El “Gallego” Libertador, José de San Martín

 A pesar de que  la mayoría de los aspectos de la vida del General Don  José de San Martín, son muy conocidos por las extensas obras biográficas realizadas, aun sigue habiendo curiosidades o etapas poco divulgadas de su historia.

En el imaginario colectivo de los argentinos, nuestro libertador tiene los rasgos y la personalidad que había marcado Bartolomé Mitre y la historia oficial. El mitrismo intento resaltar su antiespañolismo, desvirtuando sus orígenes peninsulares, sus sentimientos, su formación cultural que había forjado en la “Madre Patria”. Lo transformaron en un anti español, cuando en realidad fue un consecuente anti absolutista, que se posiciono en su momento, con los sectores más avanzados de la España Liberal, influenciada por la Revolución francesa.

Hagamos un poco de historia del  Libertador: José Francisco de San Martín y Matorras había nacido el 25 de febrero 1778 en Yapeyú, en una antigua misión jesuítica a orillas del río Uruguay, situada en la Provincia de Corrientes. Sus padres Juan de San Martín y Gregoria Matorras del Ser,  eran españoles, del Reino de León. Don Juan era de villa deCervatos de la Cueza (Palencia) y su madre de Paredes de Nava (Palencia)

La pareja se casa en Buenos Aires el 12 de octubre de 1770 y  se radica en Corrientes tras el nombramiento  de Don Juan, como primer teniente gobernador de la Gobernación de las Misiones Guaraníes. Ya por entonces la Compañía de Jesús había sido expulsada de los territorios bajo dominación Borbónica.

San Martín fue el menor de cinco hermanos: María Elena (18 de agosto de1771), Manuel Tadeo (28 de octubre de1772) y Juan Fermín (5 de febrero de1774), nacidos en la Real Calera de las Vacas, jurisdicción de la parroquia de Las Víboras, y Justo Rufìno (1776), nacido ya en Yapeyú como su hermano José Francisco.

Entre 1781 y 1784, la familia residió en Buenos Aires, pero después decidieron de forma voluntaria  regresar a su tierra de origen.

Retorno a la península.

La familia San Martín regresa a la península después de un largo viaje, que los dejara en abril de 1784 en el Puerto de Cádiz. Don Juan llevaba consigo todos los ahorros de su vida $1.500 oro.  Era todo lo que había podido juntar  en 38 años de servicio, con el que apenas pudo adquirir una casa. Desde allí se traslada a Málaga. La familia vivió entre 1785 y 1791 en una casa de la calle Pozos Dulces. A finales de 1791 se  trasladan a la Alcazabilla, barrio que fue demolido en el siglo pasado. En España inscribió a todos sus hijos varones en las escuelas de nobles y en los colegios de oficiales del ejército. Si bien sus hijos frecuentaron las mejores escuelas de la aristocracia, los San Martín era una familia de clase media- alta.

Los estudios militares de José Francisco.

José Francisco ingresa  en 1786 en el Seminario de Nobles, en Madrid donde adquiere su formación de lo que hoy seria la enseñanza media.

El 1 de julio de 1789 solicita su incorporación como Cadete del Regimiento de Murcia, iniciando así su gloriosa carrera militar. Cuando  los hijos de los San Martín se iban casando o tenían destinos militares, la familia comienza  a dispersarse.  Don Juan falleció el 4 de diciembre 1796, su hijo  José contaba apenas con 18 años. Entonces ya había alcanzado el grado de teniente 2º en el Ejército Español.  El historiador Norberto Galasso nos da las mejores pistas de cómo era el futuro padre de la Patria.:

“A los veinte años, José Francisco es un español “hecho y derecho”. En su formación cultural, en sus costumbres, en sus conocimientos y en el modelado de su carácter, influencias diversas se uniforman. Las relaciones familiares netamente españolas ya no disuenan con el mundo externo. Como ocurría en Yapeyú – sino que ratifican ese hispanismo en las lecturas, los entretenimientos, los gustos, las amistades y el conjunto de normas de la vida cuartelera. Españolas son, ahora las palabras más queridas y asimismo, el “carallo” y el “coño” en que estallan sus furias. Españolita debió ser su primera novia y española la música con la cual dio sus primeros pasos de baile al ingresar a la adolescencia, como si también españolas las canciones que rasguea en una guitarra…”.

