El Diari de Terrassa no ha publicado todavía ninguna esquela por la muerte de Augusto Pinochet

La muerte del bueno (para diferentes hideputas) de Augusto Pinochet, salvador de una patria de las torturas, ha sido recibida en la ciudad de Terrassa, Catalonia, con bastante indiferencia. Así, y pese al estrecho vínculo que mantuvo con otro adalid del genocidio, esto es, con Francisco Franco Bahamonde, en cuyo entierro hizo de plañidera; todavía no hay quien se haya dignado a publicar sobre la muerte del cobarde chileno una esquela como Dios manda en la prensa local. La denominada Comisión Francisco Franco de Tarrasa, que en fechas muy recientes nos deleitó con un recordatorio exclamativo sobre la presencia del Caudillo de España en la dimensión de los que tienen más de treinta años de experiencia entre los muertos asesinos; esta vez no ha tenido el detalle de pagar ni un céntimo por la publicación de una esquela en honor al amigo del Cono Sur. O eso, o los criterios del Diari de Terrassa han cambiado.  

Sabemos que el citado diario local podría publicar esa esquela si así se lo propusiesen, pues el negocio no va en contra del bien común, la línea editorial está a salvo, lo privado es lo privado y ciertos puntos de vista sobre la libertad de expresión admiten cualquier burrada en su seno. Pero hasta ahora, eso no ha ocurrido. El Diari de Terrassa no ha publicado todavía ninguna esquela in memoriam  de Augusto.

Méritos no le faltaron al personaje para que alguien se gaste los cuartos por él: ejecución de opositores, tortura sistemática, caravana de la muerte, Operación Cóndor, concentración de detenidos en campos de fútbol, Villa Grimaldi, ordeno y mando militar, supresión de libertades, bombardeo del Palacio de la Moneda, muerte, más tortura, más muerte, exilio, impunidad, muerte, desapariciones, tortura, muerte, etcétera. Ya conocen sus hazañas, esas canalladas en las que no participó aunque todo lo controlaba y que tan valientemente afrontó en su vejez con dotes de comediante escurridizo: ja, je, ji, ¡qué risa! Hasta los lingotes de oro y el volátil capital (liberales como son) se desternillan desde diferentes puntos del orbe, protegidos (nada liberalmente) de los chilenos de bien (y de los de mal también).  

Ya sé, porque me lo han dicho unos que poseen la Verdad con mayúsculas, que Pinochet salvó a Chile de las hordas comunistas y, de paso, del caos (que no de Kaosenlared). También sé, porque lo dijeron algunos de sus adláteres, que la Democracia (con mayúsculas) también le debe una, una muy gorda. Sé – y eso me lo han chivado unos pajarracos (que no pajaritos) –  que las doctrinas de los chicos de Chicago (Milton Superstar) se introdujeron para que Chile disfrute hoy de un nivel de vida de órdago, de atar los perros con longanizas, de ir a todo trapo, de trajes de potosí. ¡Viva Chile!  

Algunos tienen estos días empacho de palabras para el despiste: que mira tú a Stalin, que si Fidel, que si Hugo, que Pol Pot, que Bin Laden, que Durruti, que Mao, que Allende, que las checas, que las sacas, que éste es malo, que el otro es más malo, que si la progresía, que si los rojos, que si los amarillos, que si los hipócritas de la izquierda, que si las ucronías, que si los rábanos, que el parasitismo, que la verdura… Palabras y nombres que difícilmente aportaran consuelo a los que creemos en la ciudad de Terrassa (la de los más de 200.000 habitantes según el censo) en un justo tributo a Augusto el no ajusticiado. Lloramos por las esquinas sin homenajes y ya casi sin lágrimas.

Margaret Thatcher está triste (pero no vive en Terrassa), Kissinger raramente sufraga esquelas en la prensa catalana, el Diari de Terrassa guarda silencio esta vez – no tiene quien le escriba necrológicas endiosando a tiranos nonagenarios-, la Comisión Francisco Franco no se moja por el colega de infamias (aún), yo recuerdo a Amanda (lo que me impide participar en una colecta para la publicación de mamarrachadas), Manuel – tal vez – pueda pedir explicaciones en el más allá, aunque no confío nada en ello y no vale la pena vagar con espíritus de mierda sideral. Los vivos seguirán la lucha, supongo. Los pinochetistas perderán la calle y la historia. El féretro con los restos de Augusto será incinerado por temor a que se profane su tumba: genio y figura, cobarde: los gusanos, que son muy sabios, celebran la decisión.

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