El Banco de España vuelve a la carga contra el sistema público de pensiones

Un nuevo estudio a la carta del Banco de España intenta dar una nueva vuelta de tuerca más sobre la supuesta insostenibilidad del sistema público de pensiones. Ahora se acusa a este de «premiar» las pensiones, por cada euro aportado se recibe 1.74 euros. Luego se extiende en explicaciones sobre las distintas rentabilidades dependiendo de las diferentes modalidades de pensión existentes.

Las personas pensionistas, para esta institución, somos meros asientos contables, un número que hay que encajar de tal manera que respondan al milímetro a las demandas que el poder financiero dicta.

Aquí hablar de solidaridad intergeneracional y de derechos ciudadanos no tiene cabida, tanto entra, tanto debe de salir y si lo controla el poder financiero mejor que mejor, cumpliríamos con todos los acuerdos que el capital, el dinero, demanda.

No repara el Banco de España en otras cifras, que también lo son. Nuestro PIB, antes de la pandemia, se  quintuplicó desde  el año 1985 al 2019 (226.228 mil millones de euros en el año 1985 y 1.244.757M. € en el año 2019), ese crecimiento responde también al esfuerzo de una ciudadanía que ha trabajado duramente para que así sea. Ese incremento del PIB, por otro lado, no ha ido parejo ni con el número de pensionistas existente en ese año, algo más de 5 millones, ni con el aumento de la esperanza de vida a partir de los 65 años. Ni ahora tenemos un 500% más de pensionistas, 25 millones debería ser, rondamos los 9 millones, ni se ha quintuplicado tampoco la esperanza de vida a los 65 años, si así hubiera sido la media de esperanza de vida actual superaría los 147 años, es evidente que la realidad esta muy lejos de esa cifra.

 

 

Tampoco repara, la insigne entidad, en el estudio que en el año 2017 realizaron  economistas contra la crisis, según el cual si el superávit de las cotizaciones de la generación del baby-boom se hubiera dedicado, desde 1977 al 2017,  a generar un fondo de reserva, este se acercaría ahora a los 800.000 millones de euros, un 80% del PIB y hubiera cubierto, sin mayor problema,  cualquier pertinaz  falta de recursos que pudiera sufrir el sistema público.

La estrechez de miras de tan emblemática entidad, encuentra otro gran ángulo muerto a la hora de reparar en las causas que motivan la actual falta de recursos del sistema público de pensiones. Su parcial visión del tema solo se detiene en los efectos pero las causas son tan evidentes que su ocultación solo puede responder a intereses espurios. Las sucesivas reformas laborales han legalizado la precariedad laboral junto a la reducción salarial y, en consecuencia, las cotizaciones al sistema público de pensiones, trabajos estables y salarios dignos conseguirían cotizaciones suficientes.

La discapacidad visual de tan ilustre institución, también pasa por alto las evidentes triquiñuelas, trampas y eufemismos tras los que se oculta un ingente volumen de recursos «patrios», así, ahora, el fraude fiscal se disfraza de ingeniería financiera y fiscal, de OFA (optimización fiscal agresiva), de SICAV, etc., el grave problema cervical de tan egregia entidad responde a una sola una causa, mirar obsesivamente hacia los de abajo y olvidar de ejercitarse en la visión de otros ángulos más altos.

Podíamos seguir, pero basten ahora estos datos y argumentos para mostrar que una visión unifocal del sistema público de pensiones es tan pobre como injusta.

Estamos ante  un imperativo ideológico neoliberal según el cual, ahora y en el futuro,  las pensiones solo puedan  pagarse con cotizaciones y si esto supone rebajarlas, recurren a la misma solución de siempre: hay que ser «valientes» y llevar a cabo las reformas/recortes correspondientes.

No importa que más del 55% de las pensiones de jubilación no lleguen a los 1.000 euros, que las de viudedad, la inmensa mayoría percibidas por mujeres, apenas superen los 700 euros de media, que las de incapacidad permanente no alcancen los 650 euros, mientras, el señor Hernandez de Cos, Gobernador del Banco de España, tiene problemas para llegar a final de mes con un sueldo de 12.000 euros mensuales, pero es igual, el problema sigue siendo que nuestras pensiones son muy generosas y  su salario muy corto, pero esto no se debe expresar así, se etiqueta como  demagogia o populismo barato y se deshace la paradoja. De nuevo a seguir metiendo mano a los de abajo para que «sus cuentas» cuadren. Ya no hablamos de vidas dignas, se nos reduce a meras mercancías, números, datos lejanos y fríos asientos contables que responden, una vez más, a un trabajo a la carta, a la carta marcada.

 

Santiago Herranz Castro

Yay@gaitas Salamanca

 

 

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