El blocao, de Díaz Fernández. Una novela olvidada sobre la guerra de Marruecos

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

De las tres grandes novelas que tienen como tema común la guerra de África, Imán, de Ramón J. Sender y La ruta…

De las tres grandes novelas que tienen como tema común la guerra de África, Imán, de Ramón J. Sender y La ruta, segunda parte de La forja de un rebelde, de Arturo Barea 1/, El blocao, de José Díaz Fernández es sin duda la menos conocida. Prohibidas durante décadas, cuando fueron reeditadas la guerra de África ya quedaba muy lejos.  No ha sido hasta fechas recientes que la historiografía ha iluminado todo el horror de una guerra que sirvió a la fracción más brutal de la casta militar, rearmar a los golpistas y ocupar el papel de vanguardia de la guerra contra el pueblo.

Aunque en el orden literario, El Blocao se puede considerar como la menor, la obra posee una de las prosas más sutiles, bellas y escuetas de la narrativa de aquellos años. La novela describe con precisión la realidad del ejército español en el norte de África, que tan bien conocían los españoles de aquella época, pues había sido el lugar de una matanza sin precedentes, el desastre de Annual (junio de 1921). En su prólogo de la última edición, José Esteban escribe: “Desde el momento de su aparición logra un éxito casi sin precedentes. Se traduce al francés, al alemán y al inglés. Quizá le ayudó el ambiente pacifista de moda entonces en toda Europa, cansada de las guerras. Entre nosotros, alcanza en pocos meses tres ediciones y tanto vanguardistas como novelistas sociales saben ver en ella lo que tiene de síntesis de ambas corrientes, lo que le da un valor y unas características especiales. (?) En la corta vida literaria de su autor, El blocao constituye su gran y casi única obra narrativa. Escrita en un impecable e inimitable estilo, me atrevería a afirmar que es una de las obras mejor escritas de nuestra literatura y, por tanto, una pequeña obra maestra”.

Más adelante el mismo José Esteban añade: “Desde el momento de su aparición logra un éxito casi sin precedentes. Se traduce al francés, al alemán y al inglés. Quizá le ayudó el  ambiente pacifista de moda entonces en toda Europa, cansada de las guerras…Entre nosotros, alcanza en pocos meses tres ediciones y tanto vanguardistas como novelistas sociales saben ver en ella lo que tiene de síntesis de ambas corrientes, lo que le da un valor y unas características especiales.

José Díaz Fernández (1898-1940), fue un salmantino de crianza asturiana. Llegó a ser un periodista destacado en su juventud para pasarse a la política. Durante la Segunda República, fue diputado por agrupaciones republicanas de izquierdas. Fue jefe de prensa en Barcelona durante la Guerra Civil y, a la conclusión de ésta, marchó al exilio en Francia, donde falleció temprana. El Blocao evoca su experiencia su experiencia en el servicio militar durante la Guerra de Marruecos en 1921-1922 a través de está compuesta por siete capítulos, o más bien relatos cortos independientes y con distintos personajes, aunque todos unidos por el mismo hilo conductor –la ambientación bélica- y un narrador en primera persona. El estilo de Díaz Fernández, que reconoce escribirlo “sobre una falsilla de recuerdos”, es rápido, director y fluido –el mismo lo define como “recto y desnudo, donde la economía verbal favorezca la emoción”-, salpicado de imágenes metafóricas e insinuaciones estéticas, sin narrar –intencionadamente- ninguna acción bélica de forma pormenorizada.

Su riqueza descriptiva queda evidenciada en estos párrafos que evocan la vida dentro del blocao:

Llevábamos cinco meses en aquel blocao y no teníamos esperanzas de relevo. Nuestros antecesores habían guarnecido la posición año y medio. Los recuerdos feroces y barbudos, con sus uniformes desgarrados; mirando de reojo, con cierto rencor, nuestros rostros limpios  y sonrientes (…). El sargento que me hizo entrega del puesto se despidió de mí con ironías como ésta:

-Buena suerte, compañero. Esto es un poco aburrido, sobre todo para un cuota. Algo así como estar vivo y metido en una caja de muerto (Pág. 25).

Díaz Fernández nos habla del desastre de Annual, de la estrategia sutil de las cabilas rifeñas, la guerra química  “clandestina” usada desde los aviones, casi por primera vez, las matanzas brutales, el Expediente Picasso, que fue fundamental para el golpe de Estado de Primo de Rivera con el beneplácito del monarca, que desacreditó al Ejército español y supuso cierto despecho por parte de los militares africanistas, de monstruos humanos como el general Mola, de Franco, de Yagüe y otros, todo ello en medio de una corrupción generalizada que aparece descrita en las tres novelas. En la resistencia aparece la figura  legendaria de Abd el Krim, que fue derrotado por una coalición hispano-francesa en Alhucemas.

Parte del imaginario español de los años treinta vivió de la guerra de África y, sobre todo, de sus consecuencias, que fueron terribles hasta el punto de que se puede afirmar que allí se encontró el origen de lo que iba a determinar la actuación del ejército español, obsesionado con aquella derrota y aquel expediente emitido por Juan Picasso al año de la derrota, lo que es significativo, ya se publicó Las responsabilidades del desastre, Ecce Homo. Prueba documental y apuntes inéditos sobre las causas del derrumbamiento y consecuencias de él, de Víctor Ruiz Albéniz Del desastre al fracaso. Un mando funesto, de Francisco Hernández Mir, pero hubo que esperar hasta 1928 para que se publicara la primera obra literaria, justamente El Blocao que ha sido recuperada por Ediciones del Viento. Una novela de corte eminentemente realista. Sorprende, además, lo que ahora podía ser adscrito a corrientes tan norteamericanas como el Nuevo Periodismo o el Realismo Sucio, pero no hay que olvidar que en los años veinte existió una corriente de retorno a la eficacia del lenguaje, de alejar a éste de la retórica decimonónica, y que esa corriente está aliada a los periodistas, a los reporteros. De ahí la revolución en el inglés que supuso Ernest Hemingway, y las magníficas crónicas, entre nosotros, de autores tan diversos como  Josep Pla, de Manuel Chaves Nogales, de Josep María de Sagarra, de Corpus Barga en una época en la que el lugar del lector habitual estaba siendo ocupado por los trabajadores conscientes.

Díaz escribió tras obras como Vida de Fermín Galán junto con Antonio Espina, y también bajo el pseudónimo de José Canel, Octubre rojo en Asturias, una obra que habría que revisar. Lo cierto es que nunca más logró alcanzar las cotas alcanzadas en El Blocao. Leyendo esta novela ahora caemos en la cuenta de la calidad literaria que el reportaje periodístico tenía en aqueos años, de unos tiempos, los de la “generación del 27” cuyo legado comenzó a ser recuperado entre los años sesenta y ochenta, para perderse después con el llamado “desencanto” que atenuó el interés por la lectura y que la desplazó hacia la literatura más escapista.

1/. Para una visión de conjunto sobre el “totalitarismo colonialista” (la madre de todos los totalitarismos según Hannah Arendt), ver: Marc Ferro, El libro negro del colonialismo (La Esfera de los Libros, Tr. Carlos Caranci, Madrid, 2005).

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