El fin del progreso

Hasta hoy, progreso y desarrollo económico eran sinónimos. A partir del golpe de estado financiero neoliberal vemos que la humanidad se encamina hacia la pobreza por dos razones: la primera por el desvío del capital industrial a la especulación y la segunda porque es impensable crecer ilimitadamente en un Planeta de recursos limitados. Estamos comenzando a vislumbrar las consecuencias: paro, destrucción de tejido industrial y de negocios, escasez, hambre, guerra y todo eso que podemos incluir bajo el nombre de Apocalipsis. Vislumbramos en fin de esta civilización montada sobre el egoísmo y el abuso de poder ante la que la Tierra se rebela, inmersa en su propio proceso evolutivo y del que el cambio climático es el síntoma más general y complejo. ¿ Podremos ser los habitantes de una Tierra renovada?

Esta es nuestra historia:

 Durante milenios nos  hemos matado entre nosotros; hemos cazado, exterminado y torturado especies animales; hemos robado, violado, adorado ídolos, ofrecido sacrificios humanos, practicado el canibalismo y la esclavitud,  destruido los recursos de la tierra o envenenando el medio ambiente o nuestras propias mentes con  ideas perversas, albergando sentimientos negativos de odio, envidia, deseos de venganza, codicia, en nuestro corazón .Hemos actuado incluso contra nuestras familias dañando a conciencia a personas próximas, y, fuera de ellas, exterminando razas y  reduciendo a cenizas a pueblos enteros y  a comunidades que piensan de forma distinta o tienen algo que deseamos. En una palabra: durante milenios hemos estado  atropellando toda clase de leyes divinas sin que hayamos mostrado más deseo que el de seguir haciendo lo mismo (cualquier libro de historia  es testigo). ¿Qué podemos esperar de semejante siembra?… ¿Tal vez un mundo limpio, hermoso, justo, próspero, fraternal, feliz y cosas por el estilo?…Desde luego, no es esta nuestra cosecha.

¿Hemos de creer que sin cambiar los modelos cabe la mínima posibilidad  de algo llamado progreso en nuestro horizonte?… ¿ O hambre, enfermedades, guerras, terremotos, inundaciones, sequías, explotación, esclavitud, racismo, emigraciones provocadas directa o indirectamente por la mano del hombre, los   abismos cada vez mayores entre pobres y ricos, el exterminio diario de animales en los mataderos o en los mares para satisfacer nuestro paladar o en los bancos de tortura de los laboratorios  pueden calificarse de progreso?

La Tierra nos devuelve lo que le entregamos: terremotos y volcanes  por bombardeos y explosiones nucleares; sequías, huracanes, inundaciones, tifones, deshielo polar y glaciar,  a cambio de los gases de efecto invernadero; epidemias y enfermedades nuevas sobre un debilitado sistema inmunológico humano a cambio de alterar la armonía y equilibrio de todos los ecosistemas.

Los medios de comunicación nos cuentan tan sólo un poco de la punta del iceberg. Pero el fenómeno es de tales dimensiones que nos abrumaría de tener presente en nuestra mente toda la realidad. En cualquier caso sólo nosotros somos los responsables últimos de la tierra que se desertiza, de las desapariciones aceleradas de especies animales y vegetales, de las subidas del nivel de los mares, de las destrucciones de los fondos marinos con la pesca de arrastre, de las deforestaciones y los incendios, de las consecuencias negativas de la energía nuclear y sus basureros indestructibles  de  residuos, y, en fin,  de esta  caída por el tobogán aceleradamente.

¿Y qué nos puede librar de este Apocalipsis? (¿O no hemos de llamar a esto por su universal y antiguo nombre?)  Hemos puesto en marcha tales fuerzas negativas  que no es posible controlarlas con medidas externas. Igual que sucede a un cuerpo muy enfermo, sólo podemos poner algunos parches superficiales, no curar una enfermedad que ha invadido todo el organismo sin un antídoto de efecto general. Nosotros pusimos el virus y no hemos sabido encontrar el antídoto y curar al enfermo: el Planeta Tierra y todos nosotros. Ahora, todos estamos contaminados. Basta un simple análisis de sangre para encontrar que cada uno tenemos dosis diversas de toda la basura química  que incorporamos en nuestra comida, en el aire que respiramos y en el agua que bebemos.

 Como la madre Tierra es un ser vivo mucho más fuerte que cualquiera de sus peligrosos huéspedes  se revuelve ahora contra las inmundicias en un claro proceso de auto- regeneración, poniendo en marcha sus inmensas energías para sacudirse el daño producido por los inconscientes hombres y así purificarse .

Este proceso durará lo que dure, y será el tiempo exacto que tardemos en deslizarnos por este vertiginoso tobogán que nos permitirá  salir a una nueva Tierra donde encontremos a otros seres esta vez  más respetuosos con su  Planeta  y con las leyes de Dios. Será un reino de Paz para quien lo merezca. Desde luego no podrán tener cabida en él, por la ley de Causa y Efecto, los que dañan al Planeta en esta existencia. Lo que están sembrando en este mundo lo cosecharán en otros.

 En una nueva Tierra  no tendrán cabida los partidarios de la espada, ni los falsos creyentes, ni los contaminadores, los charlatanes fariseos de las iglesias  o los ricos explotadores, sino los buscadores espirituales, los hijos pródigos de la parábola. 

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