El discurso de la Pascua Judicial 2019 (1)

Por Domingo Sanz

“Buenas noches. Os agradezco que, una vez más, me dejéis entrar en vuestros juzgados durante estas fiestas, aunque ya hayan regresado a Oriente los Reyes Magos”.

Por Domingo Sanz Este hubiera sido el comienzo de mi mensaje de Año Nuevo leído con retraso, pero el discurso de la ministra de Defensa en la Pascua Militar ha añadido un nuevo detalle a lo que pensaba deciros el día uno de enero. De hecho, me he inventado lo de la “Pascua Judicial” a modo de desagravio.

Para dirigirme a vosotros, jueces y juezas, he decidido disfrazarme de presidente del Gobierno aunque, si lo preferís para mejor comprender mis deseos, también puedo parecer el rey real. Sí que quiero que nos tuteemos porque, a fin de cuentas, estamos en el mismo barco y lo que verdaderamente reina aquí y ahora es un temporal de los que asustan de verdad y que, aún pendientes de averiguar quien ha contribuido a crearlo con mayor ahínco, lo que es evidente es que ni vosotros ni nadie ha conseguido amainarlo.

He decidido hablaros porque ni el rey real ni ninguno de los once presidentes autonómicos que han dirigido sus mensajes navideños se ha atrevido a pronunciar la palabra “jueces” en ningún momento. Y ello a pesar de que, según mis cuentas, suman más de quince mil las palabras que los once, más el rey real, han grabado en sus videos. Y si en algún momento han verbalizado “justicia” ha sido porque tales letras forman parte, en el mismo orden, de la palabra “injusticias”. O porque les sirve para hablar de “justicia social”, un concepto que queda muy bien en Navidad, pero nada tiene que ver con vuestra labor de impartir justicia en aplicación de leyes aprobadas por esos mismos líderes parlantes.

Y, por último, lo de la ministra Robles. No soporto a los políticos de cualquier género que no son capaces de redactar un discurso que sea lo suficientemente cínico, pero también inteligente, como para no ofender a terceros, en este caso vosotros. No se le ha ocurrido otra cosa que decir que las Fuerzas Armadas son las “principales garantes del ordenamiento constitucional”. O sea que los jueces solo sois garantes secundarios, de los del montón. Pues cualquiera lo diría, a la vista de la cantidad de trabajo que os proporciona lo de tener que garantizar cada día el respeto efectivo al “ordenamiento constitucional”, con la cantidad creciente de conflictos que genera.

Sí, todos estos políticos, incluido el rey real, os ignoran en sus discursos más calculados y bienintencionados de cada año. Se trata de apariciones públicas muy cómodas para todos ellos, pues ni hay periodistas que pregunten ni la oposición que incordie. Solo tienen que redactarlos con cuidado, para lo que no les faltan asesores bien retribuidos. Y resulta que son incapaces de incluir una frase que haga referencia al “importante papel de la Justicia para facilitar la convivencia”, por ejemplo, y ya que el rey real pronunció la palabra “convivencia” siete veces durante las 1.275 de su discurso de Nochebuena.

Y la actitud de todos ellos es especialmente despreciable porque son líderes de los mismos dos partidos, PP y PSOE, a los que lleváis años salvando la cara por que se niegan a ponerse de acuerdo para adaptar las leyes a los cambios sociales, comenzando por la Constitución. Saben perfectamente que toda norma debe comenzar a reformarse desde el momento en que comienzan a producir conflictos que terminan en sentencias judiciales para comprenderlas y aplicarlas en la vida real, pero ellos prefieren que los juzgados, vuestros juzgados, se inunden de expedientes antes que dialogar y pactar.

Pero, según iba redactando todo lo que ya me habéis escuchado, sentía que dejaba de reconocerme a mí mismo, pues no me recuerdo haciéndole “la pelota” a nadie y, no sé si coincidiréis conmigo, pero me parece que os estoy alabando en exceso.  Por eso era incapaz de comprender el motivo que me hacía sentir la necesidad imperiosa de dedicaros este, mi primer discurso pascual.

