El Estado opresor es un macho violador

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El 25 de noviembre de 1960, tres de las cuatro hermanas Mirabal —María Teresa, Minerva y Patria— de República Dominicana fueron asesinadas por su resistencia a la dictadura de Rafael Trujillo. La más joven de las tres, María Teresa, dijo antes de morir, “Quizás lo que nos queda por delante es la muerte, pero esa idea no me asusta. Continuaremos luchando por la justicia”.

Hace veintiún años, en el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, realizado en Bogotá (Colombia), germinó la idea de usar esa fecha —el 25 de noviembre— para honrar a las hermanas Mirabal y reafirmar la lucha contra la violencia contra las mujeres. La idea fue avanzando progresivamente a las Naciones Unidas, que en el año 2000 resolvieron conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres cada 25 de noviembre.

Este año, en Santiago (Chile), un grupo de mujeres —organizado por el colectivo feminista Las Tesis— se reunió el 25 de noviembre fuera del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género para protestar no solo contra el patriarcado histórico en el país, sino también contra el actuar de la policía —que incluye casos de violación— durante las actuales protestas a lo largo de Chile.

Protesta de Las Tesis en Santiago (Chile), 25 de noviembre.

El patriarcado es un juez,
que nos juzga por nacer
y nuestro castigo
es la violencia que no ves.

Es femicidio.
Impunidad para el asesino.
Es la desaparición.
Es la violación.
Y la culpa no era mía,
ni dónde estaba,
ni cómo vestía.

El violador eras tú.
Son los pacos (policías).
Los jueces.
El Estado.
El presidente.
El estado opresor es un macho violador.
El violador eras tú.

“Duerme tranquila niña inocente, sin preocuparte del bandolero,
que por tus sueños dulce y sonriente vela tu amante carabinero”.

El violador eres tú.

Su canto reverberó en todo el mundo. En India, una veterinaria de 27 años fue violada y asesinada, tal como Precious Ramabulana fue violada y asesinada en Sudáfrica. Sus muertes llegaron a las noticias, muchas otras no. La Organización Mundial de la Salud registra los datos, que muestran que 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual, usualmente de su pareja. Es la violación a los derechos humanos más extendida, y una de las menos denunciadas. Esas cifras son inadecuadas. Hay grandes brechas en los datos de género, lo que hace a las mujeres y las niñas invisibles a los gobiernos y las agencias internacionales. Estas brechas ocurren porque los gobiernos no invierten lo suficiente en la recopilación de estadísticas de género, y porque los datos sobre los problemas que enfrentan las mujeres y niñas no se recolectan sistemáticamente. Las mujeres no denuncian los casos de acoso y violación por razones sociales, así como también por la impunidad que el Estado entrega a los violadores (no es fácil denunciar un caso con la policía, y es igualmente difícil obtener una condena para el acosador y violador).

Daniela Carrasco, conocida como la Mimo, participó de las protestas en Chile. Fue arrestada el 19 de octubre y encontrada muerta unas horas después, con marcas de tortura en su cuerpo. El poema de Edgardo Zouza gritó su nombre para que no se olvide:

No olvidamos tu nombre,
Daniela Carrasco.
¿Cómo creer lo que dicen
los asesinos,
torturadores,
violadores…?

 Ivana Kurniawati, Rest in Power, Revolutionary Daniela Carrasco

Ivana Kurniawati, Descansa en poder, revolucionaria Daniela Carrasco, 2019.

Hay una serie de razones por las que la violencia contra las mujeres sigue siendo alta, y quizás ha aumentado. Estas van desde ideas patriarcales muy arraigadas hasta la vulnerabilidad económica. Ninguna clase ni continente es inmune a la violencia contra las mujeres. La Unión Interparlamentaria publicó un estudio en 2016 sobre mujeres parlamentarias de 39 países de todos los continentes. De las mujeres entrevistadas, el 82% dijeron que como parlamentarias han experimentado algún tipo de violencia psicológica, lo que incluye comentarios, gestos y circulación de imágenes sexistas y amenazas físicas. El 44% dijo que han recibido amenazas de muerte, violación, ataque o secuestro. El comportamiento indecoroso y sexista de sus colegas varones es cotidiano. Esta es la situación de mujeres que han sido elegidas como parlamentarias.

