Publicado en: 25 octubre, 2015

El comisario Adamsberg entre Islandia y Robespierre

Por Iñaki Urdanibia

Última entrega de Fred Vargas con su investigador en plena forma.

Por Iñaki Urdanibia

« El fenómeno Vargas, es una cultura rara que alimenta un espíritu analítico insaciable, una inteligencia generosa que no conoce el rencor »

( Marc Dugain ) 

       En el género negro, de investigación, de detectives, no son pocas las mujeres que destacan hasta el punto de que catalogar , como se ha hecho con alguna de ellas, como « dama del crimen» resulta problemático ya que conduciría a tener que elegir entre diferentes damas: Ágatha Christie, Patricia Highsmith, P.D.James, Ruth Rendell, Donna Leon ( o Brabara Vine, que tanto monta o casi) o la mujer a la que ahora me acerco: Fred Vargas; alguna vez la he catalogado como «arqueóloga del crimen» y no es faltar a la verdad si se tiene en cuenta su actividad profesional como arqueóloga del medievo, arqueó-zoóloga en el CNRS para más datos, y como escritora de polars ( rompols, que dice ella, resumiendo dos términos: roman y polar; es decir novela y policíaca ).

Vaya por delante que la mujer, Frédérique Audoin-Rouzeau, que para su oficio de escribir se oculta bajo el nombre masculino de Fred Vargas, en honor al personaje encarnado por Ava Gadner en una película de J. Mankiewicz ( « La condesa de los pies desnudos»), ha sido premiada en cantidad de ocasiones por algunas de sus novelas en particular y por su obra en general; merecido lo tiene, ya que sus novelas además de la intriga, las arduas investigaciones y sus variopintos personajes ( impagable el comisario Adamsberg), alcanzan un nivel francamente logrado lo que hace que pueda considerarse su quehacer más allá de reductores encasillamientos como literatura de la buena ( desde que Gide subiese a los altares de la alta literatura a Chandler, Hammet & company, a nadie –a no ser que sea un purista de no sé qué pureza- se le ocurrirá minusvalorar las obras por su pertenencia a un género particular); ha de añadirse a lo anterior que en las páginas de los libros de Vargas se dan certeras ocurrencias, que conducen irrevocablemente a la sonrisa, al tiempo que algunos escarceos por diferentes pagos del saber…lo que hace su lectura amena e instructiva, al modo del micromegas volteriano. Si alguien leyendo lo que precede va a pensar que éste tiene hoy día de botafumiero, se equivoca, ahora bien en lo que no se equivoca, y el que avisa no es traidor, es que soy fiel lector de Fred Vargas y que nunca me ha defraudado. Necesario añadir, aunque lo que sigue sea un argumento extra-literario, que además el compromiso de la escritora con algunas causas justas, me parece de justicia subrayarlo, hacen que esta me resulte todavía más simpática. Valga como ejemplo su decidido apoyo al escritor italiano Cesare Battisti ( Fred Vargas– textes et documents rassemblés par- «La vérité sur Cesare Battisti». .Viviane Hamy, 2004.), con el fin de evitar su entrega a la llamada justicia italiana por supuestos delitos de los « años de plomo», acusaciones urdidas en base a confesiones de arrepentidos…Nada que ver su protesta con forma alguna de corporativismo sino apuesta por la justicia y en contra de los montajes jurídico-policiales. Ciertos aires críticos, en el terreno de la política . no faltan en su novelas de manera sutil…en la línea de lo que decía Stendhal, al que ella cita con frecuencia: « la política es una piedra enganchada al cuello de la literatura ».

Tiempos de hielo

Ahora acaba de ser publicada su última novela que lleva el título con el que encabezo este epígrafe, editada, como de costumbre, por Siruela.

Desde el inicio de la novela nos hallamos con un cadáver, de una sesentona profesora de matemáticas, Alice Gauthier, que todos los indicios dan por pensar que se ha suicidado, a pesar de lo que ante la complejidad del asunto van a pasar el caso a la Brigada criminal dirigida por el comisario Adamsberg. Los primeros pasos de este experimentado investigador, algo asilvestrado , sagaz al tiempo que sorprendente ya que sus ocurrencias, luciendo en su muñeca un par de relojes parados, con intuiciones que a veces parecen más propias de un lunático que de un profesional( como « paleador de nubes» le había catalogado un colega) , no siguiendo la lógica habitual de los demás, sino que estos se sienten precisamente sorprendidos por las inesperadas observaciones del comisario que, no obstante, conducen en el mayor número de casos a la solución de los intrincados problemas. « Nunca nadie le había visto reflexionar. Parecía ir como un pez a la deriva. No, un pez no deriva, un pez sigue un objetivo. Adamsberg recordaba más bien a una esponja llevada por las corrientes . Pero ¿ qué corrientes? Por lo demás, algunos decían que, cuando su mirada parda y vaga se perdía todavía más, era como si tuviera algas en los ojos. Pertenecía más al mar que a la tierra»….«argumentar, sintetizar, organizar su discurso, todo lo que odiaba hacer»