Entonces limpié la mesa de papeles y trastos y puse sobre ella los elementos más relevantes de entre los que me venían a la cabeza mientras pensaba en vosotros. Son los siguientes:

Uno. Los jueces componéis uno de los grupos más numerosos de funcionarios públicos con la máxima categoría profesional y que, además, estáis mejor preparados, pues debéis superar pruebas específicas tan exigentes como las que más para conseguir vuestro trabajo. Además, debéis manteneros siempre al día de las novedades legislativas, obligación que casi en ninguna otra profesión se da con tal nivel de exigencia.

Dos. Los jueces estáis, sin duda, entre los funcionarios que más tiempo extra dedican a su trabajo. Es clásica la imagen de jueces llegando a sus juzgados con una maleta de ruedas que va cargada con los expedientes más urgentes. Son los que os habéis llevado a casa para seguir trabajando. En muchas ocasiones durante toda la noche. Por si fuera poco, los juzgados son, con diferencia, los centros de trabajo de la Administración Pública en los que peor funciona la informática, por lo que son repetidas, y desde hace muchos años, las veces que incluso deben suspenderse juicios porque el sistema se ha “colgado”.

Tres. En cambio, los jueces no sois, ni de lejos, el cuerpo de funcionarios mejor retribuido económicamente. Ni tampoco a quienes, tal como ha quedado demostrado con los discursos, se os reconoce la decisiva e imprescindible función que realizáis en beneficio de toda la sociedad.

Cuatro. A pesar de todo lo anterior, y de que, salvo las sentencias definitivas, todas las que dictáis pueden ser recurridas por los actores de cada procedimiento, cada vez estáis siendo más fiscalizados por los medios de comunicación, hasta el punto de que alcanzáis casi tanto protagonismo como el de los políticos, especialmente con los casos más relevantes. Y con el agravante de que, a diferencia de ellos, debéis hablar solo “a través de vuestras sentencias y, sobre todo, no podéis decir un día una cosa y al siguiente la contraria para sembrar la confusión entre quienes os critican.

Cinco. Y, por último, tampoco los jueces os parecéis, ni de lejos, a cualquier otro colectivo de funcionarios en lo que se refiere a convocatorias de protestas para reclamar vuestros derechos ante el Ministerio. Las movilizaciones que habéis llevado a cabo han sido mínimas y todas muy recientes.

Mientras intentaba cuadrar mentalmente estas evidencias, compartidas en su día a día por miles de jueces y, al mismo tiempo. tan contradictorias, fui a dar con la portada de “El País” del día 16 de julio de 2017, en la que aparecía destacada una crónica enviada desde Sao Paulo por Tom C. Avendaño. Su título era “Brasil, el país en el que los jueces tomaron el poder” e informaba de los muchos procedimientos abiertos contra políticos, incluidos los ex presidentes Lula y Temer, para perseguir la corrupción.

El artículo, del que recomiendo una lectura contextualizada, terminaba así: “…la política gira alrededor de los tribunales y el pueblo ha perdido la esperanza de que todo vaya a mejor cuando todos los culpables estén en la cárcel. ‘El futuro es sustituir a las personas por las instituciones y salvarnos sin salvadores’, sostiene Ayres Britto, que fue juez del Tribunal Supremo nombrado por Lula entre 2003 y 2012. Un futuro con la clase política entre rejas que plantearía el interrogante de quién liderará el país”.

Ciertamente, señoras y señores titulares de juzgados, la “droga” que significa el ejercicio efectivo del poder es de las que más enganchan. Sé que en medio de un discurso como este no procede incluir una pregunta, pero me vais a permitir el derecho a la excepción. ¿De verdad que no os suena muy cercana la situación de los jueces en Brasil que contaba “El País” de hace dieciocho meses?

Hasta aquí por hoy. Siento que se me haya alargado tanto lo que quiero deciros que, como estoy seguro que habéis imaginado, es de una importancia absoluta para el futuro de este país, pero los detalles de esta inquietud los expondré en la próxima entrega. Hasta ese momento, que no se demorará demasiado, recibid un saludo y los mejores deseos.

Continuará…

COLABORA CON KAOS