El cortoplacismo impera

Hay planes a largo plazo, como sustituir los coches por molinos o huertos solares y planes a corto plazo como dar con otra constitución o al menos con otro Contrato Social. Hay planes a largo plazo como acabar con la injusticia o el hambre en el mundo, con el sufrimiento animal o el envenenamiento del planeta y planes a no tan largo plazo como hacernos con otros modelos familiares y de administración. Y hay planes a medio plazo.

   Invertir en educación o investigación son planes a medio plazo. Una generación de educación catalanista y los jóvenes catalanes nos parecen hoy a los no tan jóvenes: marcianos. El mejor maestro es el maestro subversivo decían, el que los malos maestros no puedan encontrar otro trabajo es el origen de los problemas de mañana, decían. Los jóvenes de hoy, son más personas de los de la generación anterior. Van a estar obligados a cambiar las cosas a mejor, no lo hemos hecho tan mal, padres y educadores. 

  Recuerdo cuando llevé a mis hijos por primera vez al cole. Uno es raro, así que no es raro que me fastidiara que mis hijos tuvieran que pagar por mis rarezas. Tuve que parecer no  tan raro para que mis hijos lo tuvieran más fácil. Eso de que los pecados de los padres caerán sobre los hijos ya lo tuve que padecer bastante como hijo. Mi esperanza no eran los otros padres, mi afinidad con ellos, sino los maestros, que iban por delante de la media de padres y alumnos, que eran más raros que ellos, vaya. Los jóvenes de hoy relucen, si no hay trabajo para ellos en este sistema tendrán que buscar otro, están preparados para ello.

  El olvido de las intenciones es una de las tonterías que más frecuentemente se comete. Cuando lo que acomete es la edad la primera memoria que falla es la memoria a corto plazo. Nuestros sistemas de gobierno no envejecen así. A ellos les falla la memoria a medio y a largo plazo, siempre tienen en cuenta lo que acaba de pasar, porque sólo se les piden cuentas, resultados hasta las siguientes elecciones, y últimamente ni siquiera acaban las legislaturas, los plazos se acortan, como los pobres se contentan con llegar a fin de mes.

  En neurociencia no se han encontrado razones para asignar a las memorias de corto y largo plazo a diferentes substratos corticales. Probablemente la misma red sirve para almacenar una memoria a largo plazo y para retener una memoria a corto plazo. La retención de la memoria a corto plazo se basa en la excitación sostenida de su red, debida en gran parte a la excitación recíproca entre sus componentes corticales. Hablar las cosas es el sistema más viejo de no olvidarlas. 

  Lo que está pasando con la crisis no lo vamos a olvidar, lo estamos hablando mucho. El salto de la intensidad a la intención está dado. También sin salir de uno mismo la formación de memoria a largo plazo depende de cambiar a corto plazo la plasticidad neuronal. Decides de vez en cuando que ¡esto! no lo vas a olvidar. Y ¡funciona!

  Podemos acusar a los políticos de que no piensan a largo plazo, pero son nuestros políticos, son como los programas que se basan en los índices de audiencia, no son los mejores para todos, tampoco son mejores de lo que nos merecemos, desgraciadamente. Muchos de nosotros vivimos sustancialmente con el piloto automático conectado y recibimos los estímulos del mundo exterior como una fantasía actualizable minuto a minuto. En muchos estratos sociales domina la tendencia a una especie de consumismo de la vida. Vivimos para comprar vida y gastarla inmediatamente a golpes, de modo que los objetivos a largo plazo se aceptan con íntima reticencia. El cortoplacismo impera.

  La función más importante de un sistema filosófico o político es convencer a su propio autor o protagonista. Se puede probar el acierto de esa observación preguntando por cuándo y con qué frecuencia repiten sus principios fundamentales, en sus escritos, clases o discursos. A los que los padecemos nos toca no repetir sus errores, su pesadez, su incapacidad de cambiar de manera de pensar porque tendrían que dejar de ser tomados por quienes se pretenden. No les devolveríamos la sonrisa y eso sería su final.

  Montaigne decía de su amigo que era su amigo porque le tomaba por el que debía ser. Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas… es la furiosa hambre de ser, el apetito de la divinidad…

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