Mujeres estudiantes protestan en la Universidad de Kufa, Irak

Mujeres estudiantes protestan en la Universidad de Kufa, Irak, noviembre de 2019

La base de datos del Proyecto de Datos de Eventos y Localización de Conflictos Armados (ACLED, por su sigla en inglés) muestra que la violencia contra mujeres que participan en política ha aumentado cada año. Esto es precisamente sobre lo que cantaban las mujeres en la calles de Chile. En el informe de ACLED (“Terrible y terroríficamente normal”: Violencia Política Contra Mujeres, traducción libre) publicado a comienzos de este año, la Dra. Roudabeh Kishi y sus colegas documentaron las técnicas utilizadas para atacar a las mujeres que participan activamente en luchas para proteger el medioambiente, para defender a sus comunidades y organizar sindicatos. El año pasado, en Basra (Irak), fue asesinada Suad al-Ali, quien dirigía al-Weed al-Alaiami por los Derechos Humanos. Casi un año después, en Colombia, en las vísperas a las elecciones de este año, fue asesinada Karina García, candidata a alcaldesa en el Cauca. Lo que separa a estas mujeres es la geografía, lo que las une es la política.

El aumento de la violencia política es un resultado directo tanto del gran número de mujeres que están en las calles contra el régimen de austeridad, como del gran número de mujeres que lideran esas luchas.

Marcha estudiantil de solidaridad en Pakistán, 28 de noviembre.

Las mujeres de todos los países del mundo han planteado el asunto de la violencia contra las mujeres, desde el acoso sexual a la violación y el feminicidio. México, donde las protestas contra el feminicidio han sido incesantes, produjo el poderoso hashtag #terremotofeminista. A medida que la derecha y el neofascismo han surgido con sus ideas reaccionarias sobre el rol de las mujeres en la sociedad y en la familia, han instalado sus visiones antiaborto en primer plano. Es por eso que la lucha por el aborto y los derechos reproductivos es una lucha tanto por los derechos de la mujer a elegir lo que pasa con su cuerpo, como por el derecho de mujeres y hombres a crear una sociedad progresista y a desarrollar ideas progresistas sobre la “familia”.

Miembros de AIDWA bailan antes de llegar a Chenai (Tamil Nadu) como parte de la Marcha por los Derechos de las Mujeres #MarchForWomenRights

En Tamil Nadu (India), la Asociación de Mujeres Democráticas de toda la India (AIDWA) organizó una Gran Marcha para generar conciencia sobre la violencia contra las mujeres. Caminaron por 400 km en este estado de 68 millones de habitantes, y cuando el 4 de diciembre llegaron a Chenai, la capital del estado, la policía arrestó a más de cien activistas de AIDWA.

Madan Raj, miembros de AIDWA en su Gran Marcha en Tamil Nadu.

Madan Raj, miembros de AIDWA en su Gran Marcha en Tamil Nadu, noviembre de 2019.

Cada vez más mujeres han salido a las calles para exigir más poder de decisión y no estar subordinadas a los hombres, no solo en el parlamento y la burocracia, sino también en los partidos y movimientos políticos. Cuando las mujeres libanesas que habían estado en las calles se vieron representadas de manera sexista, dijeron “somos revolucionarias, no chicas sexis”. La suya fue una protesta dentro de la protesta.

Mujeres sudanesas salen a las calles a saludar a las mujeres revolucionarias del Líbano

Mujeres sudanesas, incluyendo a Alaa Saleh (22 años), salen a las calles a decir “Desde Sudán: saludamos a las mujeres revolucionarias del Líbano”.

