El coloso de América. Dignidad y conciencia

Publicidad

FIDEL

In Memoriam

A un combatiente milenario le escuchamos la frase que lo engloba todo: “Ese hombre habló postmortem”.

Viernes 25 de noviembre de 2016, 22 horas, 15 minutos, última registro en la bitácora.

“El Siglo XX terminó anoche. Nos toca escribir la historia del siglo XXI”.

Así concluyó el debate entre un grupo de comunicadoras y activistas sociales, feministas, ecologistas y pacifistas, sacudidas por la noticia del fallecimiento del comandante Fidel Castro Ruz. Conscientes de que no habrá escrito justo y al tamaño de su figura, y desde la humildad de intuir como inconmensurable el legado del último prócer del Siglo XX, hilvanamos las palabras.

¿Qué significa hablar postmortem?

Apenas un esbozo de la posible respuesta: tomará décadas al mundo, especialmente a los políticamente cautos, desentrañar obra, acciones y reflexiones de Castro Ruz, su contribución al andar histórico de la humanidad.

Para las personas medianamente conscientes del desafío que encaramos, no hay tiempo, tenemos prisa, sabemos del riesgo que corre el planeta con esa máquina en manos irresponsables y sin botón para detenerla: el capital y su Nuevo Orden Mundial, mediante el sistema financiero y el Estado Trasnacional.

Ocho días pasaron desde la muerte física del nacido en Birán, Cuba, el 13 de agosto de 1926, cuando esto se escribe. Decenas de artículos, debates y noticias al respecto danzaron ante vista y oídos. Hay un grato pasmo por la respuesta del pueblo cubano, pues las décadas de campaña negra hacían prever que al menos habría focos de festejo dentro de la isla, similares a los registrados en Little Havana, Miami, y hasta el cansancio difundidos por los medios de comunicación.

Compartimos experiencias de nuestro contacto con el proceso cubano: isleños en el exilio desestiman la dignidad del propio pueblo, la cual, afirman categóricos, “no se compara a una hamburguesa de McDonald’s”; justo es lo que piensan, incluso al interior de la mayor de las Antillas, pero afortunadamente no de manera homogénea, por ello los gringos no se atrevieron a tocar Cuba, esbozamos (todavía no era lunes 28 ni martes 29). “No puede haber socialismo sin socialistas”, decimos, ese es el gran desafío de los gobiernos, partidos, políticos y pueblos que han vislumbrado que esa utopía puede ser el camino a un mundo y sociedad más justos.

Una de nosotras, sentencia: “Los gusanos terminan por morir cuando se acaba su alimento. No deberían festejar mucho porque si la Revolución Cubana termina, si el enemigo de verdad ha muerto, ¿quién mantendrá la contrarrevolución? ¿De qué van a vivir? ¿Quién los va a mantener? Se acaba el financiamiento”.

La danza de tres días en Miami cesa, cuando el presidente electo de Estados Unidos de Norteamérica adelanta el fin de los privilegios y pretextos cubanos, podrán “regresar a su islita”, sentencia.

El halo de Fidel Castro fue tan amplio que alcanzó a beneficiar a sus detractores exiliados. El Comandante logró que el hostil gobierno de Estados Unidos mantuviera durante décadas a un sector de la población que no quería correr la misma suerte de aquellos que se decidieron a escribir su historia, no la impuesta por la hegemonía capitalista.

“Si algo se le reconoce a Don Fidel, es la resistencia al imperialismo, amo la medicina preventiva en Cuba, la capacidad educativa que hay, que no hay feminicidios, eso es genial, sin embargo, tal vez más Guevarista. Me queda esa duda del abandono cuando sabía que detendrían al Che…”, afirma otra.

Como mujeres criticas, observadoras descarnadas de nuestra realidad, y activistas apasionadas en nuestras distintas trincheras, tratamos de poner en perspectiva el verdadero valor de la obra del Comandante, los claroscuros: el presunto abandono de Castro al Che en su misión por Bolivia; la versión de que fue el responsable de la desaparición de Camilo Cienfuegos, por algo tan pueril como “celo de su popularidad”; la represión a disidentes del régimen. Alberto Müller viene a colación, también Posada Carriles: “Posadita Carriles, ese ingenuo niño, ingenuo e inocente”, ironizó Castro durante su discurso del 17 de noviembre de 2005, al recordar el nefasto papel del gobierno mexicano en el caso.

Lo primero que nos sentimos obligadas a esbozar, es si la Revolución Cubana contribuyó a la causa de las mujeres, pues siempre, aún en los procesos revolucionarios, hemos sido invisibilizadas. Desgranamos ideas: Castro luchó contra el asesino de las Mirabal, y cierto, en la isla no hay feminicidios.

—No nos matarían su fuéramos un pueblo educado, si nuestros mandatarios tuvieran un poco de cordura, no digo que en Cuba no haya machismo o misoginia, pero nunca como en México.

—Queridas, que quede claro: no soy anti Castro. Solo hay cosas que sí me cuestionó —aduce una de nosotras.

—Como todas, pero tratamos de salvar lo bueno y preservarlo.

—Ayer mismo mataron a una dirigente colombiana y nadie la nombra… Eso es de lo que hablo.

—Visibilidad. Y miles de mujeres luchadoras son invisibles.

—Mmmmh, en Cuba las mujeres mandan… Perdón que lo plantee así. Pasen unos días con una familia promedio y lo notarán… ese tipo de detalles son los que debemos descubrir… ¿por qué, o qué propicio esa cultura?

