El capitalismo y la violación a los derechos humanos

Por Roberto Grajales

Fuente: Página Abierta Cuando hablamos de violaciones de derechos humanos, todos, o la mayoría, imaginamos personas golpeadas, despidos masivos, detenciones arbitrarias, torturas, discriminación, acoso sexual, etc. Evidentemente, estas son violaciones de derechos humanos, pero hay de otras violaciones de derechos humanos de las cuales no hablamos y son, irónicamente, las cotidianas. El artículo primero de la […]

Fuente: Página Abierta

Cuando hablamos de violaciones de derechos humanos, todos, o la mayoría, imaginamos personas golpeadas, despidos masivos, detenciones arbitrarias, torturas, discriminación, acoso sexual, etc. Evidentemente, estas son violaciones de derechos humanos, pero hay de otras violaciones de derechos humanos de las cuales no hablamos y son, irónicamente, las cotidianas.

El artículo primero de la Constitución Mexicana dice que todas las personas gozarán de los derechos humanos; sin embargo, esto es letra muerta para la mayoría de las familias mexicanas. ¿O qué, la falta de oportunidades no es una violación de derechos humanos? El hambre, la falta de empleo, la falta de vivienda digna, el nulo acceso a la salud y a la educación, la discriminación, la nula intervención en la vida política del país, los despojos de nuestros recursos, las imposiciones culturales, por mencionar solo algunas, son de las violaciones de derechos humanos de las que casi no se hablan ¿Por qué? Porque si se hablara de ellas tendríamos que hablar de quien las provoca: El sistema capitalista y su estado burgués.

En la democracia burguesa, poco importan los seres humanos y por consiguiente, sus derechos. Para el sistema capitalista, los seres humanos constituyen como todo un capital, el capital humano. Los seres humanos, convertidos entonces en mercancías, entramos al mercado laboral, ya entrados en el mercado, nos rigen sus leyes, claro, como la ley de la oferta y la demanda, que ordena que mientras más pequeña sea la oferta de trabajo y más grande la demanda de éste, los salarios pueden reducirse y la necesidad de trabajar es tanta que una persona está dispuesta a trabajar por un salario miserable, antes que quedarse sin ganar nada. Y a partir de este efecto, se derivan toda clase de violaciones de derechos humanos sobre la clase trabajadora.

Y no es que, como dicen los partidos que juegan a ser de izquierda, la democracia no funciona, o que el capitalismo no funciona, a causa de la corrupción. El sistema capitalista nace injusto, porque se erige sobre los cimientos del libre mercado, o más bien, la ilusión del libre mercado, porque este libre mercado no existe, las pequeñas empresas, y la gente “emprendedora” jamás podrán competir con las grandes empresas. El sistema capitalista, para que funcione, debe ser de esta manera, para esto está diseñado. De la misma manera, el estado burgués y sus leyes están diseñados para no permitir que se nos devuelva a los pobres lo que los ricos se han robado, por eso quien predica que dentro de este sistema y sus instituciones se puede alcanzar la emancipación del proletariado, no es más que un embaucador, es decir, un farsante.

En el sistema capitalista, los derechos humanos son también una mercancía al alcance de quien pueda pagarlos. El derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, se convierte en el derecho a la oportunidad de adquirirlos. Eso no es todo, el proletariado es también quien paga por la protección de los derechos de la burguesía y quienes reciben golpes, si se atreven a cuestionarlo, o peor aún, a exigir el respeto de sus derechos. Es decir, que los trabajadores pagamos un costo doble, los grandes salarios y la corrupción de los políticos y los costos físicos y económicos de la represión, pues es del dinero del pueblo de donde sale para comprar los equipamientos represivos.

¿Y qué pasa cuando el estado entra en crisis y se endeuda para costear los “servicios” públicos? ¿O cuando las grandes empresas o bancos no pueden sostener la crisis? Son los trabajadores los que los rescatan ¿Cómo? Dejando de trabajar, trabajando más o lo mismo por menos salario o pagando más impuestos en los productos básicos. Esto quiere decir que en este sistema en el que vivimos, se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias, y con el pago de la deuda pública, el proletariado ayuda a sostener el estado que los está oprimiendo.

¿Qué todo esto no son también violaciones de derechos humanos? Si estamos hablando que los seres humanos somos simplemente la fuerza de producción, lo que inyecta valor a las cosas, pero que no tienen acceso a lo básico.

¿Por qué se violenta el derecho al trabajo? Para que los salarios puedan ser cada vez más bajos ¿Por qué se violenta el derecho a la educación? Para que los trabajadores sean ignorantes y no conozcan sus derechos ¿Por qué se violenta el derecho a la salud? Para que las grandes empresas farmacéuticas sigan generando riquezas y por supuesto, para que no haya exceso de proletarios. Y de esta manera, cada violación de derechos humanos que se comete contra la clase trabajadora trae consigo ganancias para la clase dominante, es un premio por destruir la vida.

Entonces, el estado crea ONG’s (Organizaciones No Gubernamentales) que se encarguen de llevar el tema de violación de derechos humanos, lejos de las violaciones que el sistema capitalista comete todos los días, a todas horas. Y es precisamente por eso que las ONG’s progobierno y los partidos electorales de seudoizquierda jamás van a plantear que el capitalismo violenta los derechos humanos, porque sería atentar contra su modus vivendi, pues ellos viven de los recursos que el estado ofrece para maquillar las cifras de las violaciones de derechos humanos. Prefieren entonces usar discursos empresariales como “nosotros somos los patrones de los gobernantes”. Una consigna tan falsa como ellos, pues los verdaderos patrones de los gobernantes son la burguesía nacional e internacional.

Si vamos a hablar de la defensa y el pleno respeto de los derechos humanos, debemos entonces plantear la destrucción del estado burgués y el sistema capitalista.

Es posible y necesario construir sobre los escombros del capitalismo una sociedad nueva, en donde se respeten los derechos humanos, pero eso es un trabajo que nos corresponde a todos, pues como ya ha expresado Marx, “la anciana y decadente sociedad capitalista lleva en su vientre una nueva sociedad esperando nacer”, será un parto doloroso, como todos, pero al final como cada nacimiento vendrá con la esperanza de una nueva vida.

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