El discurso de Raúl y el desmentido de Fidel.

Riflexiones

Existe el proverbio, no se si de la modernidad o la antigüedad, enunciativo de que el trabajo de un gobernante no es ser querido por su pueblo, sino cuidar de este y lograr la paz y la prosperidad de la nación.

Hay otra máxima que enuncia que a veces de la nada sopla un viento malo y, que a pesar de tener los gobernantes el control sobre la realidad, un día todo se viene abajo.

Todos son adagios que nos vienen del pasado, rodeados de la magia intelectual del hombre y que tratan, a pesar de la advertencia que encierran, hacerse realidad a cada momento.

Y todo este antecedente para decirles que el refrán ese que dice “Donde dije digo, dije Diego” es solo una salida para no reconocer errores en nuestro discurso.

Obama no es un presidente de esos de a tres por kilo que ha tenido este mundo en su discursar milénico, es uno que ha demostrado cualidades positivas, metas más humanas, y que por encima de todo trata de defender su nación desde posiciones más realistas.

Yo lo prefiero por encima de todos los presidentes norteamericanos desde 1959, salvando entre ellos la excepción de Carter. Y no soy un experto político, pero trato de encontrar la vena humana en el batallar diario de las personas, ya sea ese barrendero que mantiene mi acera limpia, o al Presidente de una nación que trata de borrar decenios de política abusiva y asesina.

Como he dicho en artículos anteriores, denle al mulato un chance, seamos sinceros con él, eso si, sin darle informaciones que ocasionen que otros cinco vayan a parar de nuevo a las mazmorras imperiales.

El pimpineo en las relaciones internacionales no conduce a pactos serios, dejen el pimpineo para el ballet. En las relaciones entre estados, cuando se hacen afirmaciones y nos equivocamos debemos reconocer el error, si es que queremos que nos sigan teniendo como rivales serios; por ello si dije digo y me equivoqué, pido disculpas, pero dejemos eso de la malinterpretación para las parejas de enamorados adolescentes..

Y hay más, al parecer no solo Obama malinterpretó lo anunciado por el presidente cubano, sino todo el que lo oyó.

Yo, al parecer también lo malinterpreté.

Veamos el camino que sigue la culpa:

«Le hemos mandado a decir al Gobierno norteamericano en privado y en público que ahí están los derechos cuando ellos quieran discutirlos todos: derechos humanos, libertad de prensa, presos políticos, todo, todo, todo lo que quieran discutir”

«Si quieren a los disidentes, se los mandamos mañana, con familia y todo, pero que nos devuelvan a nuestros cinco héroes»

«Pero en igualdad de condiciones, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y sin la más mínima violación al derecho de la autodeterminación del pueblo cubano».

Estas palabras del compañero Raúl fueron calificadas por el presidente Obama como una señal de avance y no creo que Obama haya malinterpretado las afirmaciones, sino que las interpretó muy bien.

La equivocación está en lo dicho, Raúl se equivocó al plantearlo, porque si somos un país soberano e independiente, ningún país extranjero puede arrogarse derecho alguno a venir a discutir algo que es soberanía del pueblo cubano.

Si alguien está en la creencia que Estados Unidos puede venir a Cuba a solucionar nuestros problemas internos, entonces si está malinterpretando las aspiraciones soberanas de nuestro pueblo.

Los problemas de los cubanos deben resolverlos los propios cubanos; además, no se si para la burocracia en Cuba, pero para nuestro pueblo está claro donde están los problemas y cómo resolverlos. En ello no veo por ninguna parte que tenga que intervenir la mano de Estados Unidos.

Si Estados Unidos puso el bloqueo que lo quite, el pueblo cubano no participo en esa toma de decisión y no tiene porque participar en su eliminación. Está claro que el bloqueo no cumplió los objetivos de ahogar nuestra Revolución. Además, lo que queda son harapos del bloqueo, porque Estados Unidos nos vende alimentos, permite los viajes y las remesas y ya hasta permite el intercambio en la esfera de las comunicaciones, y en breve los nacionales de ese país podrán visitarnos libremente.

