El gobierno hace un regalo a las empresas gasistas (y eléctricas) a cuenta de los consumidores


A primeros de año comenzó a aplicarse la nueva normativa que afecta a las instalaciones domésticas de gas. Son de esas leyes que pasan desapercibidas, pero que afectan al bolsillo, al bolsillo de todos los españoles. Y a los beneficios de los grandes truts eléctrico-gasistas del país.

Alguien dijo que política era el arte de sacarles los cuartos a los gobernados, y alguien afirmó por escrito que los españoles pagaban el precio más alto de Europa por el metro cúbico de gas natural.

Hasta la entrada en vigor de esta nueva normativa, las empresas suministradoras de gas natural y las de butano, tenían la obligación de inspeccionar periódicamente las instalaciones de gas de sus clientes para comprobar que no había fugas y que cocinas y calderas funcionaban correctamente. Esta inspección, al ser una obligación de la empresa, era gratuita para el cliente, el cual, a su vez, tenía que hacer por su cuenta una revisión de su instalación cada cuatro años. Con esas dos comprobaciones, la antigua ley pretendía que cada dos años alguien pasara a comprobar que todo estaba bien. Pero la malicia de los jefecillos de los departamentos comerciales de las poderosas empresas eléctrico-gasistas enseguida se dieron cuenta de que ahí había un filón para sacarle dinero al cliente confundiéndole o haciéndole suscribir seguros y contratos de mantenimiento.

Ahora, con la nueva normativa gasista, esas inspecciones que antes eran gratis van a ser de pago y obligatoriamente con la empresa suministradora que, como es natural, las realizará con personal subcontratado y sobreexplotado. Un gasto más para el cliente y un ingreso más para la empresa suministradora. Monopolio, abuso comercial y explotación laboral bordeando los linderos de la ilegalidad.

Al parecer, las consejerías de Industria de las autonomías y las empresas suministradoras aún no se han puesto de acuerdo sobre la cantidad de dinero a extraer del bolsillo del pagano, ese es el motivo de que no se estén efectuando las inspecciones de las instalaciones domésticas y comerciales que se deberían de haber realizado. Como se suele decir, la avaricia rompe el saco; esperemos que tanta avaricia no provoque un rosario de explosiones y muertes.

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