El hábito de obedecer y servir

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Por Iñaki Urdanibia

« Pensamiento más libre que el de Étienne de La Boétie, no es fácil encontrarlo. Firmeza singular de un propósito de un hombre joven todavía adolescente : ¿ por qué no un Rimbaud del pensamiento ? »

( Pierre Clastres )

« Son grandes porque estamos de rodillas »

( Étienne de La Boétie )

Imposible resulta referirse al natural de Sarlat ( 1530 – 1563) sin relacionarlo con Montaigne, quien se convertiría en íntimo amigo y podría decirse que en albacea de sus obras. Desde que autor de los Ensayos tuviese conocimiento de algunos escritos de quien llegase a ser Consejero en el Parlamento de Burdeos no paró hasta conocerlo; tal fue la impresión que los textos de éste provocaron en el bordelés. Es más, las dedicatorias y la inclusión del texto-estrella, Discurso de la servidumbre voluntaria, en sus propios Ensayos, dan cuenta de su admiración y del sentimiento de que los escritos de su amigo debían ser difundidos ya que eran una defensa de la libertad y de la democracia ejemplar. Algunas esquivas ( ¿ tergiversaciones?) sí que se dieron por parte de Montaigne para evitar cualquier confusión acerca de la lucha que se daba entre los protestantes y católicos en los territorios galos.

Varias fueron las vicisitudes del escrito, desde la publicación por entregas que pasaban de mano en mano, hasta las diferentes versiones en que fue presentada hasta la edición definitiva de la fecha que señalo , escrito que dejó su impronta en la posteridad y que sirvió de arma en el momento , para algunos, en sus enfrentamientos religiosos, escorando el texto hacia las posturas calvinistas. La sombra del escrito de La Boétie, asomaba en las páginas iniciales del Tractatus Theologico-politicus de Spinoza ( cuando mostraba su sorpresa ante la postura de algunos hombres que parecían esforzarse más en lograr su esclavitud que su libertad), en algunos escritos del enragé Marat y en tiempos posteriores, en los que obtuvo notable presencia en el pensamiento político de la actualidad ; muy en concreto en los años setenta del siglo pasado, en Francia, cuando la obra fue publicada por la editorial Payot ( 1978) en su colección Critique de la politique, dirigida por Miguel Abensour; la edición iba acompañada de una contextualizadora presentación del propio Miguel Abensour y Marcel Gauchet, y unos comentarios de Pierre Clastres y Claude Lefort, y algunos más [ quisiera señalar que de las traducciones del texto al castellano me atrevo a recomendar la publicada por Trotta en 2008, que además de retomar el ensayo del social-bárbaro Claude Lefort, El nombre del Uno, contiene una jugosa presentación de Esteban Molina sobre los avatares históricos de la publicación de la obra; alguna traducción anterior, la publicada por Tecnos en 1986, tenía un estudio preliminar que convertían al autor como un meapilas de tomo y lomo, cosa que considero injusto a a todas luces ya que ponía el acento en aspectos menos esenciales que el esencial papel que el texto supone en el campo de la teoría política. Dicho queda].

