El derecho a la autodeterminación y la democracia real

Partimos de un principio simple: Todos queremos vivir bien. Queremos que nuestros hijos tengan una buena vida. Deseamos que a nuestros seres cercanos les vaya bien y, en términos generales, no gozamos con el sufrimiento ajeno.

Todo ser humano aspira a vivir bien, a no padecer dolor ni sufrimiento. Desde este punto de vista, cuando escuchamos a los ejecutores del poder financiero (léase casta política), culpables del desastre actual, hablar de independencia, autodeterminación, defender la unidad de España o que a Catalunya le iría mejor con un estado propio, etc., decimos que, simplemente, mienten y manipulan como bellacos.
Cuando se dice que el derecho a decidir (autodeterminación) pasa por la construcción de un Estado propio también se habla con falsedad.  Justamente el Estado-nacional fue un artificio creado hace apenas 300 años para trasladar el poder absolutista de las monarquías feudales a un nuevo monopolio administrativo acorde al sistema económico consolidado tras la Revolución industrial. El Estado interviene en nombre de los ciudadanos sometiéndolos en aras de sus verdaderos intereses.
Asociar estado con nación es, por tanto, un error. Las naciones o pueblos existen desde milenios y están en constante evolución, son dinámicas. Los estados son estáticos y, no necesariamente coinciden territorialmente con las naciones. Es el caso del estado español donde conviven múltiples naciones. La mayoría de naciones no tienen estado propio.
El estado nacional como instrumento concentrador de la violencia tiene los días contados. Por arriba, por la presión ejercida por el Paraestado al servicio del capital financiero internacional y por abajo, por la proliferación de localismos que reclaman su propia independencia cada vez a menor escala.
Pero también desde la base social crece la conciencia de la falsedad de las democracias formales y se reclama la desarticulación del estado mientras aumenta el hastío de la violencia y se aboga por una metodología no violenta activa.
Entonces, si el sistema de “Estados” no va a mejorar nuestras condiciones de vida ¿qué nos debería preocupar? La creación de un Sistema en el que podamos elegir las condiciones en que queremos vivir.
El derecho a la autodeterminación pasa por la posibilidad de cada individuo de poder decidir en qué condiciones quiere vivir y junto a otros, organizarse para hacer este derecho realidad. El derecho a la autodeterminación surge en una Democracia Real que se organiza desde la base social, es decir, el vecindario, desde donde se decide todo directamente y se va conformando en distintas entidades histórico culturales (naciones) siguiendo un modelo federativo donde el verdadero poder de decisión está en manos de la gente.
En ese sentido, los humanistas, aspiramos al surgimiento de una nueva Nación Humana Universal en la que podamos decir que todos somos ciudadanos de un mundo diverso y múltiple.
En síntesis: Decimos que la discusión en torno a si estado español o estado catalán no hace al tema fundamental sino que más bien desvía la atención hacia secundariedades generando división y conflicto.
Bibliografía consultada:
Perry Anderson, El Estado absolutista
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