El feminismo no puede ser fascista

Al parecer, la propuesta del PSOE es gestionar la actual guerra de los sexos, no erradicarla

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Decir que las mujeres son mujeres por nacimiento es tirar por tierra el prolijo pensamiento feminista de los últimos 220 años. Al parecer, la propuesta del PSOE es gestionar la actual guerra de los sexos, no erradicarla.

Me cuesta digerir el último texto que se ha filtrado del partido socialista en relación al feminismo, cuesta tragarlo porque son directrices feministas para políticas de igualdad. Cuesta leerlo sin que sangren los ojos, nunca vi un texto tan violento y tan ignorante en nombre del feminismo. Es preocupante lo que está pasando y es alarmante que se esté dando en semejantes espacios de poder.

En 1949 Simone de Beauvoir escribía El Segundo Sexo buscando el origen de la opresión de las mujeres, su famosa conclusión viene a decir que no hay nada en la condición biológica de las mujeres que justifique la discriminación. Básicamente explicó que las mujeres no nacen mujeres, se hacen mujeres. Su brillante argumentario servirá para hacer frente a todas las teorías del determinismo biológico que buscan motivos naturales para la condición social que ocupan las mujeres. Es decir, respondía a todos aquellos bestias que justifican que las mujeres debamos quedarnos en casa a cuidar y ser el ángel del hogar porque parimos.

Leer ahora en pleno siglo XXI un texto en nombre del feminismo que no conceptualiza correctamente lo que es biología y lo que es construcción social es para abrirse las venas. Estas supuestas feministas hablan de mujeres biológicas, cuando debieran decir hembras si se refieren a las categorías clásicas de la biología y género cuando hablan de construcción social. Y eso no tiene nada que ver con la teoría queer ni con Judith Butler, se trata simplemente de usar bien los conceptos clásicos del saber moderno. Decir que las mujeres son mujeres por nacimiento es tirar por tierra el prolijo pensamiento feminista de los últimos 220 años.

RAYAR EL FASCISMO

El texto no es solo tránsfobo, es colonial, clasista, capacitista, profundamente antifeminista y raya el fascismo. Responde a la visión supremacista colonial, burguesa, blanca y dual de entender el mundo. Son muchas las culturas precoloniales que han conceptualizado el sexo de otra forma y han contabilizado más de dos géneros para gestionar sus sociedades. Las mujeres colonizadas de clase obrera y racializada no han vivido la división del espacio público y privado como lo han vivido las mujeres burguesas o de clase media blancas, muchas no tenían casa, no distinguían entre espacio público y privado, solo vivían espacios de violencia y explotación. Esto sigue pasando hoy, que se lo pregunten a las internas irregulares que trabajan en los hogares europeos en condiciones de esclavitud.

Monique Wittig en la década de los 80 en su Pensamiento Heterosexual plantea que el sexo es una categoría esclava al igual que lo es la raza, ya que ésta se ha inventado para justificar el esclavismo moderno: “La continua presencia de los sexos y la de los esclavos y los amos provienen de la misma creencia. Como no existen esclavos sin amos, no existe mujeres sin hombres», “Es la opresión la que crea el sexo, y no al revés”, “La categoría de sexo es una categoría política que funda la sociedad en cuanto heterosexual”.

La sociedad actual, dividida y enclaustrada en el dimorfismo sexual —definir que un macho es lo que no es una hembra y viceversa—, responde al capitalismo heteropatriarcal moderno. No hay una una naturaleza, ni una biología dual del cuerpo. Machos y hembras compartimos la misma materialidad biológica y no somos opuestos, más bien respondemos a posiciones distintas en un continuum sexuado, por eso existen mujeres con mucho vello, hombres con pechos, mujeres con voces graves, altas y hombres bajos con voz aguda. Incluso existe la intersexualidad que tira por tierra la vieja concepción del dimorfismo sexual, muestra que el sexo es mucho más que algo que pueda reducirse a la genitalidad y que hay quien no tiene ni pene, ni vulva.

CATEGORIZAR

Lo que sí que es real, y totalmente material, es la existencia de una sociedad empeñada en poder clasificar de forma violenta los cuerpos, categorizarlos, ordenarlos y gestionarlos. Decir que ser mujer es una categoría natural y biológica es tan absurdo como decir que los bebés nacen sabiendo hablar, caminar y usar un ordenador sin problemas. Además supone seguir el juego de quienes nos han discriminado y nos han definido como el segundo sexo: débil, estúpido, sensible, reproductor y sin condiciones materiales suficientes para poder ejercer el derecho a la ciudadanía.

Es la construcción social la que permea en la materialidad corporal y la moldea, son años de socialización patriarcal, de colonialismo, de discursos, de discriminación, de gimnasios, de cirugía plástica, de heterosexualidad y matrimonio obligatorio lo que hace que pensemos que lo de ser hombres y mujeres es natural. Es lo que hace que los cuerpos seamos violentados desde nuestra más tierna infancia cuando no encajamos en esa categorización supuestamente biológica, esto realmente se llama normatividad. No es solo violencia para los cuerpos no normativos, sino que produce un régimen y una segregación corporal que se inscribe también en aquellas personas aparentemente normales que deben enamorarse, casarse y producir la especie como el santo machismo les ha ordenado.

