El cuarto misterio de Fátima

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¿En qué se parecen los misterios de Fátima al costo de fondo financiero?

¿En qué se parece, digo, la aparición de la Virgen a tres pastorcillos en un lugar de Fátima, Portugal, llamado Cova da Iria, un siglo atrás, a la visión de una columna o cilindro en una lámina de PowerPoint que representa el costo de fondo?

Me pregunto: ¿en qué podría parecerse la aparición sobre una encina, envuelta en la niebla luminosa y una lluvia de pétalos blancos, de una mujer “más brillante que el sol”, según el testimonio de tres niños pobres (Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto), a aquella columna de PowerPoint segmentada por colores que explican la composición de un crédito monetario, digamos, su “costo”?

¿En qué se parece un sitio sagrado como la Capilla de las Apariciones, levantada sobre el lugar exacto donde estaba la encina, escenario de multitudinarias peregrinaciones y milagros como aquel en que el sol “danzó” un mediodía ante miles de fieles, a un sitio profano como los bancos modernos, donde se oyen expresiones cotidianas que subyugan o estremecen como las revelaciones de la Virgen, conceptos como “costo de fondo” o, simplemente, “fondeo”, y también expresiones terribles como “saldo insoluto de la deuda”, y otras como “interés simple” o bien “interés compuesto”?

¿En qué se parecen?, me pregunto, desvelado.

¿En qué se parece el Sueño de la Razón a los tres secretos de Fátima?

Sigamos. ¿En qué se parece el segmento basal de aquel cilindro o columna de color gris opaco en una lámina de PowerPoint, porción del valor de un crédito atribuida al costo de fondo financiero, que por supuesto lo encarece, a cada uno de los tres misterios en forma de profecía revelados por la Virgen a los pastorcillos de Fátima en 1917, año del nacimiento de mi abuela?

¿En qué se parece la descripción del infierno, el primer misterio, con sus almas como brasas de forma humana, sus demonios horribles y asquerosos, y los gritos y gemidos de dolor y desesperación, a las “tasas de transferencia”?

¿A qué se parece el segundo misterio, revelado junto con el primero en 1941, año del nacimiento de una tía, que habla sobre la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón, su defección del comunismo y su conversión al catolicismo? ¿Guardará alguna relación, me pregunto, con las tasas de interés de la industria bancaria, a partir de las cuales las entidades financieras agregan sus márgenes para cubrir sus gastos y remunerar su (sagrada) gestión?

Vamos por el tercer misterio, revelado el año dos mil de nuestra era por Su Santidad el papa Juan Pablo II, en el que se describe a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda, cuyas llamas, que amenazan con incendiar el mundo, se extinguen al contacto con la grácil mano derecha de Nuestra Señora. El ángel no deja de repetir: “Penitencia, penitencia, penitencia”, y algunos teólogos de alto nivel lo interpretan como un llamado a perseverar en la fe, y acaso también en el costo de fondo… ¿En qué se parece esa imagen, objeto de hondas especulaciones, al spread bancario, al apetito por el lucro y a la usura? ¿En qué?

¿En qué se parecen tres pobres pastorcillos, sometidos a apremios y castigos físicos por mandato del alcalde de Vila Nova de Ourém para dar a conocer aquel último secreto, a otros tantos torturados que se niegan a hablar?

Nada está dicho. Tal vez exista un cuarto secreto, callado por los pastorcillos a pesar de las torturas, donde por fin se revele el misterio del costo de fondo que pesa sobre nuestros hombros como una penitencia; quizás un día se abra para todos y el saldo insoluto de la deuda alcance el cero, la cifra imposible; de acontecer aquello, pienso, será por obra y gracia de la Virgen Santísima.

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