El futuro

ACEPTAR EL FUTURO EN LUGAR DE IMAGINARLO

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Por Juan Santiso Iglesias



                        

Por Rafael Alonso Solís    

Si uno se interroga por la esencia del futuro, debería aceptar que una opción plausible es que no exista, lo cual incluye, al menos, dos posibilidades:

que no haya existido nunca

en cuyo caso no hay por qué preocuparse de ello, más allá de utilizarlo como un recurso retórico para los discursos­–

o que haya existido, pero esté agotándose.

La perspectiva oriental suele coincidir con la visión de la filosofía perenne y contemplar el futuro como formando parte de un ciclo infinito, inmerso en una concatenación de causas y efectos que se suceden unas a otros sin principio ni fin, mientras que la occidental supone –tal vez de forma contradictoria, además de no estar exenta de cierta petulancia– que el lugar en el que se ubica el futuro es la diana final de una flecha que partió del arco hace mucho tiempo, un punto cuyas coordenadas y distancia respecto al presente –y, consecuentemente, al pasado– pueden ser predecibles. 

¿Cuál de estas dos posiciones resulta más religiosa y cuál más agnóstica? ¿Cuál tiene un componente más mágico y cuál más empírico? ¿Cuál de las dos no está impregnada de ideología, a veces, incluso, habiéndose cruzado y mezclado una y otra vez? 

Es posible, y al mismo tiempo lamentable, que la impregnación religiosa haya afectado en buena medida a las dos posiciones, caracterizadas ambas por estar dominadas por los clérigos y sus asociados militares y financieros. A ello contribuye el hecho de que en dicha asociación no sea posible identificar la preponderancia de uno u otro componente, ya que se trata de una simbiosis perversa y extremadamente eficaz, en la que los dos elementos que la constituyen se benefician mutuamente, se refuerzan, se estimulan y se activan con turbia precisión cuando las circunstancias hacen sospechar alguna debilidad del sistema. Y en esas ocasiones, antes o después, pero casi siempre, se recurre a las armas. 

Eso parece estar ocurriendo en diversas zonas del planeta, algunas lejanas –Latinoamérica, Asia o África– y otras a la vuelta de la esquina, ya cerca de casa y con los tambores de guerra avisando de lo que parece inminente. Si en Bolivia, Chile, Ecuador, Venezuela o Brasil es probable que los conflictos se resuelvan por la fuerza de la espada y la cruz

 –de hecho, han reclutado hasta al mismísimo Jesucristo–, 

aquí mismo ya suenan las trompetas anunciando con pavor la llegada de los comunistas para robar a los bancos sus escasas ganancias, y eso ya se sabe a dónde suele llevar.

Si los habitantes del mar se mueren por falta de oxígeno o por un hartazgo de plástico, pronto solo quedarán sardinas en lata, obviamente en número limitado; si el agua y el fuego han decidido ocupar las tierras y arrasar los bosques, pronto no habrá un lugar donde refugiarse. Volviendo a la pregunta del principio, ya tenga una estructura cíclica e infinita o limitada en el tiempo, es evidente que el futuro no será igual para todos. Y ese, realmente, es el quid de la cuestión. 

MídiaNINJA fue fundada en 2013 y ganó notoriedad durante las manifestaciones de junio que reunieron a millones en las calles de Brasil. En 2016 fue una de las principales iniciativas de resistencia en la lucha por fortalecer la democracia en medio de la inestabilidad política.

En 2013, ganó los Shorty Awards por su perfil de redes sociales.

Publicación original: https://juansantiso.blogspot.com/2019/11/el-futuro.html

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