Somos muchas las personas que demostramos con la materialidad de nuestros cuerpos que el binarismo biológico es falso, son muchas las condiciones que rompen la naturalización del sexo y el género, muchos cuerpos con coños que se salen de lo que se entiende como mujeres naturales; mujeres masculinas, bolleras, transgéneros, gordas, racializadas, diversas funcionales. Las luchas feministas lo que han demostrado es que hay muchas mujeres reguladas como esclavas que no están dispuestas a tragar con lo que la ideología y la biología patriarcal ha definido como su destino natural.

EL PSOE

Escandaliza leer en el texto que ha filtrado el PSOE las preguntas sobre cuestiones básicas en cuanto a políticas de igualdad, como por ejemplo la que problematiza la recogida de datos por sexos. Al parecer, tan sólo son necesarias categorías sexuales de hombres y mujeres para los datos segregados por sexo. ¿No se pueden complejizar las estadísticas? ¿No se pueden realizar mapeos estadísticos que incluyan más de dos variables? Los datos deben recogerse segregados por más de dos sexos, además deben incluir mucha más información: edad, procedencia, etnia, lengua, orientación sexual, necesidades de espacios y recursos adaptados, ingresos. Cuantas más variables obtengamos más exhaustivo será el análisis que hagamos.

Pensar que encarnar un cuerpo no binario es tan fácil como decir sentirse hombre, mujer o jirafa, resulta absurdo y violento. Resulta absurdo preocuparse, como se muestra en el documento, por los hombres maltratadores heterosexuales que pueden argumentar sentirse mujeres. Además de presuponer que la administración de justicia es inútil total al no distinguir, ni poder comprobar si una persona es transgénero o no. ¿No es más preocupante el grave error que se cometió al no incluir más formas de violencia machista en la Ley contra la Violencia de Género (2004) que las que se dan dentro del ámbito heteronormativo de pareja? Así, aquellas asesinadas o maltratadas fuera de relaciones heterosexuales, que no lo sean por parejas o exparejas, no acceden a la protección que pueda dar la ley, o ni siquiera son contabilizadas. Si tu padre, tu tío, o tu hermano te maltrata, no es violencia de género.

Tal vez el gobierno debiera mostrar más interés por el nefasto trato al aplicar el Código Penal, ya que muchas veces se invisibilizan las violaciones correctivas a lesbianas masculinas, hombres o mujeres transgénero, al no llegar a entenderlas como agresiones sexuales, ya que se concibe que no hay pulsión sexual. Generando un corolario perverso sobre la violación en el que detrás de una agresión sexual hay pulsión sexual naturalizada y heteronormativa, cuando lo que expresa la violación es el ejercicio de poder. Tratar a otro cuerpo como objeto subalterno, no es pulsión sexual, es pulsión de poder y devastación.

ABUSOS EN LA INFANCIA

La violencia machista es compleja. Si hacemos caso de los datos publicados por Save the Children, una de cada cuatro niñas es abusada en la infancia y uno de cada siete niños también. Si atendemos a la infancia, a los procesos de socialización, observamos el sufrimiento de la mayoría de niñxs por no encajar en las hegemonías de género. Son muchas las niñas abusadas, los niños que sufren bullying por ser afeminados, niños violados y niñes que no encajan en el binarismo. Es este régimen el que enferma y enfrenta a nuestra sociedad produciendo una guerra entre penes y vulvas.

El feminismo y las políticas de igualdad debieran ser ese espacio libre de violencia que nos posibilita ser, que deje a los niños ponerse faldas, pintarse la uñas, que permita a las niñas subirse a los árboles y gritar fuerte. Asimismo, debiera ser ese lugar donde no se nos obligue a enunciarnos como hombres y mujeres desde nuestra más tierna infancia.

Si nos reducimos al sexo y a cómo la biología lo ha naturalizado, ¿cómo podremos cambiar? ¿Si el sexo mujer, hembra, es el que hace que seamos oprimidas por una cuestión biológica y determinista, se deduce entonces que los hombres, machos, oprimen también porque está en su biología? Al parecer la propuesta del PSOE es gestionar la actual guerra de los sexos, no erradicarla. Llama la atención que en ningún caso el texto haga referencia a educación, a los colegios uno de los mayores productores de heteronormatividad, violencia sexual y segregación de los sexos. Resulta delirante que se quiera acabar con una categoría como el género, definida ésta como algo analítico. Si el género fuera solo analítico, lo sería también el racismo, el capacitismo, el colonialismo. Lo que hay que abolir es el actual régimen de producción social, la heteronormatividad, el capitalismo, el racismo, la transfobia, la naturalización de la violencia, la familia nuclear, la vinculación filial de la propiedad y el privilegio hereditario de la hegemonía masculina. Eso supone hacer la revolución desde la raíz y no abolir una categoría analítica.

La tarea es mucho más compleja que lo que el documento refleja. Además, la responsabilidad de un Gobierno que se define como feminista es muy alta, por el poder institucional que ostenta y por enmarcarse en corrientes feministas.

Esperemos que este ideario no busque dinamitar los consensos y la armonía que el Movimiento Feminista y Transfeminista Autónomo había conseguido durante años. Esperemos que su objetivo no sea exterminar a las personas transgénero, sino que traten de volver al fin originario: terminar con el heteropatriarcado y la extrema violencia que este genera.

@JOSEBEITURRIOZ FILOSOFX TRANSFEMINISTA

https://www.elsaltodiario.com/transexualidad/el-feminismo-no-puede-ser-fascista

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