Feminismo y micropolítica Congreso Latinoamericano de Comunicación

Por Mabel Bellucci

Por Mabel Bellucci. Es un homenaje a esos grupos germinales feministas porteños, de los setenta, que prevalecieron al margen de la gran sedición por la toma del poder. De allí que con sus singularidades eludieron la ruta central, corriéndose a los bordes, es decir, desde un devenir minoritario impulsaron prácticas micropolíticas. Congreso Latinoamericano de Comunicación […]

Por Mabel Bellucci. Es un homenaje a esos grupos germinales feministas porteños, de los setenta, que prevalecieron al margen de la gran sedición por la toma del poder. De allí que con sus singularidades eludieron la ruta central, corriéndose a los bordes, es decir, desde un devenir minoritario impulsaron prácticas micropolíticas.

Congreso Latinoamericano de Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales-UBA

 Mesa Cuerpo y género “Feminismo y micropolítica”
 Área Cuerpo y comunicación

El Grupo de Política Sexual

A partir de los años sesenta, un número de colectivos homosexuales de las principales urbes centrales acordaron plenamente sobre la trascendencia del feminismo acerca de su impulso de dar batalla en cuanto a la liberación sexual, no solo en la teoría sino también en la práctica, en especial, el “Front Homosexuel d’Action Révolutionnaire” (FHAR) fundado en febrero de 1971 en París, fue el resultado del acercamiento entre un pequeño grupo de lesbianas feministas y activistas homosexuales, tal como se autodenominaban en aquel entonces, que continuaron la estela de los levantamientos estudiantiles y obreros del Mayo Francés. Casi en simultáneo, el primer grupo gay-lésbico universitario, Gay Academic Union (GAU) en Estados Unidos, llevó a dicha institución los debates en torno a las minorías y culturas sexuales que tomaba como modelo los programas de Women´s Studies. En resumidas cuentas, tal como lo declara categóricamente el activista Dennis Altman en su libro Homosexual Oppression and Liberation (Homosexual: Opresión y Liberación): “Sin el ejemplo de los negros, los jóvenes radicales y básicamente del movimiento feminista de análisis cada vez más sofisticadas para ejercer una mirada crítica sobre la cultura sexista, la liberación homosexual no habría nacido bajo el grito de Stonewall, en 1969. Desde los orígenes del Movimiento de liberación de la Mujer (MLM), en Estados Unidos, en los grupos de autoconciencia se planteó la siguiente premisa: “Partimos de la experiencia, hacemos elaboraciones teóricas que luego volcamos a las prácticas”. De una manera u otra, estos presupuestos aportaron argumentos para luchar los colectivos de disidencia sexual junto con feministas, estrategia verosímil a realizar en un futuro cercano en Buenos aires. Entonces con esos antecedentes internacionales de alianzas, rápidamente, hacia 1972, Néstor Perlongher percibió que las revueltas de las minorías sexuales eran parte de esa gran masa crítica que a modo de diluvio universal azotaba las más profundas raíces del capitalismo en expansión. En consecuencia, con la premura de un activista de garra, se involucró no sólo en las huelgas obreras, estudiantiles sino también en el feminismo local para pergeñar un enfoque más combativo en torno a las sexualidades y las luchas contra la discriminación en sus caras más diversas. Con un espíritu de arrojo convocaba a coaliciones con las mujeres para encarar a un mismo enemigo en común: el machismo autoritario. Se podría considerar que su accionar político resultó una suerte de alianza que implicaba generar un auténtico laboratorio de pugnas y modos de resistencia alrededor de una premisa ambiciosa para la época: “Erotizar la política y politizar el cuerpo”. Consigna que sintetizaba, por un lado, un enfrentamiento a la heterosexualidad compulsiva, de la que años después la activista, poeta y filósofa lésbofeminista Monique Wittig definirá como régimen político. Por otro lado, apuntaba su lanza impiadosa hacia el lucro usufructuado del capital. 

En una circular del mítico Frente de Liberación Homosexual (FLH) -sin fecha ni firma aunque se supone que fue escrita por el poeta- reseñaba la existencia de grupos que apelaban a su formación política “y en el seno de las reuniones se esbozaban técnicas de concientización tomadas del feminismo- que pretendían descubrir a partir de discursos individuales sobre un tema (la familia, el amor, la pareja) y los lineamientos comunes de la opresión en una fuerza de modificación revolucionaria”. Mientras que el libro Para la Liberación del Segundo Sexo, compilado por Otilia Vainstock y publicado por Ediciones de La Flor, en Buenos Aires, 1972, reproducían un manifiesto del Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM), en el cual se invocaba nuevamente al armado de alianzas de este tenor. Por último, en el peregrino panfleto Sexo y revolución, editado también en ese mismo año, el FLH consideraba “que el sexo es una cuestión política. A partir de que la política es algo que se ejerce en todos los momentos de la vida cotidiana y que se trasluce en todas nuestras elecciones, por íntimas que sean. Por ende el cuestionamiento revolucionario de la sociedad de dominación debe entenderse a todas sus esferas de actividad. Los sentimientos, los afectos no deben dejarse en manos de la moral burguesa, la cual reconstruirá sus baluartes a partir de ellos”.

