El blanco moderado

Para Martin Luther King el gran obstáculo que tenían los negros en su camino hacia la libertad no eran los miembros del Consejo de Ciudadanos Blancos o el Ku Klux Kan, sino el blanco moderado, más interesado en el “orden” que en la justicia: que antes prefiere una paz negativa, que es la ausencia de tensión, que la paz positiva que es la presencia de la justicia; que cree, de forma paternalista, que puede elaborar el calendario para la libertad de otro hombre; que vive un concepto mítico del tiempo y que constantemente aconseja al negro que espere “a una temporada más apropiada”.

  Es más frustante el entendimiento superficial de gente de buena voluntad que el desacuerdo absoluto por parte de gente de voluntad enferma. La aceptación tibia es más desconcertante que el rechazo categórico. Quien intenta mediar entre dos pensamientos audaces se identifica como mediocre: carece de ojos para ver lo único: el andar buscando parecidos y similitudes es característico de los ojos débiles. Wittgenstein diría: “Puesto que nuestros objetivos no son elevados, sino mediocres, nuestros problemas no son difíciles sino absurdos”.

  “¡Oh ser nuestros protosemejantes! Un grumo de moco un un fango tibio”. Hay veces que conviene dejar de hacerse indistinguible del fondo, por ejemplo cuando la moderación es un error, porque donde la moderación es un error la indiferencia es un delito. Es una cuestión de fortaleza de sentimientos. La creencia en la  voluptuosidad  experimentada al guardar la medida ha faltado hasta ahora, la voluptuosidad del caballero sobre el caballo de fuego. La mediocridad de los débiles confundiéndose con la moderación de los fuertes.

   Supongo que llegado un punto: “Envejecer, morir, es el único argumento de la obra”. Pero hasta entonces ¿dónde estamos? Es como la vieja pregunta: Si no supieras la edad que tienes, ¿qué edad dirías que te tienes? Es curioso que nos sintamos siempre “demasiado” jóvenes para desear a las jovencitas que deseamos pero “ya” viejos para desear la revolución como deberíamos desearla. Durante la primera parte de la humanidad superior la bravura pasa por la más distinguida de las virtudes, la justicia durante la segunda, la moderación durante la tercera, la sabiduría durante la cuarta. ¿En que período vivimos? ¿En que período vives? Eso de la humanidad superior, ¿qué es éso?

   Viene a cuenta un viejo chiste: Es una gran encuesta, levantada por la ONU y dirigida a diversos países, en la que se incluye esta pregunta: «Por favor, diga honestamente qué opina de la escasez de alimentos en el resto del mundo». La reacción ante la pregunta ha sido desalentadora. Los europeos no han entendido qué significa «escasez». Los africanos no han sabido interpretar qué son los «alimentos». Los británicos no han comprendido qué quiere decir «por favor». Los yanquis no han logrado saber qué significa «el resto del mundo». Los cubanos han preguntado por el significado de «qué opina». Los argentinos han debatido sobre lo que quiere decir «honestamente».

  Supongo que no es amable reírse de ciertas cosas, pero embellecer el mundo con horrores tampoco lo es, porque el mundo es profundo, profundo es su dolor, pero el placer es más profundo aun que el sufrimiento, porque el dolor dice: ¡Pasa! Pero el placer quiere eternidad, profunda profunda eternidad, como decía Zarathustra. El filósofo que escribió eso me devolvió la pelota cuando yo también quería que mis amigos se definieran como fríos o calientes y estaba dispuesto, como los ángeles del Apocalipsis, a “vomitar a los tibios de mi boca”.

  Por él supe que el odio de la mediocridad es indigno de un pensador: es casi un punto de interrogación sobre su «derecho» a pensar política o filosóficamente. Precisamente porque él es la excepción debe preservar a la regla, mantener para todo lo que es mediocre el valor del idiota entre nosotros. Para poder “entrarle” bien a cierto tipo de moderaciones y moderadores.

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