El circo americano

La mirada del autor se dirige a los mitos ilustres: libertad, individualismo, igualdad, oportunidades, democracia, bienestar, ascenso social...

Es claro que todo dios, independientemente del lugar del globo terráqueo en el que habite ( de otros mundos no poseo datos), se siente preocupado de lo que sucede en los Estados Unidos de América , ya que de las decisiones – en este caso electorales- que allá se tomen dependen no pocas cuestiones de los distintos países y zonas del mundo. El interés aumenta cuando, como en el caso presente, la tensión es alimentada desde el mismo inquilino de la Casa Blanca, vía Twiter, alertando, jugando a Isaías, desde hace tiempo del fraude de las elecciones, de las maldades de los demócratas ( que quieren imponer el socialismo y no sé cuántos más horrores más), entre proclamas racistas, llamadas a la violencia, xenófobas, misóginas y con unos tonos propias de un matón del Oeste, pero con armamento nuclear en sus manos; unas tonalidades propias de república bananera, a cuyas tensas elecciones, a pesar de que el voto anticipado por correo ha dado muestra del temor de los ciudadanos por lo que pudiera pasar el día de autos, con la previa aparición de desfiles armados y encapuchados de hooligans seguidores de Trump, a pesar de lo que no se han enviado al país de las barras y estrellas, i inspectores / observadores de la OEA, de la ONU o de la CEE y ello debido a que tal país es la democracia más grande del mundo, el país de la libertad, y no como otros Estados matones, a los que se han enviado legiones de mirones para controlar cómo se desarrollan las cosas.

No es necesario ser un ati-yanqui primario para constatar que en los procesos electorales de allá, y muy en concreto en éste, se dan unas constantes: los candidatos de ambos partidos son millonarios o son abiertamente apoyados por ellos; aquí no se cumple el propósito que expresa el célebre concurso televisivo (quiero ser millonario) ya que ambos lo son…lo que quieren es ser presidente. Otra de las coincidencias es que ambos son ancianos…

En el caso de Donald Trump, en el presente presidente y candidato republicano, se da una paradoja: si pierde gana (él no puede perder ya que encarna los valores patrios)- como lo viene cacareando desde que comenzó la campaña- y si se da el caso es debido a que han trampeado, ha habido un fraude urdido por el enemigo interior: los demócratas que según el máximo líder y sus enardecidos seguidores representan el mal, el socialismo y demás maldades (¡leñes!) que en el mundo son; en caso de ganar, pierde la dignidad humana, la suya ya está perdida desde hace lustros y la de sus votantes que dan por buena la labor racista, xenófoba, belicista, ombliguista, alentadora de violencias mil y de separación de familias: los niños se quedan y los padres expulsados al sur. Decretos a golpe de twit que ha calado en las mentes no solo de los USA profundo, sureños y campesinos, sino también de amplias capas urbanas, atacadas por un contagioso ramalazo de pueril orgullo norteamericanista, propia de blancos, protestantes, varón especialmente…sentimientos a los que el caballero del pelo naranja ha dado la señal de salida , atacando con desbordante demagogia a la prensa, a los jueces y al establishment en general, colando el autoritarismo más bestial en el pensamientos de cantidad de los ciudadanos hasta el punto de que las instituciones y las reglas de juego se hayan visto debilitadas por quien debería defenderlas…sea como sea, el autoritarismo ha quedado anclado en la sociedad norteamericana y los Estados Unidos han pasado a cmponvertirse en estos años de mandato, trumpista, en Estados Desunidos, con un tejido social completamente dislocado.

Claroscuros

Si hace no mucho en esta misma red me acercaba a un recomendable libro de Mikel Reparaz (En la tormenta de los Estados Divididos de América – Kaos en la red) en el que se ahondaba en el presente del país y en el exponencial aumento de los males endémicos desde la llegada de Donald Trump a la presidencia, ahora editado por la misma editorial Península se publica un libro de Sivio Waisbord: « El imperio de la utopía. Mitos y realidades de la sociedad estadounidense» , cuya pretensión es abordar la complejidad de este país, mosaico de países, huyendo de las frecuentes simplificaciones; eso sí, subrayando la quiebra que con respecto a las concepciones consagradas que sobre el país se tienen se han ido dando en los últimos tiempos debido a los crujidos de la actualidad . El libro no es coyuntural y en tal sentido no se centra en la rabiosa actualidad sino que hurga en los hilos que atraviesan el país desde su constitución, y en las características que se han ido asentando.