Creo que quien a esta hora habla del bloqueo es porque no quiere referirse a otros problemas que enfrenta nuestra sociedad, que a diferencia del bloqueo, si pueden hacer añicos estos 50 años de esfuerzo y trabajo de nuestra población por conquistar el socialismo.

El bloqueo ya es una pieza museable. Pongámosla en el Museo de la Revolución, allí donde están las batallas ganadas por nuestro pueblo. El bloqueo está muerto, no tratemos de resucitarlo con fines políticos y de negociación.

La autosuficiencia es en las relaciones internacionales lo que el fideo para la sopa, no puede faltar. Pido que levante la mano el estadista que no ha sido autosuficiente en el desempeño de sus funciones.

Además la autosuficiencia no es un factor negativo cuando existe poder, riquezas e inteligencia. Lograr la autosuficiencia política, económica y social es un paso en la vida enorme. Otra cosa es hablar de prepotencia, factor negativo en el ser humano, que hasta el guapo del barrio enarbola sin siquiera tener par de pesos en el bolsillo para comer por la noche.

La prepotencia también es el farolazo de los débiles, del que no tiene soluciones y lanza una idea estrambótica para dormir conciencias o aplacar demandas justas.

Quien conozca un poco de la política norteamericana sabe que su ejecutivo no puede de un plumazo erradicar el bloqueo. Es una situación que costará esfuerzos al actual presidente, porque la sociedad norteamericana tiene tres poderes independientes y allí no solo la política, sino la economía, la justicia y los asuntos sociales se entrelazan.

Pedirle a Obama que levante el bloqueo, es como pedirle a Supermán que participe mañana en la reunión de mi CDR. Eso es imposible por dos razones:

Supermán no existe y mi CDR ya no se reúne.

¡Caballeros, seamos aunque sea una sola vez en la vida serios en la política!

Nadie llega y tumba una torre de un golpe, lo más adecuado es comenzar a desatornillarla desde las alturas. Lleva tiempo, pero es más seguro.

Nos hemos pasado la vida hablando del fracaso de los demás, y de nuestros errores ¿Cuándo comenzaremos a hablar y a actuar para eliminarlos?

Toda esta situación creada alrededor del discurso de Raúl en la Cumbre del Alba, sin que haya malinterpretación de mi parte, lo único que si demuestra es que hay una diferencia de criterios formales entre Raúl y Fidel sobre el diferendo entre Cuba y Estados Unidos.

Y no es mi sola opinión, que de nada vale. Durante una audiencia en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, convocada para referirse a las prioridades de Obama en política exterior, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, expresó que, al eliminar las restricciones a los viajes y a las remesas a Cuba, Obama originó una respuesta de Raúl Castro para dialogar sobre todos los temas. «Pero luego apareció Fidel para contradecirlo y afirmar que su hermano no había querido decir que Cuba hablaría de prisioneros políticos y derechos humanos”.

Malo veo el futuro si las contradicciones comienzan internamente y no tenemos la valentía de reconocer nuestras equivocaciones.

Y si he pedido un respiro para que el mulato se desarrolle, porque también no pedir otro para nuestro Presidente. Démosle tiempo al tiempo, dejémosle negociar, porque al final, en una mesa de negociaciones se puede hablar de todo, para entenderse, para comprenderse, y sin que haya falta de respeto.

Hay un refrán que dice que para que algo nuevo nazca, algo viejo tiene que morir, y a esta sentencia me ato para afirmar, que si una nueva diplomacia y una nueva visión política proviene del norte, aún reconociendo que para nada han cambiado los objetivos imperiales; con una nueva visión política debemos enfrentarla,&nbsp sin cambiar por ello nuestros objetivos socialistas y de una patria libre, independiente y soberana.

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