El caso del colombiano Miguel Ángel Beltrán Villegas. Felipe Calderón como siempre de obediente

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En lo que va de su periodo presidencial, Felipe Calderón Hinojosa, ha intentado por todos los medios posibles la legitimación de su estancia en el poder. Nunca le ha importado el costo, ni mucho menos las consecuencias, tal pareciera que pocas veces se ha sentado a reflexionar que una de las principales secuelas de su política sean los ríos de sangre que han corrido por todo el país a consecuencia de farsa montada por su régimen, denominada “Guerra contra el narcotráfico”; por supuesto, si esto no le ha importado, mucho menos le va a importar pisotear los derechos más básicos de cualquier ciudadano, sea mexicano o extranjero.

Ante la poquísima credibilidad que tiene entre el pueblo mexicano, Calderón, ha buscado diversas formas de adquirir legalidad y respaldo entre regimenes fascistas similares al suyo, como el es el del narco presidente y asesino colombiano, Álvaro Uribe, quien al igual que su colega mexicano, se ha mostrado como siervo fiel de Estados Unidos en su afán expansionista por América Latina.

En un capitulo más del vergonzante entreguismo del que es fan Felipe Calderón, se han pasado por alto la legalidad del Estado mexicano, de la que tanto se llena la boca el ocupante de Los Pinos en sus discursos, pero sobre todo se han violado todos los derechos de que deberían gozar los extranjeros en México. Me refiero al triste episodio que protagonizó México en la ilegal detención en el Instituto Mexicano de Migración (INM) y posterior expulsión delpaís del sociólogo colombiano, Miguel Ángel Beltrán Villegas,a quien el Palacio de Nariño acusa de tener fuertes vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Las acusaciones en contra del académico colombiano se formularon basándoseen la información que dicen poseer de los discos duros de las computadoras que le atribuyen al fallecido número dos de las FARC, Raúl Reyes, claro que la veracidad de la información proveniente de esos discos duros ha sido puesta en duda en muchas ocasiones por diversos expertos, ya que estos aparatos increíblemente no sufrieron el más mínimo daño en un bombardeo donde todo un campamento quedó totalmente destruido.

Son diversos los aspectos de esta detención y expulsión del territorio mexicano, los que vale la pena mencionar. Primero, la detención en si misma arbitraria y sin ningún sustento, lo cual pone en evidencia la ilegalidad con la que se actúa dentro del INM, el cual depende de la Secretaría de Gobernación, ya que no sólo se le detuvo así sin más, si no que, además, se le mantuvo incomunicado, para después sacarlo del país.

De manera paralela es de suma importancia hacer notar, la manera que procede el régimen uribista cuando se trata de críticos del sistema colombiano, ya sean académicos o activistas, siempre encontraran persecución, hostigamiento y la violación a sus derechos más básicos, no importando que se encuentren en otros países.

Pero sobre todo, como mexicanos debemos rechazar la participación cómplice de Felipe Calderón en actos represivos que buscan silenciar todas las voces críticas en contra del fascismo y el narcoparamilitarismo imperante en Colombia.

Como una muestra más de su cinismo, Álvaro Uribe se dijo complacido por la actuación del gobierno mexicano en la deportación del académico Beltrán Villegas, a nosotros como mexicanos nos deberían dar vergüenza los lazos que unen a Los Pinos y a la Casa de Nariño; el entreguismo que ha mostrado Calderón es a todas luces algo que debemos repudiar.

En la mente de muchos mexicanos aun esta presente el triste recuerdo de los estudiantes mexicanos que fueron asesinados por el ejercito colombiano en Sucumbíos, Ecuador aquel fatídico 1 de marzo. A muchos aun nos produce vergüenza el silencio que guardó Felipe Calderón ante estos hechos, y la persecución que se ha desatado, tanto en México como en Sudamérica, en contra de la sobreviviente de dicho ataque.

Una vez más Felipe Calderón se puso de rodillas ante su colega colombiano. La expulsión de Beltrán Villegas del territorio mexicano, es solamente un capítulo más de la colaboración que existe entre dos regimenes fascistas, que sólo buscan legitimar su permanencia en poder al costo que sea necesario.

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