El che contra el calentamiento global

Para sus adentros comparaba con el contenido de los discursos que él oía en los foros mundiales, por primera vez hace 45 años. Todos hablaban sobre los males de la humanidad, pero ninguno sobre las fiebres y pestes del planeta. ¿Qué ocurrió? ¿El mal avanzaba y no se era consciente de él?


En el verano de este 2007, había estado como conferencista invitado en Berkeley, California, por lo que debió presenciar el colapso del sistema eléctrico de ese Estado, uno de los más ricos de los Estados Unidos, debido a la sobrecarga producida por las necesidades de aire acondicionado, necesario para soportar el más intenso calor de todos los tiempos. También observó de cerca, la muerte de muchos estadounidenses, causada por este calentamiento.

Ahora, aquí sentado en la gran sala neoyorquina de Naciones Unidas, Guevara, de 79 años, escuchaba los discursos sobre la responsabilidad mayoritaria de los EEUU y de Europa por causar estas fiebres planetarias y casi llegaba a concluir, que los países considerados como más desarrollados, estaban comenzando a ‘ser víctimas de su propio invento’, al contrastar el severo daño causado al planeta, tras dos siglos de intenso capitalismo, con las muertes que acababa de presenciar en California, apenas hacía dos meses.


Los supuestamente más desarrollados se ahogan en calor, mientras en el otro extremo, en 12 países de África, las intensas lluvias, inusuales en esta estación, dejan más de medio millón de damnificados. Concluía El Ché, no sólo sufren los países ricos, sino que en su demencia por el dinero y el consumo ilimitados, hunden a toda la especie humana.


La fiebre planetaria sube la temperatura global, deshiela las que antes se consideraban nieves perpetuas, sube el nivel del mar, hunde islas y extingue numerosas especies vivas. Muchas vueltas dio Guevara en su silla, mientras escuchaba y tomaba anotaciones en su libreta de todo lo dicho por los Presidentes y Primeros Ministros, más comprometidos con la suerte del planeta.


Las denuncias sobre tanta concentración de riqueza y tanto derroche de recursos, le hizo levantarse de su asiento en repetidas ocasiones. Le indignó oír que 1.000 millones de gentes que habitan en los mal llamados países desarrollados, devoran, ellos solos, la mitad de la energía mundial. Y lo que es peor, entre Europa y los EEUU juntos, consumen 8.4 veces más que el promedio del resto de la humanidad. Por esto, estas potencias son las responsables de la producción del 70 por ciento de los gases, que producen las fiebres del planeta.


Los datos que rebosaron la serenidad de El Che, los aportó el líder Aymara, el presidente boliviano, Evo Morales Ayma: los 6.700 millones de habitantes del mundo consumimos en un año, lo que se produce en 15 meses. Más grave aún, es que los ingresos de tres familias multimillonarias, son superiores a la riqueza que producen los 48 países más pobres del mundo.

Para poder tranquilizarse y reflexionar, Guevara salió de la sala de sesiones de la o­nU. Afuera se interrogó sobre la validez de su consigna, de principios de los años 60 del siglo anterior: “Un revolucionario representa la cima más alta de la especie humana”. Humanidad hoy es preservar la especie humana, dignificarla y salvar la tierra. Para sí concluyó, gente y planeta es una sola cosa. Llegado a este punto, se acordó de lo que había escuchado decir a un indígena, hacía cuatro décadas en la cordillera de los Andes: “Somos tierra que habla y anda”.


Prosiguió en su monólogo, comparando las soluciones de su inicio revolucionario, con las necesidades actuales del mundo. Son los mismos enemigos, las potencias imperialistas, las causantes del desastre universal, así como los medios para enfrentarlas, son los mismos.


Antes y ahora, los pueblos del mundo necesitamos adelantar una lucha colectiva, solidaria, contra el enemigo común, el capitalismo insaciable. La liberación no vendrá como regalo del cielo. Toda la civilización humana se ha ganado en dura lucha contra el viejo orden, por lo que esta batalla tiene que librarse mundialmente, también con el esfuerzo de todos.


Desde adentro de la sala lo llamaron. ¡Doctor Guevara, es su turno para hablar ante la Asamblea!


Interrumpido en sus reflexiones, el Comandante, trató de rematarlas, pensando que cada uno llevamos el sistema capitalista adentro, porque lo bebemos en la leche materna. Él nos vuelve consumistas, ansiosos de riqueza material e individualistas.


Otro modo de producir, otra manera de vivir. Esta es la solución. También la consecuencia de siempre, se seguirá requiriendo para hacer concordante, cada minuto, en cada acción, lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.


El Che no se ha ido, él está aquí. Nunca se irá.

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