José o “Pepe” como lo llamaba la familia y sus amigos había pasado la mayoría de su corta vida en la tierra de sus padres. El propio Galasso nos sigue contando estos vínculos culturales: “San Martin no se limita a hablar “como gallego” y emplea dichos hispánicos como “echar la suerte” al pozo de Ayrón”, en una de sus cartas – sino que incluso mantiene su expectativa sobre la gran nación España América, hasta que las  vacilaciones de los liberarles y el surgir del absolutismo en 1814, lo tornan independentista”.

Durante su brillante carrera militar en España se destaca en muchas batallas especialmente en la de Bailen, durante la guerra de la independencia española. El  19 de julio de 1808 las tropas españolas les infligen la primera derrota a las tropas francesas de Napoleón. En dicha batalla San Martín participo como ayudante de campo del Márquez de Coupigny. Esta victoria fue decisiva para recuperar a Madrid. Por su actuación fue premiado con el grado de Teniente Coronel. Luego le siguieron un sinfín de batallas contra el ejército invasor.

El acento gallego del Libertador.

Los historiadores poco han hablado de la voz  y el acento de San Martin. Mitre en su obra biográfica  del Libertador  señala que su voz era ronca, sin calificar a la misma, ni dar otros detalles. Sera la escritora María Rosa Oliver quien en sus memorias, nos desvele cual era el acento de padre de la patria: “La abuela de abuela era medio hermana de la mujer de San Martín y no bien comencé a aprender algo de historia, le pregunte un día si ella lo había conocido. El tío Pepe hablaba como gallego – me contesto. Más adelante agrega: Repetí a papá cuanto ella me había dicho (…) para que se indignara le espete lo de San Martín que “Hablaba como gallego”. Pero en vez de sofocarse de indignación, se echo a reír a carcajadas y cuando termino de reír, exclamo: Si era hijo de españoles y se educo en España ¿Cómo querría tu pobre abuela que hablase?

En esas conversaciones con su abuela María Rosa Oliver,  señala: El tío Pepe era un ordinario- me contestó. – ¿Cómo? – Sí, un ordinario… Un grosero. – ¿Por qué? – Hablaba como gallego- me contestó, pero al ver que eso no me impresionaba, añadió-: Se casó con una Escalada para hacerse conocer- y como al afirmar tal cosa no creyó necesario mirarme a la cara, prosiguió-: …Para el casamiento le encargaron a mi tía Remeditos un ajuar a Europa, vestidos paquetísimos, lencería llena de puntillas, y en la familia, porque se hacían en la familia, le hicieron una cantidad de escarpines de raso… Apenas se casaron, él los devolvió diciendo que «la mujer de un soldado no puede andar calzada de seda»… – y al repetir la frase de quien para mí era el Libertador y para ella sólo el tío Pepe, Abuela imitó el acento español pero volvió al criollo para agregar indignada, casi herida -: A la pobre Remeditos la soterró entre los indios…- (Los indios eran los mendocinos; en cuanto al soterramiento, con el correr de los años llegué a sospechar que no debió ser muy hondo).

La madre de San Martín se radica en Ourense.