Confronta el autor lo que se dice y se glorifica (mitos) y la realidad que contradice los sueños y ensoñaciones que rodean al país del Tío Sam. Es una obviedad que hallar un denominador común a semejante pluralidad de geografías, zonas con sus pliegues y repliegues, no es tarea fácil sin caer en la simplificación; no es afán de escaquearse, pero la cita del filósofo John Gray a la que recurre Waisbord tiene su por qué: « América es demasiado rica en contradicciones para que sea posible una definición. América es imposible de conocer». Dicho esto también es cierto que la historia del lugar es atravesado por un impulso centrado en algunos mitos fundadores que de un modo u otro siguen teniendo su vigencia en esa fábrica de sueños y promesas.

La mirada del autor se dirige a los mitos ilustres: libertad, individualismo, igualdad, oportunidades, democracia, bienestar, ascenso social para ir estableciendo las tensiones existentes entre lo que se dice y lo que hay de hecho. Saltan a la vista las contradicciones entre el carácter hospitalario hacia los que allá llega(ba)n y la xenofobia rampante hacia ellos, la existente entre el individualismo exaltado y el sentido de comunidad hondamente arraigado, las creencias religiosas y el amor por la acumulación de bienes nada espirituales, la supuesta inocencia y optimismo que no pocas veces oculta el absoluto desinterés por los otros y la centralidad que se otorga al país como el colmo de la riqueza, la debida moral, etc. El ensayista apaga los focos, y las llamativas luces de neón, que deslumbran con su carácter despistante, para moverse y movernos a pie de suelo. Con tal prisma enfoca la Utopía como una constante que ha funcionado a modo de motor en la génesis y desarrollo del país: búsqueda de nuevas tierras, con su nuevas esperanzas y riquezas también. Se crea en este terreno un abismal desfase entre el país imaginado y el país real, siendo los inmigrantes, no los pasajeros turistas, los que consiguen una visión más certera ya que se ven obligados para subsistir dar con los modos de funcionamiento del lugar.

El optimismo como una de las marcas de la casa es visitado que parece funcionar como motor que impulsa el país hacia adelante, si bien algunas posturas que niegan la validez de las afirmaciones científicas (negacionismo climático, el caso del COVID-19) parecen poner en entredicho esta marcha imparable hacia adelante; eso no quita para que tanto en el comportamiento de los ciudadanos como en las discusiones habituales el optimismo ocupe un papel de importancia indiscutible. Narra el autor su experiencia personal y la hospitalidad con la que fue recibido al llegar a la Universidad de California; las cosas no obstante no son lo que a primera vista pudieran parecer, del mismo modo que una golondrina no hace verano, y así la otra cara de la moneda no tardó en ser vivida al ver cómo el individualismo campaba a sus anchas, en un discurso contradictorio entre éste y el espíritu comunitario al que también se alentaba. En la lectura de la obra viene a la cabeza aquella muchedumbre solitaria de la que hablase David Riesman, ya que la atomización individual hace que se sienta pavor por la soledad, sin obviar que ciertamente algunos estudios psicológicos indican que la soledad acarrea problemas mentales y abre la posibilidad de sufrir otros males… como el suicidio, siendo éste «la décima causa de muertes anuales y la segunda en personas entre 10 y 34 años». A pesar de todos los pesares y señales de alerta, la soledad crece y no es insignificante el número de personas que declaran no tener con quién hablar. Es un sentimiento arraigado que hace recordar aquella voz de alerta (?) de Nietzsche cuando mostraba su deseo de hallar, al menos, dos o tres personas con las que poder hablar.

Las páginas de sucesos tienen una inagotable fuente de noticias en casos sucedidos en el país en el que las armas circulan sin trabas. Violencia ejercida de manera masiva o casos de homicidios en los que los récords acompañan al país que supera con creces a cualquier otro de los países dichos desarrollados. No se puede ignorar el peso desencadenante que en este terreno ocupan las desigualdades sociales…y si bien los datos indican que los casos son sensiblemente menores que décadas atrás, la gente consultada es de la opinión que las cifras van en aumento; el clima de inseguridad origina estados paranoicos. El listón está a gran altura en lo que hace a la posibilidad de morir durante un crimen , realidad que es mayor en Estados Unidos que en cualquier otro lugar del mundo.

