El Fenómeno Bachelet

El Fenómeno Bachelet

Leonardo Ogaz A.

La ex presidenta de Chile Michelle Bachelet representa un caso atípico en la política latinoamericana y merece intentar alguna explicación. ¿Que es lo que hace posible que una jefa de gobierno socialista, a pesar de una administración mediocre y en algunos casos deficiente termine con un 84% de popularidad?

En primer término desglosemos ese 84%, porque como es lógico suponer en Chile no hay un 84% de preferencias socialistas, la votación del partido socialista en los últimos comicios alcanzó aproximadamente un 10%, la coalición que postulaba a la reelección alcanzó un 48.39% por tanto la ex presidenta salió de su mandato con 36% más de preferencias que la alianza política que ella encabezaba, esto quiere decir que gran parte de quienes nominalmente constituían la oposición al bloque gobernante antagonizaban a la “Concertación”, pero expresaban una abierta y más o menos sostenida simpatía por la ahora ex presidenta Bachelet. Este es uno de aquellos casos de apoyo transversal, es decir, la apoyaba la izquierda y la derecha, solo un 16% de los chilenos una franca minoría no estaba de acuerdo con las ejecutorias de la ex gobernante. Todo lo cual no deja de ser sorprendente.

Me parece que aquí es pertinente la tesis weberiana de la multicausalidad, es decir, existen varios factores que permitirían articular un esquema explicativo. No obstante, el predominio de los factores socio económicos sigue siendo determinante sobre todo en aquello que dice relación con el apoyo de la derecha.

En Chile existe un notorio ambiente de malestar con la clase política, por lo menos desde los últimos 10 años y Michelle Bachelet, a pesar de que proviene de esos ambientes, siempre representó de alguna manera “otra forma de hacer política” que estuvo marcada por la cercanía, la humanidad y un trato amable con todos los sectores, pero con una preocupación especial por los más desposeídos. Hay que recordar que su candidatura surgió más bien de las encuestas y los medios antes que de los círculos partidarios. Ella representó la primera gran luz de alarma para la partidocracia de la “Concertación”. Incluso en los primeros tramos de su gobierno ella tuvo un ostensible distanciamiento de los sectores partidarios tradicionales prometiendo un gobierno ciudadano cercano a la gente. Ahora esto evidentemente no eran distancias programáticas, sino de estilo, que se afincaban más en los aspectos subjetivos, pero precisamente estas facetas son las que adquirieron quizás un peso desproporcionado debido al bajón cultural de la política chilena, es decir, el nivel de los debates y el grado de despolitización en el sentido de la calidad y profundidad de la discusión.

Además entre el periodo dictatorial y el periodo democrático se produjo una licuación y vaciamiento ideológico de las ideas liberadoras de tal magnitud que la hegemonía neoliberal de hoy es abrumadora. La concertación no solo siguió con el modelo económico sino que se fue neoliberalizando ideológicamente hasta mimetizarse con los contenidos globalizantes, tanto es así que todo el último tramo de la campaña de Frei consistió en tratar de clarificar al electorado que no eran lo mismo.

Entre los aciertos de la gestión de la primera presidenta mujer en Chile se cuentan sus políticas sociales, es decir un conjunto de medidas que mejoraban ciertas condiciones de seguridad social, generando lo que se ha dado en llamar una red de protección social, más una serie de medidas y subsidios que al menos dieron la imagen de preocupación social y redujeron mínimamente ciertas desigualdades exorbitantes que existen en el país. La cuestión de las desigualdades de género también puede considerarse como uno de los grandes logros de su régimen, lo que no deja de ser muy importante. Un cierto apoyo al deporte con la construcción de modernos estadios, sin duda fue otro elemento de acierto para incrementar su popularidad. Pero quizás en lo que más éxito tuvo es en la proyección de una determinada imagen amable que penetró en los códigos profundos de lo que podemos llamar la chilenidad. Volveremos más adelante sobre el asunto.

En el gobierno de Michelle Bachelet ocurrieron cuatro grandes problemas, que fueron sorteados, pero no resueltos, el primero fue el cuestionamiento total al clasismo y la mala calidad de la educación en Chile, que representó la gran huelga de los estudiantes secundarios conocida como “la rebelión de los pingüinos”. El segundo fue el extraordinario fracaso en la implementación de la reforma al transporte conocido como el Transantiago que de no mediar la contención de todos los opositores se pudo haber transformado en una explosión social de magnitudes insospechadas. El tercero la gran crisis del capitalismo financiero que golpeó al Chile globalizado como siempre con altas tasas de desempleo y que fue apañado con una política populista de bonos (subsidios) a los más pobres. Terminando ya su periodo se sobrevino el gran terremoto y maremoto que descalabró gran parte de la región central de Chile y cuyo manejo puso en evidencia una serie de falencias del estado chileno. Lo curioso es que ninguno de estos problemas logró desbancar la imagen de la presidenta.