Una señora se presenta en comisaría y dice haber enviado una carta que se le cayó a la difunta momentos antes en la calle…la mujer recuerda el nombre a quien iba dirigida la misiva y la dirección a la que envió.   Por allá van a comenzar las primeras pesquisas, dando la casualidad de que al llegar a la granja se enteran de que el padre del destinatario, Amadée Masfauré , acaba de suicidarse. Tanto en la carta como junto al cadáver del nuevo suicidado se halla un dibujo que parece asemejarse a una guillotina.

Hablando con el hijo del finado y con los empleados de la granja, el nudo de algas comienza a tomar un enorme tamaño que hace que todo se presente como confusión. Las primeras pistas apuntan a Islandia país al que los dos fallecidos iban ido con un grupo; allá tuvieron sus más y sus menos y algunos muertos fueron el resultado de las disputas entre los viajeros de la expedición de diez años antes, en la que alguno de ellos estaba empeñado en realizar algún trabajo científico sobre alguno animales del lugar; entre ellos se creó un tácito pacto de silencio.

Junto al ya nombrado Adamsberg aparecen otros miembros de la comisaría que son realmente de los de toma pan y unta: uno se duerme en cualquier rincón, el de más allá tiene el pelo en plan cebra debido a un accidente en su niñez, otro se dedica a dar de comer a la gata de la comisaría, el otro…el comandante Danglard es realmente un hombre cuyos conocimientos no tienen fondo-del mismo modo que no lo tiene su afán por llevarse vaso tras vaso a su insaciable boca- y al que muchas veces el comisario manda callar ya que desvía la atención del resto de compañeros…Tales admoniciones dan risa a más de uno debido a que viniendo de quien vienen no parecen de lo más adecuado.

El signo al que anteriormente he aludido, que aparece igualmente en algún muerto más, va a hacer que la investigación se desvíe de la pista islandesa a pistas relacionadas con la Revolución francesa y más en concreto con la figura del incorruptible Robespierre; en torno a la figura, y las proclamas, del jefe jacobino se reúnen unos seiscientos y pico aficionados( entre historiadores y gente de otras profesiones)-entre ellos se contaban los que habían parecido muertos / suicidados- que se dedican a representar las escenas de la Convención y de las asambleas revolucionarias, con disfraces y toda la pesca. Danglard flipa ante el mundillo en que se ven sumergidos, que le hacen seguir las pistas de todos los personajes del pasado representados por los socios de la singular asociación, y demostrar su profundo conocimiento de la época para pasmo de los socios y desespero de Adamsberg, que las únicas desviaciones que permite son las suyas, que por cierto son frecuentes. La celosa asunción de los papeles hace que las sospechas se deslicen entre quienes representan el papel histórico de verdugos, y los afanes de venganza de quienes han sido perseguidos, condenados y guillotinados, ampliándose el número de posibles asesinos al número de socios. Los límites entre la historia y el papel de mera representación de aquellos hechos o personajes parece confundirse por parte de algunos de los protagonistas, lo que hace que se muevan entre el delirio y la alucinación, y si se me permite, hasta por las lindes de los brotes sicóticos en su confusión entre pasado, presente, original y copia, entre realidad y representación. Por medio queda un significativo garbeo por los pro-hombres del periodo revolucionario; y un viaje fugaz a un islote islandés.

Entre las leyendas míticas islandesas y las figuras de la revolución, la acumulación de rencillas y afán de venganza debidos a enfrentamientos familiares de antaño, se va moviendo la investigación en un vaivén en el que el nudo de algas se va enmarañando y que atrapa al lector y, mostrando a Fred Vargas y a sus variopintos personajes en plena forma…lo que sigue confirmando la presencia de la escritora francesa entre las mejores sino la mejor de todas las escritoras del género…como dicen algunos críticos y millones de lectores « la reina de la novela negra europea » .

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