El fantasma que recorre Colombia

Desde 1964 cuando el pueblo dió a la luz su hijo, después de haber sido agredido por la oligarquía, éste ha sido culpado de todo lo malo que pasa en Colombia. Primero como forma de quitarle autoridad ante los hijos del pueblo. Pero como un tal Jesús por allá en el Oriente Medio hace más de 2.000 años, a éste fantasma lo culpabilizan de todo y quieren llevarlo a la Cruz. Mas a diferencia del tal Jesús las FARC no se deja crucificar.

Como decíamos a este fantasma lo culpabilizaban de todo para satanizarlo y mostrarlo como lo peor. Y no pudieron. Y no han podido. Como vieron que se desarrollaba, comenzaron a temerle. A temerle de verdad ya que los que lo atacaban veían que ese fantasma se aparecía ya no solo en la vereda Marquetalia -Tolima-, sino que fue apareciendo en Río Chiquito, el Pato, Guayabero , y despuesito de unos cuantos años se comenzó a aparecer en el Guaviare, en Antioquia, en Urabá…

Y el fantasma como no lo dejaban hablar, entonces lanzaba proclamas a los colombianos acompañadas de combates -única forma de hacer política- en los cuales clamaban por la Paz en Colombia. Y los inquilinos de la Casa de Nariño se hacían los oídos sordos. Ese ”fantasma” está reducido a la maginalidad de los más recónditos lugares del campo colombiano, la selva, decían.

La Madre Selva o lo que es lo mismo, la Madre Tierra los amamantó con sus pechos floridos y los fue convirtiendo en unos jóvenes fuertes, robustos, llenos de vida que luchaban por la vida misma. Así fueron creciendo. Ya no eran 48, eran muchos, cientos, que poco a poco llegaron a ser miles.

Como el miedo de los cobardes les paraliza el fundillo, entonces se compraron más fusiles, más aviones, más lanchas torpederas, y lanzaban sus ataques para acabar con el fantasma, el cual como fantasma que era desaparecía y volvía a aparecer un poco más allá o más acá, pero siempre aparecía para terror de los mandaderos de los inquilinos de la Casa de Nariño.

Un Comando Jungla equipado con lo último en tecnología militar.
La factura paga el pueblo colombiano a los gringos.

El fantasma creció y se desarrolló. Se convirtió en un ejército irregular, un ejército guerrillero. Y desde los medios de comunicación en poder de la oligarquía, casi todos, lanzaban anatemas contra el fantasma. Que comen niños. Que son asesinos y los asesinos son los otros, los que dicen que son asesinos. Que después eran narcotraficantes y los narcotraficantes eran compadres de los congresistas, ministros y hasta de los inquilinos de la Casa de Nariño hasta el punto que hoy es ”Casa de Nari”, pero los narcotraficantes decían que los narcotraficantes eran los otros, los buenos de corazón.

Los asesinos que acusan al fantasma de asesino son los que siguen asesinando los hijos del pueblo. Por eso es que el fantasma no se dá. Como buen hijo del pueblo, que tampoco se dá. Por eso luchan. Los indígenas del Cauca luchan contra un gobierno que no los representa. Por eso expulsan de sus territorios al ejército estatal porque ese es un ejército invasor que va allá no es a protegerlos sino a proteger sus antenas repetidoras para poderse comunicar entre ellos y nunca han podido comunicarse con los indígenas.

Y entonces viene el tartamudo inquilino de la ”Casa de Nari” a decir que no va a permitir indígenas en sus bases militares como si el territorio en donde están esas bases no fuera territorio de los indígenas. Y entonces, en que quedó el cuento de la propiedad privada? Ese territorio es indígena desde antes de la llegada de los invasores españoles en 1492. Desde antes de que se construyera la Casa de Nariño. Desde antes de que existiera el estado burgués.

Y como FARC es pueblo, entonces FARC defiende a indígenas, negros, blancos, mestizos, zambos, mujeres, estudiantes, niños, en fin todos los pobres de Colombia. Claro que eso no le gusta al tartamudo. Y entonces dice que el ”fantasma”, perdón, las FARC han infiltrado a los indígenas. Señor, para que sepa: ”infiltrar” es penetrar un tejido social -en este caso- que no le es propio al ”infiltrado”, y no se puede ”infiltrar” un tejido social -comunidad, población- que es parte y esencia del pueblo. El pueblo no puede ”infiltrar” al pueblo, entendés? (O quieres que te lo repita?).

«Así fueron creciendo. Ya no eran 48, eran muchos, cientos, que
poco a poco llegaron a ser miles».

Lo que si puede hacer el pueblo, en este caso los indígenas, es castigar al pueblo que traicionando a su clase trata de ”infiltrarlos” para con la información recabada golpear a su propio pueblo. Y cómo se castigan los traidores? Expulsándolos de sus territorios. Sencillamente.

Así las cosas, seguiremos oyendo la cantaleta del señor tartamudo inquilino de la ”Casa de Nari” diciendo es el fantasma, son las FARC. Porque el pueblo seguirá luchando contra la corrupción que campea, contra las violaciones de derechos humanos, contra la carencia de políticas que favorezcan al pueblo, contra la guerra, única política que tiene los administradores del estado para el pueblo.

Evidentemente que nosotros desde nuestra civilidad vemos con ojos atentos todo lo que hace el pueblo, incluídas las FARC, porque ellas, querrámoslo nosotros o no, quiéranlo o no los oligarcas, son pueblo, ya que nosotros somos de la familia popular y como tú no puedes escoger tus hermanos, primos, madre, padre, etc, nosotros no los escogimos, ellos nos fueron dados por nuestros padres del pueblo y naturalmente que estamos orgullosos de esa familia que nos tocó.

Un fantasma recorre Colombia. Es el fantasma de nuestros indígenas masacrados por el anterior imperio y por el actual, es el fantasma de nuestros próceres, es el fantasma de nuestros luchadores populares que han ofrendado su sangre generosa por la liberación e independencia de Colombia. Ese fantasma está vivo y se mueve por cordilleras y llanuras, ciudades y pueblos, luchando por la Nueva Colombia en paz con justicia social, libertad, independencia, democracia y soberanía nacional.

AUDIO: https://www.box.com/s/4a2c282e16befb3d0df8
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