Si bien los manifiestos del FLH rara vez aparecían con firma autorial, sus producciones invariablemente eran anónimas. Gran parte de los textos que este grupo elaboraba para intervenir en la acción pública, poseían dejos de lecturas insondables. No siempre trataban obras precisas de autores específicos, a la usanza de la academia hegemónica actual, sino más bien de órbitas de pensamiento y afinidades filosóficas, de climas epocales que rondaban en el aire, y que aun sin contar con un conocimiento erudito y acabado de esos materiales, sin embargo, los destinaban para la barricada intelectual. Cualquier persona que hoy lea sus escritos se preguntará de dónde surgían estas ideas tan anticipadoras. Siguiendo las teorías de Gilles Deleuze y Félix Guattari, toda enunciación es siempre una enunciación colectiva, no existe una autoría que surja de la nada absoluta, desde un lugar cerrado e individual, tal como pregonó el mito de la Ilustración.

Coaliciones político/afectivas

Y tal como había ocurrido en esas latitudes del Norte, el FLH desde 1972 entabló un diálogo ameno con la Unión Feminista Argentina (UFA) y el Movimiento de Liberación Feminista (MLF), las primeras organizaciones feministas a inicios de los años setenta que emergían en el paisaje porteño.

A contramano de las prácticas políticas de tal coyuntura historíca tan particular que atravesó no sólo Argentina, el FLH con todo un posicionamiento disruptivo en el revolucionarismo de Buenos Aires, suscribía un acuerdo sui generis en el cual nada ni nadie deberían ser excluidos. Para esta agrupación, todas aquellas personas explotadas y oprimidas por ese mismo sistema, que además margina a los homosexuales, simbolizaban una cofradía dispuesta a conquistar la liberación tanto social como sexual con un brío emancipatorio.

Ahora bien, se constituyó el Grupo de Política Sexual (GPS) y como corresponde a una algarada pionera. Al principió se llamó “Grupo de Estudio y Práctica Política Sexual” una designación pretenciosa. Con el transcurrir de los acontecimientos pasaron a nombrarse “Grupo Política Sexual” (GPS). Su origen fue un tanto difuso. Paso a relatar: En marzo de 1972 la revista 2001 armó una mesa redonda llamada “Sexo y Liberación”, una urgencia temática del momento histórico. Para participar en el panel fueron invitados el psicoanalista Carlos Coquet; el escritor Eduardo Goligorsky, la psicóloga Sara Glikin, el periodista Miguel Grinberg, el estudiante de periodismo en ese entonces Osvaldo Baigorria; el psicólogo Luis Karpt, Norma y Pablo Lamas, ambos editores gráficos. En cuanto a esta dupla, Baigorria recuerda un dato sabrosísimo por lo picante: “En esa oportunidad no se presentaron por su profesión sino como una pareja interesada en explorar la apertura de las relaciones matrimoniales y familiares”1. La inédita y, por cierto, inicial velada se realizó en los salones de Argentores. Por lo publicado en 2001 allí no emergieron grandes consensos por entender a cuál de las dos revoluciones había que ir al encuentro o comprometerse primero. En efecto, las y los invitados eran testigos de la sucesión de experiencias que en esos tiempos se estaban llevando a cabo tanto de una como de otra, pero por caminos separados sin que una sociedad incluyese dentro de sí ambas transformaciones radicales. Además, estos insistentes polemistas no alcanzaban a convenir un diagnóstico final sobre si las nuevas prácticas sexuales y eróticas que embrionariamente se exploraban en las sociedades voluminosas no respondían a una variante meramente hedonista como coartada para sustraerse de una realidad social conflictiva mucho mayor. Es decir, que el nuevo desorden amoroso también representaba una forma de reprimir la sexualidad al darles a las personas como espectáculo la mercancía sexual. Incluso más, reprimir todas las diversas manifestaciones sexuales incluía además defender el mecanismo del trabajo alienado para que el capitalismo prosiguiese con su reproducción. La nota de la revista 2001 terminaba proponiendo que la discusión de ninguna manera quedaba cerrada y los integrantes de la redacción esperaban los aportes de sus lectores en cuanto a experiencias y opiniones. Por supuesto, que no faltaban dardos contra los llamados socialismos reales que, al no cuestionar tanto a la familia como al sistema machista, asentía a que las estructuras autoritarias permanecieran intactas por más que se haya hecho un cambio en la explotación económica. Entonces ¿qué secuencias generó ese debate que se había dado en marzo de 1972? De inmediato, el FLH realizó su aporte mediante un extenso texto, en el cual la pluma de Perlongher se revelaba a simple vista, aparecido en la revista 2001, dos ediciones más tarde. ¿Cómo llegaron a oídos del poeta activista estos controvertidos jaleos? Será un secreto jamás develado. Habrá tantas hipótesis como dudas al respecto. Lo importante era su planteo: “La liberación sexual es al individuo lo que la liberación social es a la sociedad. Es necesario provocar una revolución cultural, entendiendo como tal el conjunto de cambios en lo cotidiano, político, social, económico necesarios para la existencia de un hombre libre en una sociedad no autoritaria. La familia es una unidad básica de reproducción, es