La cuestión es que si constitucionalmente hubiese la posibilidad de reelección en Chile Michelle Bachelet, sin duda, hubiera sido reelecta. Existe aquí una no correspondencia entre lo objetivo y lo subjetivo. Pero vamos por partes, primero la derecha le tendió la mano en los momentos difíciles del Transantiago acordémonos del “bacheletismo aliancista” de Lavín el actual ministro de educación del presidente Piñera, ¿la razón? La política económica y el modelo pactado post dictadura en ningún momento estuvieron amenazados. La política de globalización y apertura de mercados internacionales continuó y las ganancias de los grandes empresarios se vieron incrementadas; cuando la derecha percibió este eje fundamental, comenzó poco a poco a disminuir su artillería opositora hacia la persona de la presidenta y a separar la imagen de la presidenta de la proyección de la coalición política, que gobernaba que no era buena. Esta última estrategia, es claro, se debe también a que la presidenta curiosamente empezaba a ser bien evaluada en la encuestas y no era políticamente correcto lanzarse contra algo que se imponía a pesar de todo. Es decir el 36% de la popularidad de Michelle Bachelet es un apoyo político de la derecha que percibió que no le hacía daño. Es más, la misma derecha podía proyectarse como la continuidad de dichas políticas, ese fue su gran acierto que a la postre la llevó al gobierno.

Pero sin duda hay más, la política formal de la presidenta hacia el Partido Comunista siempre fue de gran apertura, podemos decir que también contó con la simpatía de la izquierda, en esa época extraparlamentaria, y por la tanto neutralizó cualquier oposición seria desde la izquierda. Los dirigentes del Partido Comunista eran invitados frecuentemente a las reuniones de Palacio, incluso a algún viaje presidencial como fue el caso de la visita de la presidenta a Cuba.

Tampoco lo anterior lo explica todo, la presidenta proyectaba además una imagen que penetró como decíamos más arriba los códigos más profundos de la cultura chilena, se ganó la adhesión de la mujeres, que se sintieron en gran medida reivindicadas, se ganó a los hombres proyectando una imagen maternal tocando una edipia impresionante que comenzó a aflorar del inconsciente colectivo. Cuestión que se expresó en la frase “es la mamá de todos los chilenos”.

Pero entre los elementos de subjetividad social también hay componentes culturales de hábitos y comportamientos que llenaron el imaginario de los chilenos, una amigo lo sintetizaba diciendo “ella es muy chilena”. Unido a la situación de mujer separada que supo sacar adelante a sus hijos, la mujer sola que supera todas las dificultades y que con su esfuerzo e inteligencia logra la más altas magistraturas del Estado, constituye la plenitud de una reivindicación que es muy cara a un amplio imaginario colectivo.

Su trayectoria política también es otro factor que tiene fascinado a los chilenos, su padre General de aviación leal al Presidente Allende muere torturado por sus compañeros de armas, y ella misma perseguida y torturada por la dictadura, pero sin ánimos de venganza sino más bien de reconciliación, terminaron por ganarse el corazón de miles de chilenos, creo que de una manera más o menos permanente. Vista la situación desde el ahora, y teniendo presente que las situaciones y los escenarios políticos son sumamente cambiantes, no es una posibilidad que pueda descartarse que pasando el período de gobierno actual, ella Michel Bachelet pueda ser reelegida.

Lo lamentable de todo esto es, que ese rostro amable y cercano, ese tono de voz sin disonancias, suave y firme a la vez, esa imagen de sensibilidad, de Michelle Bachelet encubre y vuelve invisible la aplicación de las leyes represivas al pueblo mapuche, la enorme distancia entre pobres y ricos que ha dejado el modelo neoliberal heredado de la dictadura que veinte años de concertación continuaron solo modificando sus aristas más salvajes. Se trata entonces, de una popularidad que se afinca en lo subjetivo y esa subjetividad no expresa a una comunidad y una cultura que se desarrolla en grandes proyectos colectivos de liberación, como podía esperarse de una socialista, sino en una adhesión personal intransferible, es decir, una popularidad que no expresa un nivel de desarrollo político, sino al contrario una involución hacia el personalismo. Es ella, su persona.

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