El ‘fecinismo’ de la derecha

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Por Agustín Franco

¿Feminismo liberal? Fe-cinismo

“Apelando a la sororidad es habitual que se intente erradicar todo discurso combativo contra el sistema puesto que siempre habrá mujeres que opinen de una forma más adecuada para el sostenimiento del estado actual de las cosas. Así te llamarán a ser sorora con Hillary Clinton pero no con Leila Khaled”. (Carmen Parejo, 2018, Revista La Comuna).

En la era posmoderna, de los debates líquidos, se pretende liquidar incluso el sentido más genuino y sólido de libertad: el feminismo. Se pretende que ignoremos que el liberalismo y el feminismo son antagónicos, porque el liberalismo es, por definición, ciego e insensible a las desigualdades, incluidas las de género, de ahí su fiel adhesión a la dictadura del mercado: el patriarcapitalismo.

En cambio, el feminismo es sinónimo de igualdad y democracia, necesariamente anticapitalista y antipatriarcal. De lo contrario, tan válida para la causa feminista sería Lagarde como Ibarruri. Arrimadas como Campoamor.

La agenda política pseudofeminista del liberalismo pretende una falsa equidistancia entre fascismo y comunismo. Ignorando con vehemencia las consecuencias básicas de las leyes del funcionamiento del capitalismo y su libre mercado: el recorte progresivo de libertades y derechos, ¿cómo?, a través de la lucha de clases sociales, el desempleo crónico y el aumento creciente de la explotación. De lo que se deriva que toda lucha por la igualdad de género o es anticapitalista o no será en absoluto ni igualitaria ni inclusiva. Será fecinista, pero no feminista.

Tal agenda (post) liberal, cínica y antifeminista sin discusión, cubre varios mitos y trampas esenciales del discurso sobre el género cuyo objetivo final es pervertir el sentido original de lucha y transformación social feminista. Su objetivo verdadero es mantener el statu quo patriarcal y capitalista dando apariencia de todo lo contrario, y es precisamente en la apariencia donde está la clave de las confusiones y engaños si no somos precavidos y si nos dejamos conmover por su cínica retórica (post) liberal.

De fondo, la única libertad que defienden es la del mercado, la del capital sobre el trabajo (remunerado o no), la del fuerte sobre el débil, la ley del darwinismo social. Y en ello lo único inclusivo que hay es la violencia económica.

Sin embargo, el falso feminismo del liberalismo, amigable con el género, no es coercitivo, actúa por consenso, apelando al voto. Para lograrlo lo primero es desnaturalizar la democracia y luego el propio feminismo. Hay que ser fecinista.

Veamos los mitos y trampas que configuran su peculiar y cínico modelo de libertad FREE (formal y religiosa, emigrante y estética):

-Mitos de la libertad formal y religiosa: El liberal capitalista ejerce una especie de filantropía de género de forma similar a como el rico practica la caridad y la beneficencia con los pobres. La clave reside en mantener el estigma, pero rebajando la dosis de moralismo: desde el discurso anestésico del embarazo (buscado de modo) voluntario al discurso burundánguico de la violación (sobrevenida de forma) involuntaria. Aquello tan bonito del liberalismo antiabortista de “enseñarle a la mujer lo que lleva dentro”.

La alianza con el poder religioso (claramente antifeminista) es una prueba contundente de la falta de credibilidad de la pose liberal fecinista. Penalizar el aborto y financiar colegios que segregan por sexo es su sello de garantía machista inconfundible. Así como legalizar la prostitución y la gestación subrogada, porque el mercado manda. Porque la idea de hacer negocio a toda costa es una idea sagrada.

Hay que tener mucho fecinismo, mucha fe en el cinismo, para creer que hablan de algo siquiera parecido al feminismo.

-Trampas de la libertad emigrante y estética: Los recortes en dependencia o la negativa a implementar políticas fiscales progresivas y de conciliación real bajo la premisa de su coste excesivo es la prueba principal para convencer a los más escépticos sobre la contradicción entre liberalismo y feminismo.

Para la derecha liberal la igualdad de género, como la emigración, es siempre un lujo sólo para épocas de bonanza. Y emigrar es un privilegio, ya lo dijo Trump, adalid sin complejos de la derecha y el machismo global. Por ello, siguen siendo clandestinas e ilegales las cadenas globales de cuidados, encubriendo y maquillando la trata de blancas que tanto bien hacen al sostenimiento del capitalismo y del patriarcado.

Además, bajo apariencia de diálogo y de ‘feminismo inclusivo’ el liberalismo se niega a defender y aplicar medidas efectivas, tales como las cuotas o las listas cremallera (paritarias). Las epicleras liberales están ahí para refutarlas.

Resumiendo, el feminismo liberal tiende a concentrarse en los efectos y no en las causas, aunque apele a un lenguaje en apariencia muy feminista y muy neutral a los conflictos de clases sociales. Fecinista no es lo mismo que feminista, aunque ortográficamente se parezcan. No es compatible declararse feminista y negar que vivimos en una sociedad clasista -pues incluso en esto, un especulador como Soros tiene más camino adelantado hacia el feminismo que los (falsos feministas) liberales-.

Señoras y señores, ahora salen las urnas a escena: “Voten en conciencia, ya saben qué, sin presiones ni influencias, por supuesto”. Blanco y en botella, ¿qué es? Pues eso, liberal y feminista, ¿qué es? Fecinismo o una contradicción in terminis, un oxímoron.

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