El desconocer el curriculum

 El desconocer el curriculum, lo que verdaderamente cuenta del curriculum es lo que lleva al desencuentro entre el mérito y la capacidad con la demanda laboral. El currículum académico y profesional por el que uno accede a un puesto de trabajo, a un cargo público o político está cambiando constantemente. El empresario puede tener en cuenta a un recomendado porque espera recuperar el favor, las oposiciones son como los test de inteligencia, al menos miden algo, pero no necesariamente la capacidad para un puesto, y para los políticos antes de ser elegidos por el pueblo sabemos por qué hay que pasar.

  Decía Sacristán que “la crisis de la institución que organiza la enseñanza anuncia que el conocimiento está socialmente maduro para dejar de ser un valor de cambio”. Con otras palabras que ¿por qué no habría de poder vivir uno satisfecho como miembro del personal de servicio del manicomio? Al fin y al cabo se respeta a los locos porque es por ellos por lo que existe el edificio en el que uno vive. Cuando se es joven uno tuvo libertad para elegir en cuál quería vivir. Más tarde se pierde, se llega a dudar que se hubiera tenido.

  Uno de los santos de la educación, Einstein, era partidario de un ideal de vida que él llama “el ideal de la pocilga”, de una existencia caracterizada por la sencillez, la modestia y la frugalidad, movida por el conocimiento de que nuestro hacer se apoya siempre en el trabajo de otros, respetuosa de las tradiciones y orientada hacia la belleza, la bondad y la verdad. Se reconocía parte de la tribu de “los que buscan”… fuera.

  Cerca de unos prados/ que hay en mi lugar/ pasaba un Borrico/por casualidad./ Una flauta en ellos/ halló, que un zagal/ se dejó olvidada/ por casualidad./ Acercóse a olerla/ el dicho animal/ y dio un resoplido/ por casualidad./ En la flauta el aire/ se hubo de colar,/ y sonó la flauta/ por casualidad. Ahora que estoy tirando los viejos Mientras Tanto a la basura he encontrado, como el burro la música, “por casualidad”, otro apunte de Sacristán que me ha hecho recordar el día en el que vivo. 

  “La simple presión “pacífica” de los enemigos exteriores, con el temor que infunde en el ánimo de los que se ven así acosados, basta para que estos cometan toda suerte de errores, desde el ver agentes y traidores camuflados por todas partes en las propias filas hasta el de confiar ciegamente en oportunistas realmente dispuestos a vender a su pueblo a cambio de dinero, poder o fama. Por eso la buena voluntad no basta si no va acompañada de una inteligencia lo suficientemente fría y profunda como para distinguir los medios congruentes con los fines de aquellos otros que acaban invadiendo y convirtiendo en pesadillas los más bellos sueños de la humanidad (de esa parte de la humanidad que aún no ha perdido la esperanza en su propia capacidad para acabar de humanizarse)”.

  Lo que has estudiado, en qué has trabajado, las relaciones que has tenido, los resultados alcanzados y el puesto de trabajo en el que acabas también parecen emparentados por casualidad. Stupid Jobs Are Good To Relax Whith, era el título de un libro en el que se establecía el contraste entre un curriculum con una serie de empleos tontos y otro con una carrera de ascensos y la correspondiente jubilación anticipada. Oteiza lo decía de una manera más cruel: “Yo no ensucio mi curriculum de fracasado con una victoria de mierda”.

  Pensando en nuestro principal problema social, el encontrar un trabajo, pensando desde el punto de vista del sufrimiento de los que sufren, punto desde donde empezar a considerar qué es verdad, no podemos menos que pensar que eliminar, por lo menos la mitad de los puestos de trabajo actualmente existentes, al estar ligados a una producción superflua o dañina, creadora de desigualdades, cuando no peligrosa o destructora de la vida, también ha de barrer el puesto de trabajo como forma de mantener la vida, pensando en eso que corta el aliento a algunos rojos y a la mayoría de los verdes, me acuerdo que hoy se vota y que quién vota y quién no vota se va a saber, y que las cosas se complican cuando un colectivo vota, por ejemplo, medidas de reconversión en que se juega el destino de algunos puestos de trabajo. Quien por las razones que sea está seguro de su puesto de trabajo puede sentir la tentación de votar por medidas que no garantizan el puesto a  otros. En tal caso ¿qué es más justo, el voto secreto o la presión moral del voto a mano alzada?

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