El futuro es ahora

Viejos problemas y nuevos retos

Publicidad

Comienza una nueva década. Una década llena de amenazas de guerra y de la escalada de crisis económicas. De la anterior década ya traemos una gran mochila en que la que andan revueltos unos cuantos problemas vitales sin resolver y que han ido saliendo aquí y allá cargados de energía transformadora; energía que a menudo estalla en forma de conflictos que actúan poniendo negro sobre blanco situaciones insostenibles.

Si para algo ha servido la globalización ha sido justamente para universalizar la mirada del mundo sobre sí mismo, descubriendo sus habitantes que la geografía no es una cuestión académica, sino vital, y que existen enormes similitudes en todas partes no solo en nuestro modo de vivir – y a menudo de morir- sino en cómo se nos organiza- y cómo nos organizamos entre nosotros- con la peor fortuna posible miles de millones de seres humanos para vivir y para morir de modo indigno. Si para algo ha servido la globalización a la gente de a pie, es para tomar conciencia de eso mismo, y de que todo cuanto sucede en el rincón más remoto de un continente termina por afectarnos a todos, da igual dónde vivamos y a qué nos dediquemos…Otra cosa es que actuemos en consecuencia.

 

Que los gobiernos del mundo actúan contra sus gentes cuando reclaman justicia, convertidos en sus verdugos en vez de asumir que son sus servidores y han sido elegidos para solucionar problemas en lugar de crearlos,que es lo habitual, es algo que todos hemos aprendido en todas partes. En consecuencia, el mundo se dirige al abismo en caída libre. No al abismo de los infiernos bíblicos, pues en esos ya están los pobres, las mujeres víctimas del machismo, los inmigrantes que se ahogan y los que no, los viejos y enfermos sin asistencia, los niños hambrientos, las esclavas sexuales, los esclavos laborales, los niños soldados, los trabajadores que no llegan a fin de mes, las familias desahuciadas, los huérfanos de guerras, las víctimas de los pederastas, los animales, los bosques y plantas y muchos más habitantes de este submundo construido a golpe de egolatría, codicia, violencia y engaño.

Como las leyes de Dios son despreciadas por millones de seres humanos, se crea el caldo de cultivo preciso para que prolifere la maldad que da lugar a toda clase de injusticias y desigualdades perpetradas por los ricos, los poderosos, los abusadores de todo pelaje y sus envidiosos y ciegos imitadores de las masas. Pues entre las masas, incluidas las situadas en sus propios infiernos, se envidia a los mismos que los crean, y con harta frecuencia los imitan en cuanto pueden.

 

Es dramático observar cómo miles de millones de nuestros semejantes, de todos los países y condición social o cultural,  quieren ser ricos, poderosos, envidiados, famosos y dados a la buena vida. Por eso impera la injusticia, la violencia, la desigualdad, la explotación, los abusos, el crimen organizado de mafiosos y guerreros, y tantas lacras que a menudo denunciamos muchos de los que escribimos dando voz a los que no la tienen.

En esta nueva década que comenzamos hoy tenemos una nueva oportunidad para poner remedio a nuestro modo de pensar y sentir como seres espirituales, que es lo que somos antes que seres sociales. Y no es que nos sobre tiempo. Los científicos no cesan de advertirnos de que esta década es decisiva para solucionar los problemas medioambientales, pues el Planeta no puede aguantar tanto veneno humano en todos los sentidos.

Esta década puede ser igualmente decisiva para resolver problemas que llevamos arrastrando siglo tras siglo, para los cuales es preciso hacer frente de un modo global, internacional, a la vez que personal. Es preciso, por vez primera en la historia del mundo, la creación de potentes organizaciones mundiales capaces de echar el cierre a todas las sucursales de nuestros infiernos.

Cientos de mujeres son asesinadas mes a mes en todo el mundo por sus parejas, ex-parejas o psicópatas. Cientos de niños y niñas son abusados sexualmente por pederastas religiosos o seglares; miles de migrantes que huyen del hambre y las guerras, mueren al año en el mar, en largas travesías a pie, o ante las alambradas de los países ricos. Miles mueren de hambre y en guerras y atentados. Toneladas de peces y cientos de millones de animales terrestres son asesinados sin piedad para consumo humano. ¿ Es o no, un infierno este mundo?

Se precisan con urgencia una Internacional Ecologista y Animalista, una Internacional Feminista, una Internacional de la Paz por el fin de las guerras, el cierre de las fábricas de armas y la prohibición de su venta. Y, desde luego una Internacional de la Justicia Social y Económica que ponga fin a los paraísos fiscales y obligue a los ricos a distribuir la riqueza que al fin y al cabo nunca producen ellos y por tanto no les corresponde legítimamente.
Todos estos movimientos, para ser efectivos, no necesitan imponer nada, no precisan grandes programas culturales ni enrevesados principios ideológicos, ni siquiera precisan formar partidos políticos. Lo único que se precisa es una actitud ética persona a persona que se haga viral y actúe basada en el más elemental y despreciado de los principios cristianos: “LO QUE QUIERAS QUE TE HAGAN A TÍ, HAZLO TÚ PRIMERO A OTROS. LO QUE NO QUIERAS QUE TE HAGAN A TÍ, NO SE LO HAGAS TÚ A NADIE”. Lo dijo Cristo, el gran revolucionario de la conciencia y redentor de nuestras almas.
Lo dijo Cristo, sí, pero ¿ acaso los cristianos y sus gobiernos hacen caso ?…En todas las religiones se habla de la paz y del amor. ¿ Entonces?…

El número de los que estemos a favor del cambio y lo apliquemos en nuestra vida cotidiana nos dará la visión exacta de lo que nos espera a nosotros y a nuestros hijos en los próximos años. El futuro es ahora.

Publicidad

También podría gustarte

Publicidad

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. AcceptRead More