mediterráneo y denunciar en los medios franceses lo que está sucediendo aquí. Es paralizante para todos. No poder viajar, no poder salir del país, no es fácil. Damos vueltas sobre nosotros mismos. Para ser justos, este ya era el caso de mucha gente en Argelia antes de la pandemia. Pero la covid-19, la represión y la crisis económica han agravado la situación. Hay muy pocos vuelos a Europa. También es muy difícil viajar dentro del país. Muchas y muchos hirakistas no pueden moverse de una ciudad a otra. Solo las y los abogados están constantemente en camino para asistir a los juicios.

Volvemos a un sentimiento de claustrofobia, de confinamiento, una versión acentuada de lo que ya experimentamos bajo Bouteflika. Desde el punto de vista de un activista, lo primero que hay que hacer es aguantar. Luego debemos seguir organizándonos con el apoyo de la gente argelina del extranjero. El objetivo es estar listo para reanudar la lucha lo antes posible.

Entrevista publicada por MERIP, Middle East Report Online, 16 de febrero de 2021 traducción al francés redacción A l’Encontre:

http://alencontre.org/afrique/algerie/le-hirak-algerien-entre-mobilisation-et-emprisonnement-entretien-avec-hakim-addad-conduit-par-thomas-serres.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

1/    La Primavera Negra de Cabilia fue un movimiento de protesta desencadenado por el asesinato de una estudiante de secundaria, Massinissa Guermah, en abril de 2001 por un gendarme militar, que provocó varios meses de disturbios y disturbios en Cabilia y Argel. Los disturbios causaron una brutal respuesta policial que mató a más de 100 manifestantes. (MERIP)

2/    Con el fin de asegurar su posición y equilibrar la influencia de los oficiales militares, Bouteflika formó una red de afiliados políticos y capitalistas compinches unidos por intereses comunes en lugar de por convicciones. Aunque marcado por la relativa estabilidad y el fin de la violencia política, su mandato también se caracterizó por la fragilidad económica, el malestar social, la corrupción omnipresente y el profundo descrédito de la clase política. (MERIP)

3/    La Kasbah es el casco antiguo ubicado en el corazón de Argel. Durante la Batalla de Argel (1956-1957), este distrito fue un semillero de resistencia anticolonial y fue particularmente blanco de los paracaidistas franceses. Después de la independencia, siguió siendo un barrio popular y un símbolo de resistencia popular. Se encuentra cerca del Palacio de Gobierno y del Congreso Nacional del Pueblo. (MERIP)

4/    Karim Tabbou es un opositor político, líder de la Unión Democrática y Social. Fue encarcelado por el régimen desde septiembre de 2019 hasta julio de 2020. Mustapha Bouchachi es un conocido activista de derechos humanos y expresidente de la Liga LADDH-Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos. (MERIP)

5/    Kamel Daoud es un galardonado autor en francés. Aunque se posiciona como un opositor al régimen, ha despertado múltiples controversias al dibujar un retrato despectivo de sus conciudadanos y declarar que el Hirak ha fracasado. Daoud es particularmente bien recibido en Francia, donde reside. (MERIP)

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