El declive, ¿hasta cuando?

El derrumbe

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Por Patrocinio Navarro Valero

Estamos presenciando el lento pero inexorable proceso de eliminación de nuestras libertades públicas, de nuestros derechos laborales y asistenciales, y el declive del famoso – y nunca conseguido para todos -Estado del Bienestar. A medida que los ricos van siendo más en número ,y más ricos a costa del resto, se nota más su peso social y político como manifiestan las leyes mordaza, digitales o no, las reformas laborales y recortes neoliberales en España y en todo el mundo, y la creciente tecnología de control mediante los móviles, vía satélite, drones, cámaras de reconocimiento facial y muchos otros sistemas. Más poder de los ricos, menos poder popular; más riqueza de los ricos, más miseria colectiva; más medios tecnológicos de los ricos, más agresiones al Planeta y mayor número de desastres climáticos. La Tierra está al límite de sus posibilidades de mantener la vida , y la humanidad toda al límite de su paciencia para soportar la creciente injusticia, como estamos viendo en Francia, con los chalecos amarillos o estos día en Chile y Colombia.

Todo esto que parece tan obvio, tan urgente, no goza del interés colectivo en la misma proporción que su importancia. La gente anda preocupada  por su día a día a día, por las urgencias inmediatas, por  un trabajo que le permita  llenar la nevera y cuidar a su familia. Angustiados   por el paro, la pérdida de derechos laborales y la incertidumbre ante el futuro de sus trabajos y de sus pensiones, los pueblos ponen en un segundo plano las causas reales que motivan su vida precaria a que estamos sometidos unos y otros. Y en consecuencia no se ponen de acuerdo para abordar unidos y sistemáticamente los graves problemas de fondo que mencionamos como causas de la precariedad de vida a que estamos sometidos y a las sutiles y burdas formas de control y represión que se nos imponen para evitar justamente eso, que estemos unidos y que trabajemos sistemáticamente. Los chalecos amarillos en Francia no aglutinan sino a una minoría de los trabajadores; las manifestaciones dee pensionistas en España, – pese a su heroica marcha de hace unas semanas- ni alcanzan el eco necesario ni suman siquiera a la mayoría de pensionistas – a pesar de que puede irles la vida en ello. Los jóvenes que se manifiestan contra el clima cada viernes, no son la mayoría de los jóvenes y un largo etc. Por la misma dinámica, aunque en Chile exista tanto descontento social, los chilenos están divididos. Y lo mismo ocurre en Colombia y en todas partes. Falta conciencia solidaria, y una mirada abierta que nos permita salir del individualismo egocéntrico, pasivo y conformista que nos conduce inevitablemente no solo hacia un fracaso colectivo en lo económico, lo político o lo social, sino hacia un dramático desenlace climático. La Tierra tampoco puede más.

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