—Pero si ya hay un reconocimiento internacional, no se puede objetar su trabajo ante las calamidades de Estados actuales; el mismo Estados Unidos con Trump, misógino, machista, racista…

—De eso se trata, de cuestionar; nuestra admiración por Castro no es fanática, se trata de análisis, polémica, contextualización de su vida y sus ideas, no fue perfecto, y eso lo hace más grande.

Las más criticas de entre nosotras al proceso cubano, ayudan a equilibrar el análisis: “A la Revolución Cubana le reconozco muchas cosas. Tuve el gusto de tratar con Celia Hart, hija de Haydee Santamaria. A través de correos electrónicos me enseñó a respetar a Fidel. Mariela Castro es una defensora de derechos humanos, querida y respetada en Cuba. Las hijas de la revolución cubana… grandes mujeres”.

En la vorágine informativa de la semana, aparece una entrevista precisamente a Mariela Castro, hija de Raúl y activista por los derechos sexuales en Cuba: “La cosa buena es que las mujeres estamos organizadas… Se ha trabajado en el empoderamiento y hoy somos el tercer o cuarto país con mayor presencia de mujeres parlamentarias,  hay mayor número de graduadas universitarias, hay paridad salarial desde 1959… Nosotros no tenemos, por ejemplo, feminicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso sí es efecto de la Revolución”.

Ese sábado de shock, al calor del debate, surge una pregunta: ¿por qué el país más prepotente y terrorista del mundo, que no duda ni un segundo en enviar a su Ejército invasor a ocupar territorios enteros y bombardear donde le viene en gana, no se atrevió a tocar Cuba en 57 años? Eso, muchos cubanos, no lo dimensionan, y el mundo todavía no lo dimensiona…

La respuesta está, quizá, en el cálculo político yanqui, a raíz de los resultados de aquel experimento en Bahía de Cochinos; en el escudo moral de Castro, que sin duda ante una posible invasión a Cuba, despertaría una reacción de protesta latinoamericana donde la Doctrina Estrada sucumbiría y los pueblos latinoamericanos ya no estaríamos tan dispuestos a ser más el patio trasero ante la prepotencia norteamericana; pero especialmente, en esa inesperada y grata reacción de un pueblo en duelo: “Yo soy Fidel”.

“Un humanista, un estadista, un gran hombre. Ahora es cuando sus palabras y sus ideas trascenderán; su desaparición física es su paso a la eternidad… ¡Sí, hace mucho que trascendió a su propia historia, el mundo puede hablar de un antes y un después de Fidel Castro. Es un gigante el Comandante, un coloso, y la historia le dará su lugar!”, consensamos.

Con sus claroscuros, lo que sí se puede afirmar es que pasarán siglos antes de que aparezca alguien como él… y por eso cobra sentido la frase “habló posmortem”. La humanidad, si quiere preservarse como tal, tendrá que revisar, reivindicar, rescatar y volver VERBO su LEGADO en términos teóricos, conceptuales, y su ejemplo de firmeza y congruencia en la resistencia no solo al imperio más poderoso que ha conocido la humanidad, sino a la absurda carrera hacia la extinción que plantea el sistema capitalista en su estadio actual.

Hay por donde empezar: en redes sociales circula profusamente aquel discurso de 1979 ante la ONU; nos remitimos al de 1994 en el Congreso por la Solidaridad; recordamos sus reflexiones de los últimos años alrededor del calentamiento global y sus causas… Han pasado casi cuatro décadas desde que empezó a alertar al respecto, y señaló en qué debíamos ponernos a trabajar.

“Esos discursos, tan aplicables a nuestra realidad, muestran lo estancada que está la política corrupta. Los grandes intereses sobrepuestos a las grandes necesidades, no solo de los humanos, sino del propio planeta”, concluimos.

Su permanencia en el poder es otro asunto que habrá de discutirse. Lo que es verdad, es que la visibilidad que le daba el cargo, que al mismo tiempo justificaba el adjetivo de tirano o dictador, permitió colocar sus ideas en foros internacionales, medios escritos y en el seno de su pueblo.

Otra verdad indiscutible, es que no es lo mismo intentar desarrollar el socialismo en Irán, China, o Rusia, con culturas muy distintas y a miles de kilómetros del imperio, que a 90 millas de distancia.

Y una tercera verdad contundente, es que cuando un pueblo no quiere a un tirano, éste no dura en el poder; hemos visto caer a tiranos contemporáneos, que por lo menos en América Latina, han sido apoyados justamente por ese imperio. En eso hay que poner atención, para no creer infalible su poder.

A quienes no tenemos un par de cuencos vacíos por ojos, nos toca construir la historia del Siglo XXI, y habremos de recuperar sus reflexiones, sus discursos, sus textos, primero para revisarlos, desmenuzarlos, apropiarlos, y trazar con ellos la hoja de ruta.

De manera que a recuperar la dignidad y hacer conciencia… dignidad y conciencia, como conceptos clave, ideas madre que deberán orientar la acción de todas y todos los que medianamente entendemos algo de lo que está ocurriendo, y transmitirlo desde nuestras modestas trincheras y espacios de trabajo.

A partir de lo anterior, y a manera de principio rector, quienes firmamos este pronunciamiento, nos comprometemos a impulsar una red internacional de mujeres en una primera etapa, para difundir su legado y su digna causa de defensa de los desprotegidos, a favor de la humanidad y la preservación del planeta.

Fidel, superaste tu propia historia, y no necesitas que la historia te absuelva.

Honor y Gloria… ¡Hasta la victoria siempre, FIDEL!

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More