El debate sobre la llegada de médicos cubanos a Brasil es vergonzoso

Desde el punto de vista de la salud pública, tenemos un cuadro bien conocido. Escasez de médicos en miles de ciudades brasileras, ningún médico formado en el país tiene interés de trabajar en estos lugares, pobres, distante, sin ningún encanto y elegancia, ni siquiera aquellos que se formaron en las universidades públicas sienten algún impulso ético de retribuir algo al país que les dio educación profesional, formación y futuro de forma gratuita.

Respetando el derecho individual de cada persona para resolver su destino, el gobierno de Dilma decidió buscar a médicos extranjeros. No podría haber una actitud más democrática, con respecto a las decisiones de cada ciudadano.

El Ministerio de Salud logró atraer a médicos de Portugal, España, Argentina, Uruguay. Pero no fue suficiente. Así que el gobierno decidió hacer lo que ya había anunciado: traer médicos de Cuba. Como era previsible, la reacción ya comenzó.

Y como siempre he dicho en este espacio, el conservadurismo brasileño no puede ocultar su sumisión a los compromisos nostálgicos de la Guerra Fría, la base de un anticomunismo primitivo en el plano ideológico y salvaje en los métodos. Es un grupo que se formó en esta escuela, transmitió la herencia de padre a hijo y a nietos. Graduó jóvenes que no están preparados para la realidad del país, aunque tienen gran intimidad con Londres y Nueva York.

Hoy, ellos repiten el pasado como si estuvieran hablando de algo que tiene un futuro.

Fue en nombre de ese anticomunismo que el país enfrentó 21 años de tinieblas de dictadura. Y es en su nombre, que una vez más, se procura boicotear la llegada de los médicos cubanos con el argumento de que Brasil ayudará a la supervivencia del régimen de Fidel Castro. Los periódicos, en el pre-64, fueron boicoteados por las grandes agencias de publicidad estadounidense, en caso rechazaran la presión estadounidense a favor de la expulsión de Cuba de la OEA. Juarez Bahia, quien dirigió el Correio da Manhã [Correo de la Mañana], ya contó esta historia.

Vamos a ponernos de acuerdo en una cosa. Hagamos un trato. Si se va a reducir la economía a la política, cabe preguntar a quien ama las mercancías baratas de China Comunista: ¿cuál es el efecto de la expansión del comercio entre los dos países? Por algún criterio –político, geopolítico, estético, patético– ¿qué país y qué régimen pueden crear problemas para Brasil, a mediano, corto o largo plazo?

Seamos serios. Yo no soy ni nunca he sido admirador incondicional del régimen de Fidel. He escrito sobre sus defectos e imperfecciones. Pero sé reconocer que su victoria marcó una derrota del imperio americano y comprendo su importancia como afirmación de la soberanía en América Latina.

Creo que los problemas de los ciudadanos cubanos, que son reales, deben resolverlos ellos mismos.

Como alguien ya ha recordado: si se trata de argumentar causas humanitarias para prohibir la entrada de los médicos cubanos, ¿por qué aceptar a miles de bolivianos que hoy ocupan trozos enteros de la industria del vestuario más elegante del país?

Denunciar al gobierno cubano por tercerizar a sus médicos es ridículo, en un momento cuando una porción del empresariado brasilero quiere bordear o eludir a la CLT [conjunto de leyes laborales] y tener espacio libre para aplicar la tercerización en todas las ramas de la economía. En este sentido, tenemos la farsa dentro de la farsa.

Quién es radicalmente a favor de la tercerización de los asalariados brasileños quiere impedir la llegada masiva de los cubanos tercerizados. Dicen que son esclavos y, por supuesto, vamos a ver cómo están los trabajadores en las haciendas de sus amigos.

Hablar de la democracia es un truco muy viejo. No cuesta recordar lo que se hizo en el 64, con el apoyo de los mismos periódicos que 49 años después, condenan la llegada de los cubanos, erigiendo el argumento absurdo que harán adoctrinamiento revolucionario aquí. ¿Será que la gente no lee los periódicos?

Fidel Castro todavía tenía la barba oscura cuando dejó de hablar de revolución. Y su hermano está haciendo reformas que habrían sido pura herejía hace cinco años.

El problema, lo sabemos, no es este. Es material y mental.

Nuestros conservadores no han encontrado un nuevo diseñador de publicidad para adaptar su discurso a los días actuales. Están en contra de los médicos cubanos, pero ¿qué ofrecen? ¿Los médicos del [hospital] Sirio Libanes, del Einstein, del Santa Catarina?

Nada. Ofrecen la muerte innecesaria, las plagas bíblicas. Por qué no tienen propuestas alternativas o sugerencias que puedan ser discutidas. No se preocupen en buscar. Permanecen irresponsablemente mudos. Es criminal. Quieren dejar todo como está. Sus médicos siguen ganando lo que pueden y cada vez más. Está bien. Pero ¿por qué impedir una solución a quien no quieran recibir ni atender?

Sin una alternativa, los pobres y los muy pobres serán empujados a las grandes trampas de salud. Nunca serán atendidos, ni examinados. Pero dejarán su poco y sudado dinero en las arcas de traficantes sin escrúpulos.

En su mundo ideal, todo sigue siendo igual a como era antes. Pero no. Vivimos tiempos en que los más pobres y menos protegidos ya no aceptan su condición como una condenación eterna, a la cual se deben resignar en silencio. Luchan, pelean, participan. Y consiguen victorias, como todas las estadísticas de todos los investigadores reconocen. Los médicos, no son solamente, la maravilla de la cura. Mas representan un paso, una oportunidad para aquellos que no tienen ninguna. Por eso son tan importantes, para aquellos que no tienen el número de de ‘aquel médico’ con formación internacional en su móvil.

El verdadero problema es que la clase de arriba no soporta ninguna mejoría que los de abajo puedan conquistar. Recibieron la Bolsa Familia como si se tratara de un programa de corrupción de los más humildes.

Anunciaron que las leyes laborales eran un obstáculo para el crecimiento económico y tuvieron que tragar la mayor recuperación del empleo legalizado de nuestra historia. No necesitamos otros ejemplos.

En 2013, están recibiendo un primer proyecto de mejoría en la salud pública en muchos años, con la misma rabia, con el mismo egoísmo.

Temen que Brasil esté cambiando, para convertirse en un país capaz de dejar el mayor retraso, insoportable, hacia atrás. El riesgo es realmente este: en el polvo de la historia, aquel avance, lento, incompleto, con progresos y retrocesos, deja lo peor cada vez más lejano.

Es por esta razón, sólo por ésta, que se trata de impedir la llegada de médicos cubanos y se tratará de impedir cualquier mejora en un área donde la vida y la muerte se encuentran el tiempo todo.

Esta presencia va a ser buena para el pueblo. Como ya ha sido útil en otros momentos de Brasil, cuando los médicos cubanos fueron traídos con permiso de José Serra, Ministro de salud del gobierno de FHC, y nadie dijo que prepararían una guerrilla comunista.

Gracias a los médicos cubanos, la salud pública de Venezuela se convirtió en una de las mejores del continente, según la Organización Mundial de la Salud. También eran útiles en Cuba.

Los enemigos de estas iniciativas temen cualquier progreso. Saben que los médicos cubanos irán al lugar donde la muerte no encuentra obstáculos, donde la enfermedad se lleva a quien podría salvarse con una aspirina, una manta, un vaso de agua con azúcar. Por eso molestan tanto. Solo representan amenaza para quienes nada tienen que ofrecer a los brasileños, además de su egoísmo.

(Fuente: Original en portugués publicado en la revista istoe.com.br)

 

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