la micro-sociedad capitalista organizada de acuerdo a un sistema heterosexual fundamentado en la represión de la sexualidad y el placer. Los homosexuales son aquellos varones o mujeres que renuncian a cumplir el proyecto sexual establecido”2. Y con una visión muy de la época, partía de la definición por clases sexuales. Además, hacía un llamado a los varones heterosexuales a que renunciaran a sus privilegios para que esa multiplicidad de identidades sometidas convergiese en un frente amplio de liberación sexual.

Después de haberse realizado la mesa redonda “Sexo y Liberación” se convocó a los seguidores para que reflexionasen en torno a la polémica presentada. Así, se reunieron alrededor de cincuenta personas de todo tipo de talante: juventudes anarquistas, parejas que ambicionaban probar otras recetas por fuera de la heterosexualidad, feministas, nudistas, místicos, partidarios de la liberación sexual de menores, pacifistas, varones heterosexuales concientizados. En esa ocasión, conocí a Perlongher, dice Baigorria.3” En fin, esa galáctica psicodélica e izquierdista consistía en un abrigadero de mortales que deseaban experimentar vivencias más intensas y, a la vez, radicalizar sus cotidianeidades y discursos. Como suele suceder con las convocatorias espontáneas, luego de un tiempo, varios integrantes decidieron replegarse y armar un grupo de afinidades. En esas entradas y salidas, transitaron desconocidos, conocidos, activistas, personas salidas del clóset y otras que más tarde quisieron olvidar la propuesta. De acuerdo al testimonio de la poeta y feminista Hilda Rais en la entrevista “Cuando las mujeres dijeron UFA”, este colectivo eligió su linaje inspirándose en la obra Sexual’s Politics (La Política del Sexo)4, tesis doctoral que dio la vuelta al mundo, de la escultora y feminista estadounidense Kate Millet. Entre tanto, el escritor Osvaldo Baigorria propone que “Wilhem Reich fue el referente -guía para el activismo revolucionario sexual durante la posguerra”5. En 1930, Reich participó en el nacimiento de la “Asociación Alemana para una Política Sexual Proletaria” conocida también como Sex-Pol o Sexual Politik (Política Sexual), cofradía deseosa por unificar la diversidad de los movimientos sexuales existentes.

Al final, sus iniciadores fueron Perlongher, Eduardo Todesca, Norma y Pablo Lamas, Osvaldo Baigorria y otros pocos más. Llenos de convicciones, atentos a los sucesos dentro y fuera de su entorno, se tomó contacto no solo con las organizaciones feministas sino también con gente dispersa, venida de otros universos culturales pero que disentían con el modelo patriarcal imperante. Nuestra armata Brancaleone bregaba, según Baigorria, “por el libre ejercicio de la sexualidad como un intento de franquear los límites de una revolución venidera. Preocupaciones sobraban aparte de lo presupuestado, había un franco interés por demoler los famosos edictos policiales que permitían el abuso impune de la autoridad. Las razzias policiales utilizaban como fundamento para su accionar violento los edictos y la Ley de Averiguación de Antecedentes”6. Sin más, comenzaron sus encuentros en aquellos lugares que tenían más a mano, sea en el barrio de Avellaneda, en el departamento de Perlongher o en una casa señorial de Flores, sobre la calle Boyacá. Poco después, se trasladaron a la oficina de María Elena Oddone, en la avenida Corrientes, tal como rememora Marta Miguelez7. Y con el tono de tertulia necesaria para el funcionamiento de un salón literario, a semejanza de los conocidos en el mundo parisino del siglo XVIII, las y los integrantes del GPS se juntaban para avanzar un paso más en torno a las lecturas grupales. Desaprobaban la organización genital compulsiva y reivindicaban la emancipación del deseo. Baigorria lo definió como una usina ideológica del liberacionismo sexual. Sus talantes cruzaban textos del universo clásico del marxismo, del feminismo y del psicoanálisis con la intención de profundizar cambios radicales alrededor de las sexualidades y combatir cuanta sumisión posible hubiese bajo un régimen de explotación sexual y de clase. Devoraban El malestar de la cultura de S. Freud, Contribución a la crítica de la economía política de C. Marx, El origen de la familia de F. Engels, Psicología de masas del fascismo de W. Reich, Eros y Civilización de H. Marcuse, Política Sexual de K. Millet, La dialéctica del sexo de S. Firestone, El Segundo Sexo de S. de Beauvoir, El informe de Masters and Johnson, y Diario de un educastrador de Jules Celma.8 Por lo pronto, concebían una mixtura de interpretaciones a través de Marcuse y Reich como así también una radicalización del marxismo freudiano, tendencias reinantes en el campo intelectual contrahegemónico de ese entonces.