La huella de la religión es profunda y causa, en gran medida, de la desconfianza hacia los dictados de la razón, anti-intelectualismo e irracionalismo que se plasman en los últimos tiempos en la amplia implantación de las teorías conspirativas, que van acompañadas con posturas negacionistas en diferentes ámbitos que van desde el clima a la teoría de la evolución (a la que se opone en la enseñanza en relación de igualdad la versión bíblica o la falaz teoría del diseño inteligente). Este todo vale es el terreno propio del más desbocado de los relativismos ( cada cual como medida de todas las cosas) que contrasta con la innegable presencia de posturas de un fanatismo dogmático de tamaño XXL.

Es habitual la cantinela de que es un país de acogida, lo que supone que es tolerante con los de fuera, con los inmigrantes; no se puede negar que EEUU es un país integrado en su mayor parte por gente procedente de otros lugares, mas de ahí a extender una versión idílica cae en el terreno de la más falsa falsedad, ya que en ciertos momentos de apertura pesaron los motivos de índole económica ( mano de obra barata, en especial), momentos que se han alternado a lo largo de la historia con tiempos de excepciones y prohibiciones ( los muros físicos o legales no son cosas de Trump,sino que tienen su dilatada historia). Muy ligado a lo anterior está el tema del racismo, ya que los aspectos relacionados con el color de la piel, la cultura y las costumbres, juegan un papel de clara discriminación, teniendo un peso esencial el origen de las personas, y siendo determinante en diferentes ámbitos. Se encadena con lo anterior las abismales diferencias entre ricos y pobres, que entra en franca contradicción con las proclamas acerca de la igualdad, propia de la democracia, y de la igualdad de oportunidades y ascenso social. Las oportunidades son basadas en algunos casos particulares de gente que de la nada y en base a su espíritu emprendedor ha escalado a lo más alto; los casos particulares repetidos una y otra vez alcanzan un pretendido carácter universal. Las cifras cantan a la hora de mostrar la brecha en lo que hace a los ingresos y la desigualdad en aumento. El récord también está de su parte ya que «es el país con mayor inequidad social entre los países más desarrollados del mundo»: más de veinte millones de personas viven en la extrema pobreza, también ocupa el primer lugar en lo que hace a pobreza infantil…inculcándose desde pequeños fuertes dosis de culpabilidad ya que se carga en la responsabilidad personal el destino de cada cual.

Los problemas con respecto a la identidad no son de calado menor, siendo una postura ampliamente extendida de que son los únicos, diferentes y, por supuesto, superiores. Los discursos acerca del nuevo orden mundial o las coplas de Reagan acerca de la universalidad de América, fomentan el orgullo patrio hasta el punto de desprecio y desconocimiento del resto del planeta ( añadiré que siempre que en tal lugar no haya petróleo). No le falta razón a Toni Morrison cuando afirmaba que « en este país ser americano se ser blanco. Los demás tienen que usar un guión»…de esta definición salen mal parados las poblaciones no blancas que son las que además de marginación y desprecio, son las víctimas de las mayores desigualdades.

De la travesía puede deducirse que la pluralidad es palpable y que frente a algunos discursos edulcorados que hablan de la asimilación de culturas, el mestizaje, el “crisol” (melting pot) o la “ensaladera” (salad bowl) se quedan en palabras que ocultan la sangrante realidad y las inagotables disputas acerca de la americanidad que señalan a que « la identidad nacional es la obsesión por la identidad». Y…muchas cosas más.


Ya que…no quisiera pasar por alto un par de publicaciones de gran interés sobre el tema que nos ocupa: por una parte está una obra publicada originalmente en 1903 que ahora rescata Capitán Swing: « Las almas del pueblo negro» de W.E.B. Du Bois. Libro en el que el autor define lo que supone ser negro en los albores del siglo XX y que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación y de los ensayos que reúne, sigue mostrando su actualidad y su influencia en diferentes luchadores por los derechos civiles.

La revista francesa en su número de octubre: Philosophie Magazine n.º 143 / Octobre 2020; De la fin de la démocratie en Amérique, presenta un dossier que ofrece varios artículos en los que se aborda la violencia, las distinciones de clase y de supuesta raza, la inestabilidad de la democracia y el tratamiento de los medios de comunicación; se acompañan estas voces de algunos extractos de De la démocratie en Amérique d´Alexis de Tocqueville.

                                                                      Donostia, 4 de noviembre de 2020

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