El carácter y el destino

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La Historia será implacable con el deterioro democrático, territorial, social, económico e institucional, de esta etapa de Gobierno, que ahora se amplía cuatro años más.

Negar la evidencia, la cruda realidad, social y económica de Extremadura, es como abolir la Ley de la gravedad, las cosas seguirán cayendo por su propio peso.

En 1.951, ya Salomón Asch demostró el poder que ejercen los grupos para lograr la conformidad de los ciudadanos, o al menos su apatía.

Una enigmática sentencia de Heráclito suele traducirse así: el carácter es, para el hombre el destino.

El carácter es lo más difícil de remover, una vez que se ha consolidado. Se mantiene en su tremenda rigidez, a modo de sustrato pétreo de lo que somos. Está claro que es posible cierta modificación del carácter, de lo contrario sería superflua toda nueva experiencia. La ética aristotélica parte de la premisa de que no es posible transformar el carácter de manera radical, pero puede modificarse según pautas minimalistas.

Veinticinco años de régimen imprimen carácter en gran parte del pueblo que lo sufre. Un régimen que cosechando derrota tras derrota en su gestión, paralelamente vence en las urnas una vez tras otra.

Régimen que, después de un cuarto de siglo de proclamas huecas, procesos sin final y exhibiciones tercermundistas, le resulta imprescindible seguir sacando conejos de la chistera para quelos ciudadanos no adviertan la inmensa vaciedad de 25 años sin realizaciones concretas y plena de proclamaciones rimbombantes, dirigidas a una ciudadanía cuyo carácter aparentemente se adapta a la situación.

Un sentimiento de fatalidad recorre las conciencias lúcidas de esta región, martirizada, desde hace tiempo inmemorial por el caciquismo que, suavizado en sus formas, pero idéntico en el fondo, pervive hoy día, complementado por un sectarismo intransigente.

Extremadura tiene los pies de barro, no sólo económicamente, sino también cívica, cultural, educativa y, políticamente. Es una región sumida en una división y hostilidad creciente, que necesita imperiosamente, un cambio de régimen, en el cual no se produzcan y, es una mera anécdota, actuaciones como la protagonizada por quienes han instalado un zoco a las puertas del Ayuntamiento de Cáceres y, cambian voto que supone la alcaldía, por un enchufe para mi y, la gestión del urbanismo local para mi grupo. Y como la función, ya acordada, crea el órgano, ahí viene la futura Gerencia de Urbanismo para acreditarlo.

Imposible mayor muestra de intercambio de favores personales, quid pro quo inconfesable, realizado a pleno sol, con luz y taquígrafos, pues el carácter de los extremeños, parece ser que lo soporta, casi todo.

ANTONIO MARCELO VACAS