Nuestras antecesoras

Al poco tiempo, ingresó Sara Torres. Después se sumaron otras compañeras de UFA- Hilda Rais, Marta Miguelez- junto con María Elena Oddone del MLF. De esta suerte, se entreveraron para erosionar los cimientos de la opresión en común, bajo un esmerado anhelo por combatir cuanta sumisión posible hubiese bajo un régimen de explotación sexual y de clase.

Hilda Rais recuerda el comienzo de los grupos de estudio: “Empezamos a trabajar con los chicos del FLH que había arrancado poco antes. Nos conectamos porque ellos estudiaban el feminismo. Ahí estaba Néstor Perlongher, de formación marxista, de una lucidez enorme. Entonces nos juntamos con algunas feministas de UFA, María Elena y un varón heterosexual español, demógrafo”. Ese sería el anarquista español Martín Sagrera Capdevilla. Escribió dos libros sobre el estado actual del aborto voluntario en los hospitales públicos en Buenos Aires.

Mientras Marta Miguelez relata: “Nuestro aporte como feministas consistía aparte de leer, escribir, provocar tanto discusiones como acciones era hacer cotidianas nuestras prácticas políticas. No solo nos preocupábamos por la teoría sino que también colocábamos frenos a las actitudes machistas que aparecían en los varones integrantes del grupo y que percibíamos de inmediato.”9

Con arranques marcadamente declaracionistas, el GPS también elaboraba documentos de consenso sin un destinatario concreto, es decir, nadie recogía la botella a la deriva en el mar pero tampoco representaban palabras arrojadas al viento.

De alguna manera, quizás a sabiendas pero no del todo, la apuesta del GPS con su investigación consistió en desarticular el clásico esquema marxista basado en las categorías dominación/revolución, a través del cual el poder solo emana de las estructuras económicas. Se diría entonces: “Esto significa que siendo autoritaria las relaciones sociales, la mejor forma de internalizar la autoridad es domesticar aquellos impulsos vitales que no reconocen otro principio más que el placer y no exigen otra cosa más que la libertad absoluta para obtener gratificación permanente.”

Como cierre, sin estirar demasiado la cuerda, probablemente se descubra en el GPS un foco insurreccional teórico sin el sostén de la estructura filosófica de lo que más adelante proveerá el postestructuralismo francés. El Antiedipo de Gilles Deleuze y Félix Guattari se publicó en 1972 y Vigilar y Castigar de Michel Foucault, tres años después.

El arrojo intelectual de este grupo comprometido en politizar la sexualidad y conformar coaliciones entre disidencias minoritarias sirve como un antecedente próximo de lo que hoy se conoce como teoría queer. No para decir que lo queer comienza entonces o para hacer anacrónicas lecturas de hechos anteriores, sino para entender que lo que en este presente llamamos queer abreva desde tiempos previos en todos los excluidos no solo sexuales sino del pensamiento heteronormativo.

1 Ibídem

2 revista 2001 mayo de 1972.

3Entrevista realizada por la autora el 10 de octubre de 2012

4 Entrevista realizada por Moira Soto, publicada en Página 12 en el Suplemento Las 12, 8 de enero de 2010.

5 Entrevista realizada por la autora el 10 de octubre de 2012.

6 Entrevista realizada por la autora el 10 de octubre de 2012

7 Entrevista realizada por la autora el 6 de julio de 2012

8 Ibídem

9Entrevista realizada por la autora 6 julio de 2012

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