El Coronavirus sí que entiende de clases

Martinikoren Txokoa/ El Rincón de Martinico

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Fuente de la imagen: ElPaís

Ayer tuve la mala suerte de que falleciera mi abuelo de Covid-19, cierto es que tenía 92 años y patologías previas, ahora bien, el motivo de este artículo pretende enraizarse en la injusticia de un sistema neoliberal de clases, el cual siempre siempre olvida al humilde, y beneficia por otro lado, al neoliberalismo y a la clase dirigente, ya sea esta política o económica.

El caso es el siguiente, una vez dio positivo mi abuelo de COVID-19, se recomendó a casi toda mi familia-también a mis padres- que se pusiese en cuarentena preventiva, incluida mi abuela de 88 años, la cual, se encontraba sola en su casa de la sierra de Madrid. A día de hoy y desde el Domingo pasado, aún no se llevado a cabo ninguna prueba para diagnosticar COVID-19, ni a mi abuela octogenaria, ni al resto de mi familia. La clase política, que no es mía, ya sea esta misma morada, azul o roja, ha permitido que una mujer de 88 años tenga que llorar la muerte de su compañero de vida desde la soledad, y no solo eso, no ha permitido que la misma se encuentre acompañada de ninguno de sus familiares más cercanos fruto de su ineptitud, eso sí, ellos y ellas han tenido las pruebas correspondientes, pese a no ser población de riesgo, con una razonable celeridad.

Por lo que a mi respecta como madrileño residente en Navarra, he tenido que vivir toda esta situación desde la distancia con una impotencia que se aleja mucho de poder ser expresada con palabras, pero no seré yo el foco de este escrito. El mismo tiene como objetivo, poner sobre la mesa que los verdaderos irresponsables, no son aquellos que en la tarde de este jueves tomaban cervezas en las terrazas de los bares, si no que más bien, el foco de nuestra crítica ha de estar en aquellos gobernantes y empresarios, que aún sabiendo la gravedad de la situación y el posible colapso de nuestro sistema sanitario, apostaron por alargar lo máximo posible la actividad comercial y productiva; que todo siga girando, todo por la pasta, que será esta, la que tendremos que comernos cuando no existan recursos naturales, en un planeta que estamos destrozando con un modo de vida que poco se asemeja a lo que deberíamos de entender como natural.

En otro orden de cosas, no tengo duda alguna de que detrás de esta “pandemia”, se esconde una guerra comercial de Estados Unidos sobre el gigante asiático, una guerra que nos ha acabado salpicando a todas, ya que en un mundo globalizado, si escupes al de en frente, seguramente a todas las naciones del globo le lleguen algunas replicas de dicho escupitajo. La lección es clara pero la receta poco práctica para los mercados y nuestros gobernantes, no podemos vivir en un mundo que prima siempre los números económicos por encima de los números humanos, y desgraciadamente, vivimos en una sociedad fuertemente individualista, en la cual, cuando nos piden cooperación, la gente hace oídos sordos ya que dicho sistema nunca ha sido solidario con ellos y ellas. Eso sí, solo aplicamos las medidas que nos dicen cuando sentimos miedo, miedo, que siempre se posiciona como aliado del poder ,y el cual desgraciadamente, frecuentemente se presenta como el peor amigo de las clases populares.

No tengo una bola de cristal y no sé a donde nos acabará llevando esta crisis, cierto es que la situación es bien diferente, aunque con similitudes, a la que se vivió con la gripe aviar, a la actualidad me remito. Eso sí, no tengo la menor duda, de que aparte de los intereses comerciales y geopolíticos de una crisis como la actual, existe otro elemento que saldrá fuertemente beneficiado, y que en este momento, se frota las manos y no precisamente por habérselas lavado. Dicho sujeto son las farmacéuticas. Gigante sin escrúpulos que se lucra de las desgracias ajenas y que siempre pone en el foco a su dios verde, morado o tricolor, es decir, al dinero. Desde el mayor desprecio a los ingenieros sociales que me han prohibido despedirme de mi abuelo, pero también desde el mayor cariño a mi planeta y a mis iguales, a la clase trabajadora, no representada en esta crisis, os dejo una reflexión que espero que sea por muchos compartida, pero que sobre todo, genere una fuerte empatía y un profundo sentimiento de solidaridad.

Pedro.A Moreno Ramiro “Perico”

Iruña 14 de Marzo de 2020

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