El Congreso de los Diputados, un ejemplo de abstentismo laboral

Excepto cuando hay que ir a votar, la mayoría de los días el Congreso está más vacío que un colegio en domingo. Y no será por falta de pago, que sus señorías cobran casi 5.000 euros al mes, más dietas para gastos de alojamiento y manutención, exentas de IRPF, viajes, y encima, en sus ratos libres ejercen sus profesiones sin complejos ni problema. Resulta verdaderamente escandaloso y no sólo hay que poner en marcha un duro régimen de incompatibilidades, sino que también debería controlarse el constante absentismo de los diputados, auténtica falta de respeto e irresponsabilidad, propio de un sistema capitalista putrefacto, pero sabedores que la mayoría de los votantes no castigan la falta de trabajo… ni siquiera la de sus «señorías». Estaría feo decir aquello de que ya que no están que no vengan.

PD/ inSurGente.-

Ya está bien de eufemismos y de medias verdades. Ayudados por unos medios de comunicación dóciles y despistados, nuestros políticos han conseguido convencer a la ciudadanía de que pierden dinero con el cargo y que se sacrifican por todos nosotros, cuando podrían estar forrrándose en la empresa privada. Es mentira. Muchos no tienen oficio ni beneficio y la mayoría, como quedo patente ayer, son una panda de mangantes.

El Congreso de los Diputados presentaba ayer una imagen desoladora, con más de la mitad del aforo vacío en plena sesión de control al Gobierno.

Y eso, en el momento de mayor concurrencia, porque hubo instantes en los que apenas una quincena de parlamentarios estaba en los escaños haciendo su trabajo.

La jornada no era en ningún caso de trámite, ya que muchas de las preguntas estaban relacionadas con la grave situación de crisis económica, lo que hace todavía más bochornosa la escena.

Se dio incluso el caso de que el diputado del PP que debía interpelar al vicepresidente económico sobre el desempleo no llegó a tiempo para hacerlo. Pidió perdón, pero no faltará quien piense que debería ser él quien perdiera su puesto de trabajo.

Las sesiones de control están entre los actos parlamentarios más importantes, porque sirven expresamente para fiscalizar la labor del Ejecutivo. Sólo se convocan tres al mes, y hay que tener en cuenta que la Cámara Baja cierra sus puertas tres meses al año.

¿Dónde estaban ayer los cerca de doscientos diputados que se ausentaron de sus bancos? Los responsables de los grupos parlamentarios deberían tomar cartas en el asunto, aplicar sanciones, pedir disculpas a la sociedad y procurar que algo así no vuelva a repetirse.

Nada justifica esa deserción masiva, pero en las actuales circunstancias, cuando miles de ciudadanos pasan cada día a engrosar las filas del paro, supone una evidente falta de respeto.

Tan lejos como este lunes, Javier Gómez-Navarro, ex ministro y actual presidente del Consejo Superior de Cámaras, denunciaba en una entrevista concedida al diario El Mundo el creciente absentismo laboral, calificaba de «inaceptable» que la ausencia del puesto de trabajo se haya duplicado en España en los tres últimos años y animaba a los sindicatos a «dejar de proteger a los vagos».

¿Con qué autoridad se puede apelar a la responsabilidad de los ciudadanos cuando sus representantes electos son los primeros en no dar ejemplo?

Situaciones como la de ayer son muy perniciosas para la democracia, porque contribuyen a alimentar la idea, bastante extendida, de que los políticos conforman una casta privilegiada que goza de prerrogativas que no tiene el resto de la población.

Curiosamente los diputados hacen más novillos desde que los plenos han pasado a ser matutinos. Por lo visto, entrar a las 9 de la mañana deben considerarlo algunos demasiado temprano, cuando a esa hora hay millones de españoles trabajando, y en condiciones y circunstancias mucho más incómodas.

Pero es que, para mayor escarnio, ese cambio lo promovió el presidente de la Cámara buscando la comodidad de los parlamentarios, para evitar que los retrasos de la sesión les obligaran a suspender el regreso a sus lugares de origen.

Si los diputados tuvieran que rendir cuentas a los votantes en lugar de hacerlo a los aparatos de sus partidos, hoy muchas de sus señorías deberían disculparse en sus circunscripciones ante los electores.

En cualquier caso, habrá que exigir a las formaciones políticas que guarden al menos la compostura. No puede ser que el Pleno del Congreso se convierta en un pleno de vagos.

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