En una protesta contra la violencia, las mujeres plantearon el tema de la injusticia económica y de la fragilidad de la economía de los cuidados; es probable que alguien exija también más derechos políticos para las mujeres. Estas manifestaciones no pueden clasificarse con facilidad como sociales, políticas o económicas. Una de las razones por las que estos asuntos se enfrentan entre sí es que el régimen de austeridad ha corroído a la sociedad hasta los huesos y ha empujado a las mujeres, por razones patriarcales, a trabajar más y más para mantener a sus familias y comunidades. Si la “mano invisible” falló en cuidar a la gente, el “corazón invisible” tuvo que hacerlo. Fue la experiencia de los recortes en la economía de los cuidados lo que profundizó la radicalización de las mujeres en nuestras sociedades. Su feminismo emergió de la experiencia del patriarcado y de las políticas de ajuste estructural. La tendencia del capitalismo a engendrar violencia y privaciones fue lo que aceleró el viaje del feminismo popular e indígena directamente hacia los proyectos socialistas y comunistas que permanecen vigentes en nuestro tiempo. A medida que la marea del neoliberalismo sigue bañando todo el mundo y sumergiendo a las sociedades en ansiedad y dolor, las mujeres han sido las más activas en luchar por un mundo diferente.

A comienzos de año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó un informe, Un paso decisivo hacia la igualdad de género, que demostraba las horribles condiciones laborales para las mujeres. La mayoría de las mujeres desean tener un trabajo remunerado, pero pocas logran encontrarlo. Aquellas que encontraron trabajo remunerado fueron empleadas en puestos considerados poco calificados. Las mujeres están más expuestas que los hombres al trabajo informal en alrededor del 90% de los países de África subsahariana, en el 89% de Asia Meridional, y en casi el 75% de los países latinoamericanos.

Noureddine Ahmed, Brigada Tunecina de Payasxs Comprometidxs,

Noureddine Ahmed, Brigada Tunecina de Payasxs Comprometidxs, Marcha Nacional Contra la Violencia Contra las Mujeres, Túnez (Túnez), 25 de noviembre de 2019.

Las mujeres no consiguen encontrar trabajos en los que puedan alcanzar posiciones de liderazgo, ni pueden encontrar fácilmente trabajos que requieran habilidades para las que tienen formación. La razón no es que los hombres tienen más educación que las mujeres, sino que las mujeres hacen la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado. Alrededor del mundo, 606 millones de mujeres en edad laboral (21,7%) realizan trabajos de cuidado no pagado a tiempo completo, comparado con 41 millones de hombres (1,5%). Entre 1997 y 2012, el tiempo que las mujeres dedicaban al trabajo doméstico y de cuidado disminuyó solo en 15 minutos al día, mientras para los hombres aumentó en solo 8 minutos diarios. A este ritmo, se estima que la brecha de género en el tiempo dedicado a realizar trabajos de cuidado no remunerados no se superaría hasta el año 2228, es decir, demoraría 209 años.

K. Hemalata, la presidenta de la Central de Sindicatos de la India (CITU), dijo que cuando los sindicatos indios fueron a organizar a las mujeres en el sector de cuidado infantil en 1989, se sorprendieron de encontrar altos niveles de militancia entre estas trabajadoras precarias. Vale la pena cerrar este boletín con una reflexión de Hemalata:

Encontramos que las trabajadoras con frecuencia sufrían acoso –incluso acoso sexual– en el trabajo. Su enojo por los bajos salarios y el acoso las volvió muy militantes. Tuvimos reuniones regulares donde las mujeres construyeron una agenda de lucha. Fueron muy valientes. Frente a los recortes y a los ataques de la policía, siguieron luchando. Se ejerció mucha presión política sobre estas mujeres, pero no pudieron romper su confianza en el sindicato.

La Tricontinental

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