La pregunta clave que mueve al pensador a rumiar sobre lo político es la estupefacción que le genera que no pocos hombres aguanten a un tirano sin oponerse a él, y no sólo eso sino que obedeciendo y hasta sirviendo a dicho ser… el quid de la cuestión apuntada reside en « ver un millón de millones de hombres, teniendo en cuello bao el yugo, no constreñidos por una fuerza muy grande, sino en cierto modo – parece- encantados y prendados por el solo nombre de UNO…» ¿ Cómo puede ocurrir eso?( resuena la pregunta de Wilhem Reich cuando señalaba que lo sorprendente resultaba que los pueblos no se rebelasen). El repaso que el autor da a los asuntos básicos de lo político, resultan de una solidez que hace que las interrogaciones planteadas conserven todavía hoy una absoluta pertinencia, y hace que su mirada se retrotraiga a tiempos pretéritos en los que se fundase la política basándose en la división entre quienes ordenan y quienes obedecen. En su visión, no es la fuerza de cuerpos armados los que conducen a los ciudadanos a servir al detentador del poder sino un cierto- digamos que enamoramiento , que en el fondo, y en la forma, es una forma de narcisismo individual que deviene grupal; es decir, sentirse arropado y, en cierto sentido, sentirse como parte de quien detenta el mando, provoca seguridad y consuelo, alejando a los individuos de la soledad y la inseguridad que provoca la crítica o la asunción de posturas propias…por asociación de ideas me vienen a la mente las sagaces precisiones de Erich Fromm cuando hablaba del miedo a la libertad, que hacía que se obedezca los mandatos provenientes del poder, sin chistar y hasta con cierto gusto, ya que la soledad y la autonomía personal resulta muy exigente. En cierta medida, también viene al hilo , salvando las distancias qu se hayan de salvar, la teoría de Ludwig Feuerbach con respecto al proceso de creación de dios por parte de los humanos; esta alienación religiosa suponía otorgar todos los valores y poderes a un ser inexistente al tiempo que quienes los otorgaban se iban vaciando a sí mismos de toda potencia, todo valor, ya que lo habían entregado al ser imaginado, que servía – por otra parte- para provocar consuelo y supuesta protección. Pues bien, del mismo modo , la propuesta de La Boétie presenta la concesión de todos los valores, hasta los propios de la propia identidad personal, al Uno, que a su vez es considerado como prolongación de uno mismo. Y esta sumisión hace que la libertad quede limitada y hasta anulada: « la libertad, un bien tan grande a agradable…un vez perdida , todos los males se hacen patentes, y los bienes mismos que aún duran pierden enteramente su gusto y su sabor, corrompidos por la esclavitud. La libertad sola no la desean los hombres, por la sencilla razón, a mi entender, que si la deseasen la tendrían, Es como si rehusaran a realizar esta bella adquisición, tan sólo porque es demasiado fácil ». La renuncia a la libertad, el bien más preciado, el que nos convierte en humanos, es una renuncia fundamental que evita el recurso a la amistad entre todos los humanos, que poseen la capacidad del lenguaje como propiedad y característica fundamental, amistad de la que no goza el Uno en su soledad.

Curiosa posición, la de los humanos, que les conduce a « hacer tantas indignidades que las bestias mismas no aguantarían ni sufrirían – y aconseja – podéis liberaros si ensayáis no siquiera a libertaros, sino únicamente a querer ser libres. No deseo que le forcéis, ni le hagáis descender de su puesto; sino únicamente no sostenerlo más; y le veréis como un gran coloso al que se ha quitado la base, y por su mismo peso se viene abajo» ( metáforas en este orden de cosas se ha ideado: gigantes con pies de barro , de Vladimir Illich Ulianov, o aquellos tigres de papel del gran timonel).

Y afirmando que todos somos libres, y compañeros además de estar en posesión de sentimientos lo que hace que la sujeción sea juzgada como un mal, destaca como hay algunos seres, ejemplares, que escapando de estas engañosas redes del poder mantienen en alto la bandera de la autonomía y la libertad, y subraya que « ciertamente, a todos los hombres y en cuanto tienen algo de hombres, antes de dejarse subyugar, les ocurre una de estas dos cosas: o son coaccionados o burlados», otra cosa será plegarse a tales condiciones o no aceptarlas ( es aquello de vivir de pie o de rodillas)…y en esta tendencia a asumir la servidumbre juega un papel importante la costumbre que se erige en una nueva piel, en contradicción con la naturaleza libre de los humanos, haciéndoles aceptar lo inaceptable. Ciertas líneas también suenan a la tolerancia represiva de la que hablase Herbert Marcuse , y por encima de todo el grito rebelde de Non serviam.

Texto fundamental de la teoría política, muchas veces mantenido al margen, que apunta a cuestiones esenciales como indica Esteban Molina: ya que supone « un acercamiento a lo político como ámbito de representación y de acción inmanente y autónomo; original aportación a la manera de entender la ficción que está en la base de la tiranía , y propone una política de la amistad en clave política». Una apuesta que suponía además de una nueva mirada sobre la fundación de la política- evitando la mirada desde arriba propuesta por Maquiavelo – que se extendía del terreno de las leyes y el gobierno a las esferas de las costumbres que serían las propias de un pueblo libre; y si el italiano quería ver cómo combinar el poder con la libertad, el de Sarlat partía de la libertad contra el poder.

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