Desde que Juan de San Martín falleciera en Málaga, doña Gregoria decide trasladarse hasta Ourense en 1796, donde vivía su hija María Elena. La hermana mayor de José Francisco  estaba casada con Rafael González Menchaca, que era un alto funcionario de hacienda. El nombramiento en el Reyno de Galicia como Administrador de Hacienda de Ourense determina que el joven matrimonio se trasladara  hasta esta ciudad. El joven funcionario público gozaba de un salario de 12.000 reales que para aquella época era muy elevado. Por aquellos años ya había nacido Petronila la primera nieta de doña Gregoria. Con el traslado de Doña Gregoria a la ciudad de Ourense el núcleo familiar de los San Martín pasa a  ser la ciudad de las “burgas”.  La ciudad tenía una población de  alrededor de 3000 personas. A principios del siglo XIX, Orense era una pequeña ciudad poblada principalmente por hidalgos, artesanos y religiosos, destacando la figura del Cardenal Quevedo que forma parte de lasCortes de Cádiz.

Doña Gregoria era feliz cuidando a su nieta en la tranquila Orense. Cada tanto alguno de sus hijos se acercaba a darle una visita. José Francisco que vivía movilizado de un lado a otro de toda la geografía española, carecería de residencia fija, su única referencia era el hogar de Ourense, donde vivía su madre. Es así que cada vez que podía solicitar una larga licencia se trasladaba hasta Ourense con el fin de darle una sorpresa a su madre. Por aquellos años trasladarse  de un punto a otro de la península significaba muchos días de viaje en carreta y más difícil era atravesar las montañas de Galicia. Por ello cuando San Martin decidía hacer ese viaje, se quedaba el máximo posible de tiempo,  desfrutando de la compañía de su madre, de su hermana y su sobrina. El río Miño fue testigo de la presencia de aquel joven que soñaba con liberar a España de los franceses y del propio absolutismo. Para ello era necesario también independizar a las colonias del imperio. Galasso reafirma su relación con Ourense señalando: “De cuando en cuando, si sus destinos militares lo permiten, se acerca hasta Orense para ver a su madre, quien reside allí junto a su familia de su hermana María Elena.”

Los últimos años de la madre de San Martin

Doña Gregoria era una activa creyente. Sus últimos años los dedico a servir  a la iglesia. Vivió acompañada por su hija María Elena y su nieta Petronila, recibiendo una modesta pensión. Doña Gregoria Matorras falleció enOurense, el 1 de junio de 1813 cumpliendo con su testamento fue vestida con el hábito de Santo Domingo y enterrada en el templo de  esta congregación en  Ourense. En España todos los hermanos siguieron la carrera militar y  tuvieron un escaso contacto entre ellos. Sin embargo, José de San Martín mantuvo  una relación epistolar con ellos, así como con María Elena. La historia posterior del General San Martin es bien conocida, junto con el General Simón Bolívar,  fueron los dos libertadores de América. En uno de sus escritos más conocidos el General San Martín decía en la Orden general del 27 de julio de 1819:

«Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.»

Hasta los  últimos años de su vida San Martín mantuvo vivo su recuerdo de la lejana Ourense y de su casa familiar gallega. No había sido casual su acento y sus gustos. Su paso por aquellas tierras lo habían marcado para siempre.

En su testamento, el Libertador estableció: «… es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Elena una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila una de doscientos cincuenta hasta su muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesario otra hipoteca, en la confianza que me asiste de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta mi voluntad». (París, 23 de enero de 1844).

Con el triunfo del General Perón en 1946, una de las primeras medidas que toma de forma confidencial, es encontrar los restos de los padres del General San Martín, que estaban dispersos y sin una localización  precisa.  Una misión diplomática fue destinada para esta labor. Con la colaboración de las autoridades españolas y luego de una ardua tarea de varios meses de búsqueda, los dos cuerpos fueron localizados y trasladados a Buenos Aires en 1947. En la actualidad descansan junto al Libertador.

 

Bibliografía consultada:

Galasso Norberto. Seamos libres y los demás no importa nada. Vida de San Martin. Ediciones Colihue. Buenos Aires 2000.

Mitre Bartolomé, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Librería El Ateneo. Buenos Aires. 1950.

Oliver María Rosa, Mundo, mi casa, 1965, Falbo

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