El derecho de autodeterminación como folclore

Por: Borroka Garaia Webgunea

Lo que se traduce en un referéndum precisamente llamado referéndum de autodeterminación en el que un pueblo vota si quiere acceder a la independencia frente a un estado o estados que lo incluían bajo sus fronteras.

Esto es algo aceptado hoy en día en todo el planeta gracias sobre todo a la lucha de la izquierda revolucionaria internacional hace décadas que en solitario teorizó, defendió y promocionó tal derecho. Incluso hoy en día en los tratados y acuerdos internacionales del capital se ven forzados a mencionarlo como derecho básico de todos los pueblos. Otra cosa es que lo cumplan, y es que eso ya es harina de otro costal. De hecho, ante la imposibilidad de enfrentarse directamente a algo tan elemental, algunos estados tiran por la puerta de atrás, firmando todos los acuerdos internacionales relativos a la autodeterminación mientras al mismo tiempo niegan la condición nacional de diversos pueblos dentro de sus fronteras con el único objetivo precisamente de que no se autodeterminen. Ese es el caso, entre otros, de los estados español y francés.

Para esos estados, como rezan sus constituciones, no existe otra nación que no sea la española o francesa, de ahí que sus estructuras sean reflejo de esa indisolubilidad estatal. Lo que significa directamente que se niega que existan pueblos, que la autodeterminación de esos pueblos negados está prohibida, y que las fuerzas armadas y policiales son las encargadas de que eso se mantenga así. A eso es a lo que llaman legalidad, cuando debería decir opresión nacional.

Dentro de las estructuras de esos estados se encuentran sus instituciones, todas ellas ligadas a esa legalidad y expresión de su orden jerárquico desde el parlamento central hasta el último municipio. Luego en el caso concreto de Hego Euskal Herria no existiría una sola institución vasca al no existir ninguna legalidad vasca sino instituciones españolas que se deben a la legalidad española tales como el mal llamado gobierno vasco o el gobierno de Navarra. Dos instituciones españolas autonómicas que al igual que el parlamento español ejercen la opresión nacional independientemente de lo que opinen los que llenan sus asientos. Si no la ejercerían, eso significaría que el estado español tampoco y por lo tanto sus instituciones serían legítimas.

Para que esos parlamentos autonómicos no ejercieran la opresión nacional tendrían que auto-negarse y disolverse en su esencia, cosa que ocurriría en el mismo instante que aceptaran un proceso de autodeterminación por encima de la autoridad que el estado español les otorga lo cual daría paso a una legalidad vasca.

Es por ello que las instituciones españolas en Euskal Herria, especialmente el mal llamado gobierno vasco y el navarro son parte del problema y no la solución. Es por ello que se habla de derecho a decidir pero nunca diciendo sobre lo que hay que decidir ni cómo, ya que eso traería a la palestra el derecho de autodeterminación que se quiere mantener oculto ya que es incompatible con la legalidad y sus instituciones y no tiene nada que ver con reformas en estatutos de autonomía.

No existen métodos democráticos dentro de la legalidad española o francesa para un proceso de autodeterminación vasco. Esta consideración es importante porque una estrategia basada en la apelación a la legalidad española o francesa, en su reforma y en su acatamiento, imposibilita y bloquea tal proceso o simplemente es una excusa barata para mantener el estatus quo. De la misma forma, el terreno de la ilegalidad, por fuerza trae un proceso de ruptura con esa legalidad que impide su desarrollo. El surgimiento de una legalidad vasca supone la ruptura con la legalidad española y francesa.

De este modo, un proceso de autodeterminación vasco necesita una base no partidista y popular que deje atrás los intereses de las élites políticas y económicas junto a la dependencia a sus instituciones tanto centrales como autonómicas. No es la sociedad la que tiene que empujar para que se muevan las instituciones autonómicas lo cual la coloca en grado de dependencia legitimándolas, sino que tiene que empujar para ejercer por ella misma la autodeterminación lo cual hará caer a la vieja institucionalidad española de las autonomías. De lo contrario, solo queda folclore, movilización anual y farsa electoral mientras la rueda del hamster sigue girando.

El derecho de autodeterminación como folclore

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