Publicado en: 16 octubre, 2015

El Club de la Lucha de Clases

Por Dante

Estamos acostumbrados a hablar del Capitalismo, algunos con más certeza que otros. Los marxistas, entre los que me incluyo, han sido los principales protagonistas, tanto en el pasado como en la actualidad, de los mejores análisis críticos hacia el Capitalismo.

Conocemos, con mayor o menor profundidad, las bases de la teoría Marxista -y no, no es comer niños- aunque sea como mínimo en forma de conceptos difusos: Materialismo histórico, lucha de clases, relaciones de explotación; relaciones de producción; plusvalía; Socialismo Científico… y todo un repertorio de términos conocidos.

Ahora bien, para ser honestos, el jolgorio marxista es, con frecuencia, verdaderamente pesado de oir, y más duro todavía de interiorizar; sobre todo esos discursos empapados de intelectualidad. Ello no quita la veracidad y la gran aportación del Marxismo a la Sociología, y a las Ciencias Sociales en general. El contenido es un material analítico valioso y, también, por qué no, los símbolos, que de esta rama han emanado. ¿Quién no canta La Internacional de vez en cuando?

Asumiendo la complejidad que pudiera suponer la comprensión d ela teoría marxista, no es del todo necesario, en realidad, ponernos a leer El Capital mientras cantamos La Internacional para entender qué es el Capitalismo; cómo funciona; y lo más importante: sus consecuencias sobre la sociedad. Más, uno de los privilegios del estudio académico del Capitalismo, en mi opinión, es que puede abarcarse desde varias perspectivas, todas ellas críticas por supuesto; e incluso, si se quiere, desentrañarla desde lo simple, lo mundano… muchas veces, también lo eficaz y contundente. En mi caso, voy a hacerlo desde el cine, y es que hoy mientras veía una de mis películas predilectas, El Club de la Lucha, Tyler Durden, el protagonista de la película, en su más que aclamado discurso, suelta una reflexión clave para entender las dinámicas del Capitalismo. La frase en cuestión es la siguiente: “Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos“. Es simplemente magistral.

Si bien, esta frase por sí sola no es capaz de resumir el Marxismo intrínsecamente, contiene, a mi juicio, dos elementos fundamentales sobre los que debe pivotar la crítica al Capitalismo. Por un lado, la referencia al resultado pragmático de la división del trabajo en la clase trabajadora (“Tenemos empleos que odiamos“) como consecuencia de la modernización tecnológica, que ha conducido a los trabajadores a realizar tareas mecánicas, repetitivas, carentes de aditivo emocional, consolidando así, la tremenda alienación del trabajador para con su tarea, y su total desapego y consecuente incomodidad hacia ésta. Por otro, y es importante señalarlo, la alusión a la sociedad del consumo de masas (“para comprar mierda que no necesitamos“) como una suerte de construcción artificial en la que la mujer y el hombre, simultáneamente, se disfrazan e intentan superar todo un atisbo de frustraciones; enmarañados en un entorno de plástico, en una sociedad aséptica… vacía. La justificación del que dirán es condición suficiente para subyugarse a la dictadura de la moda, de los cosméticos y de los mercados. En resumen, sumergirse en la superficialidad y contribuir a crear, cada vez con más aplomo, ese “Otro Generalizado” del que hablaba Goffman.

Como veis, la Infraestructura es una materia analizable desde lo orgánico e intelectual, pero también desde lo mundano y lo cotidiano. Todo cabe mientras se precise. Aun así, espero no desincentivar a los lectores de leer a Marx y de cantar La Internacional, cuando a uno le plazca. Solo ofrezco alternativas, alternativas que, obviamente, nunca solaparán el valor intelectual que pueden ofrecer las lecturas originales, es decir, las bases materiales del Marxismo.

-->
COLABORA CON KAOS